Merkel
Merkel, durante un discurso en Berlín. GTRES

La canciller alemana, Angela Merkel, cumplía esta semana, sin rivales y sin apenas críticas, quince años como presidenta de la Unión Cristianodemócrata (CDU), partido que dirige con discreta mano firme mientras se mantiene en el poder por tercera legislatura.

Control absoluto de su partido

La "muchacha del este" de Helmut Kohl, quien en 1991 la situó como ministra de Juventud y Familia en su primer gobierno tras la reunificación del país, asumió las riendas el partido en el 2000, con un llamamiento a sus compañeros a emanciparse de un patriarca en horas bajas, envuelto en un escándalo de financiación ilegal.

En aquel congreso, Merkel recibió el aval del 95,9% de sus camaradas, una fidelidad casi sin fisuras que se mantiene hoy en día, tras haber "centrado" al principal partido conservador alemán y haber roto tabúes en la CDU, con decisiones como el apagón nuclear.

Su primer cargo público llegó en el último gobierno de la RDA, cuando ejerció como viceportavoz en el ejecutivo de Lothar de MaizèreEn diciembre, en la convención organizada por el partido en Colonia, Merkel fue reelegida como presidenta de la CDU con el 96,7% de los votos.

Sin desgate como canciller

Su popularidad no queda restringida a su formación política; según la última encuesta realizada por el instituto demoscópico Forsa para la revista Stern, si los alemanes pudieran elegir ahora de manera directa a un canciller, el 61% optaría por Merkel.

A sus 60 años, Merkel, con su aura de 'Mutti' (mamá), ha asentado un particular estilo de gobierno, sin estridencias, que ha calado en la sociedad alemana tras el mandato personalista del socialdemócrata Gerhard Schröeder.

Sus biógrafos describen a una "canciller teflón", a la que todo le resbala, mientras ella apuntala día a día su imagen de atípica líder global, poderosa en Europa y a escala global sin necesidad de carisma mediático.

En las pocas ocasiones en las que sus compatriotas han podido echar un vistazo a su vida privada, han descubierto a una alemana más, con forro polar y cinta en cabeza mientras practica esquí de fondo en la montaña tirolesa, o cuando se cambia de bañador bajo el albornoz en Ischia, en la costa italiana.

Esa imagen de sencillez y austeridad (se fracturó la pelvis al esquiar con unas tablas que, según el popular diario Bild tenían ya más de veinte años) protege al animal político que ha hecho carrera tras desembarazarse de posibles enemigos o amigos no inmaculados.

Mantiene el apellido de su primer marido

Nacida en Hamburgo el 17 de Julio de 1954 como Angela Dorothea Kassner, pasó su infancia y juventud en la antigua República Democrática Alemana (RDA), donde se trasladó su padre, un pastor protestante.

Mantiene el apellido de su primera marido, Ulrich Merkel, un compañero de estudios con el que se casó a los 23 años, aunque desde 1998 está casada con el catedrático de Química Joachim Sauer.

Merkel, doctora en Ciencias Físicas, se unió meses antes de la caída del Muro de Berlín al movimiento disidente 'Despertar Democrático' y un año después, en 1990, se afilió a la CDU.

Su primer cargo público llegó en el último gobierno de la RDA, cuando ejerció como viceportavoz en el ejecutivo de Lothar de Maizère.

En 1991 Kohl la eligió por sorpresa para su nuevo gabinete y la convirtió en la primera ministra del este tras la reunificación, y ese mismo año se hizo con una de las vicepresidencias del partido y comenzó su fulgurante carrera política.

Del Ministerio de Juventud y la Familia pasó en 1994 al de Medio Ambiente y cuatro años después, tras la derrota electoral de Kohl, accedió a la secretaría general de la CDU, con Wolfgang Schäuble, actual titular de Finanzas, como presidente del partido. Schäuble era el claro delfín de Kohl, pero en 2000 dimitió salpicado por el escándalo de la financiación irregular del partido y dejó el camino libre, aunque no exento de obstáculos, a Merkel.

Mujer, protestante y del este no pudo vencer en un primer momento la resistencia del ala derecha de la CDU, que consiguió imponer como candidato para la cancillería en 2002 a Edmund Stoiber. Su derrota ante Schroeder no dejó duda de que ella, que se apresuró a convertirse en líder del grupo parlamentario conservador, sería el próximo cartel del partido.

El próximo septiembre, tres meses antes de cumplir una década como canciller, superará el mandato de Konrad Adenauer al frente de la CDU, aunque todavía le faltará mucho para batir las marcas de Kohl.