La plaza del socavón
La plaza sin nombre donde el suelo se abrió el 27 de enero de 2005. CARLA MERCADER

"Qué día más triste. Mira, aquella que pasa por allí es una de las que se quedó sin casa", comentaban el miércoles entre ellos un hombre y una mujer a las puertas de un bar situado en el parque que se construyó donde se produjo el socavón del Carmel el 27 de enero de 2005. Y es que, cuando se cumplen 10 años de aquel incidente, que fue provocado por las obras de ampliación de la línea 5 del metro y obligó a desalojar a más de mil personas, el barrio todavía no ha superado aquel episodio.

María Puchol, que se quedó sin su piso y decidió no seguir viviendo en el Carmel por "miedo", volvió el miércoles movida por la efeméride. "Aún siento mucha rabia al pensar en cómo y por qué sucedió todo", explicó a 20minutos.es, una irritación compartida por muchos.

"De la noche a la mañana me tuve que ir a vivir a un hotel por una imprudencia. No midieron las consecuencias de las obras", apuntó Ambròs González, mientras que Gregorio Cerrato, dueño de un bar, aseguró que en el barrio "aún se habla" del suceso. "Los afectados lo pasaron muy mal. No les daban información de lo que pasaría con sus pisos. Los dejaron de la mano de Dios", recordó.

No les daban información de lo que pasaría con sus pisos. Los dejaron de la mano de DiosA la pena que los vecinos aún tienen se suma el descontento con las reformas en el barrio. Critican la falta de atractivo del parque que tapó el agujero, aún sin nombre, y aseguran que se ha convertido en foco de botellón. Tampoco se muestran satisfechos con la plaza de Pastrana, la que se construyó junto a la parada de metro del Carmel después de que el suburbano llegara al barrio en 2010. Afirman que por la noche se reúne gente en sus bancos que no les dejan dormir y que "la gente mayor se cae por sus escalones". "Han sido unas reformas muy caras que no sirven", apuntó Cerrato.

La regidora de Horta-Guinardó, Francina Vila, hizo un balance "positivo" de los 10 años. El accidente sirvió "para mejorar técnicamente las obras con una envergadura importante y para que el Carmel entrara de lleno en la agenda política". "Durante este mandato se han invertido 18 millones de euros en el barrio", subrayó.

En primera persona

María Puchol. Jubilada, 68 años. María, que se marchó del barrio por temor y ayer volvió "para ver si veía a alguien conocido", dice sentirse "muy triste". "Hubiera sido mejor quedarse en casa", afirma. Cuenta que derribaron su edificio y que sus dos tiendas de cortinas y tapicería en el Carmel "se quedaron muertas".

Ambròs González. Climatización, 39 años. Ambròs recordó que tras el incidente estuvo "cuatro meses en un hotel y luego en un piso alquilado", hasta que pudo volver a su piso después de que reformaran su edificio. Se queja de que "prometieron hacer un bloque de viviendas sociales en el lugar del socavón y no se ha hecho".

Gregorio Cerrato. Dueño de un bar, 45 años. Gregorio, que estaba en Canadá cuando se produjo el socavón, explica que cuando volvió dos años después "aún se hablaba mucho del tema". Cuenta también que sus tíos estuvieron entre los desalojados, y que "fue muy difícil para ellos", porque "eran mayores" y llevaban toda la vida viviendo allí.

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