Asegura que su mayor temor es convertirse en político y que por eso, como antídoto, llevará siempre su renuncia en el bolsillo, dispuesto a firmarla cuando falte a su palabra. Yanis Varoufakis (Atenas, 1961) es la eminencia gris –y nuevo ministro de Finanzas– que alimenta el discurso económico de Syriza, el partido de izquierda radical que gobierna Grecia desde este lunes.

Varoufakis era hasta anteayer solamente un profesor de Economía. Complejo. Prestigioso. Vehemente. Tras el triunfo electoral de Alexis Tsipras, a quien lleva años asesorando, se ha desprendido de la máscara intelectual para pasar directamente a la acción. De escribir "oscuros textos académicos", como dice de sí mismo su biografía en Twitter, a empuñar la espada y el verbo en la plaza pública. ¿Por qué? Pues, según él, porque "Europa ha perdido su alma y su integridad" en esta crisis. Por "responsabilidad" y porque lo contrario "sería de cobardes".

Varoufakis, economista estrella desde mucho antes de su noviazgo con Syriza (tuvo antes un efímero matrimonio con el agonizante Pasok, pero acabó en divorcio), lleva días envolviendo sus teorías en cómodas cápsulas aptas para los titulares: "Mi partido es la última oportunidad que le queda a Europa"; "Si uno tiene una deuda con un banco de 10,000 euros no tienen ningún poder, pero si debe 320.000 millones sí que lo tiene"; "Hasta un niño de 8 años entiende que [los rescates de la troika] son un acto criminal".

Varoufakis, asesor de Tsipas desde hace años (antes del Pasok), apuesta por renegociar la deuda del país y primar la inversión pública Este griego, culto y de verbo cuidado, es un reformista. No un radical. O, si se quiere, un radical razonable. Sabe que su país necesita muchas reformas, pero asegura que no "hará las que manden en una lista desde Washington o Fráncfort". Y lo razona: "No destruiremos más puestos de trabajo ni crearemos más esclavitud en Grecia, (...) propondremos un memorándum alternativo y primaremos la inversión pública, la creación de empleo y la reestructuración de la deuda". Todo eso está por extenso, dice, en la llamada Modesta propuesta para resolver la crisis del euro, que firmó junto con los también economistas Stuart Holland y James K. Galbraith.

Pero debajo de esa retórica mesiánica y grandilocuente, se esconde un fino y complejo pensamiento económico. Varoufakis es un reputado profesor, formado en las mejores universidades (hasta ahora daba clases en Atenas y Texas) y autor de uno de los libros más honestos y magros que ha dejado la voluminosa bibliografía sobre la crisis económica desde el ya lejano 2008.

El minotauro global (Capitán Swing, 2012) es una obra electrizante, "eficaz y exigente" han dicho de ella, en la que Varoufakis se vale del mito griego (EE UU sería el minotauro y los tributos económicos, las doncellas) para retroceder cuatro décadas, a lo que él considera que es el origen de la crisis de nuestros días, cuando de repente "una ansiosa incredulidad reemplazó a la indolencia intelectual".

Varoufakis es un pragmático que lanza dardos razonables contra todos. Se considera un "marxista errático", es decir un académico heterodoxo, sabedor de que las soluciones sencillas a los problemas complejos son "sinsentidos moralizantes". Enemigo de cualquier generalización ("las generalizaciones son el primer paso hacia el racismo puro"), incluso aquella tan extendida de que Alemania es culpable de todo lo que le ocurre a Grecia, Varoufakis aboga por un New Deal (europeo) y por un nuevo Bretton Woods (mundial). Y todo, según él, debe partir de su país, Alfa y Omega: "Grecia fue donde todo esto comenzó; debe ser desde Grecia desde donde la situación se revierta".