La sal y la sombra del románico
El río Lillas atraviesa el hayedo de Tejera Negra. (C. Gil)
Austeros y recios como el románico, los robles y las hayas comparten espacio al norte de Guadalajara, en el parque natural de Tejera Negra, un templo arbóreo de 1.641 hectáreas que refulge en primavera y se dora en otoño.

La singularidad del parque, por el que corren los ríos Lillas y Zarzas, viene marcada por la presencia de un excepcional bosque de hayas, uno de los más meridionales de Europa, preservado gracias a un microclima más atlántico que mesetario cuya humedad propicia la conservación de esta masa vegetal, en la que también encontramos tejos, robles y abedules, entre otros árboles.

Próxima a esta construcción de la naturaleza se encuentra una ruta que brinda  otra arquitectura, la que el hombre creó como hogar de su espiritualidad hace un milenio. Se trata del románico rural de iglesias como la de Santa Coloma, en Albendiego, reconocida como monumento nacional desde 1965, o las también cercanas de  Campisábalos y Villacadima.

A bosques y oración se añade la industria que aportaban las hoy abandonadas salinas de la comarca de Atienza –villa medieval merecedora de una reposada visita–. En Imón o La Olmeda, entre otros enclaves, todavía pueden admirarse los edificios, depósitos, norias y caminos de unas salinas que durante siglos fueron las más productivas de la España interior.

Reserva para aparcar

El hayedo de Tejera Negra se ubica al noreste de Guadalajara, en el término de Cantalojas, localidad de paso obligado para acceder por carretera al mismo. No existe limitación en el número de visitantes a pie al parque, pero sí del número de plazas de aparcamiento dentro del mismo. Por ello, para visitarlo en épocas de máxima afluencia de visitantes (fines de semana y festivos, sobre todo en otoño) es necesario hacer una reserva de plaza de aparcamiento, indicando la matrícula del vehículo y el día en los teléfonos 630 367 990 / 636 666 138.