Los barrios que han surgido en los últimos años en Santiago carecen de unas calles bien iluminadas. Ésa es al menos la opinión de sus vecinos, que aseguran que pasear por la noche en algunas zonas de Pontepedriña, Fontiñas o Santa Marta no es seguro. El problema tiene una solución compleja, ya que la instalación de las farolas corre normalmente a cargo de las empresas constructoras responsables de los nuevos desarrollos urbanísticos. El mantenimiento corresponde, sin embargo, al Ayuntamiento, por lo que las asociaciones vecinales aprovecharán la campaña electoral para demandar mejoras a corto plazo.