Nueva York hace justicia al humor satírico y sedicioso del dibujante e ilustrador francés Tomi Ungerer

  • La obra del veterano artista de 83 años, que se considera un 'archivista del absurdo de la raza humana', se expone en el Centro de Dibujo de Nueva York.
  • Dibujó contra el nazismo, el imperialismo, el racismo y el maltrato animal; ha firmado más de cien inolvidables libros infantiles y tomos sobre fantasías eróticas.
  • 'Nadie era original. Tomi nos influyó a todos', dijo de él Maurice Sendak.
Ilustración de Tomi Ungerer para el libro 'La fiesta' (1961)
Ilustración de Tomi Ungerer para el libro 'La fiesta' (1961)
Collection Musée Tomi Ungerer – Centre international de l’Illustration, Strasbourg © Tomi Ungerer/ Diogenes Verlag AG Zürich - Musées de la Ville de Strasbourg / Mathieu Bertola

Aunque nunca se sintió plenamente aceptado por la opinión pública mayoritaria de los EE UU, el dibujante e ilustrador francés Tomi Ungerer (Estrasburgo, 1931) se ha salido con la suya y, al fin, recibe el mérito que merece por una obra fascinante y una implicación social de alta valentía. El Drawing Center de Nueva York, el único museo estadounidense dedicado exclusivamente al dibujo, organiza All in One (Todo en uno),  la primera gran retrospectiva en el país dedicada a toda la carrera de un maestro de la sátira y la sedición.

La exposición, del 16 de enero al 22 de marzo, atraviesa la fértil creación de un artista que tomó los lápices por primera vez cuando era un crío para dibujar en sus cuadernos contra los nazis que se habían anexionado la Alsacia, su región natal, y que no los ha soltado todavía a los 83 años. En el camino ha ejercido de ilustrador contra el imperialismo, las guerras, el racismo, el fascismo, la energía nuclear y el maltrato animal; ha firmado carteles de cine (por ejemplo, el original de ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú de Kubrick);  inolvidables libros para niños —en 1998 ganó el Premio Hans Christian Andersen de Ilustración, considerado el Nobel de la ilustración infantil—, y se ha revelado como uno de los pornógrafos más avispados de la historia, con imaginativas colecciones de dibujos eróticos para adultos.

'Algo más' que un dibujante infantil

Pese a que sea sobre todo conocido por sus libros para niños, los organizadores de la retrospectiva neoyorquina insisten, precisamente, en que Ungerer es "algo más" que un dibujante infantil. Además de las 120 obras editoriales de una carrera que nunca ha admitido un respiro, el carismático, socarrón e imparable ilustrador ha firmado campañas publicitarias para diarios como The New York Times y el Village Voice y "brutales respuestas al racismo, el fascismo y la guerra de Vietnam". Las cinco décadas de trabajo del francés fueron resumidas con acierto y un adecuado sentido del humor en el documental Far Out Isn't Far Enough: The Tomi Ungerer Story (Brad Bernstein, 2012), que reunió financiación mediante una campaña de micromecenazgo.

El artista, que se considera un "archivista del absurdo de la raza humana" comenzó a llamar la atención desde sus primeros libros para niños, obras donde introdujo situaciones inimaginables a finales de los años cincuenta. Había llegado a los EE UU con sesenta dólares en el bolsillo y un montón de dibujos que había guardado en una caja, sin caer en la cuenta de que era de la marca de condones Trojan, lo que asustó a más de un posible editores.

'Una pesadilla para todos los pedagogos'

Con Crictor (1958), protagonizado por una serpiente, inició una serie de insólitas historias sobre mascotas nada comunes —pulpos, ratas, murciélagos...— porque quería que los animales "menos adorables" entrasen en el imaginario infantil y deseaba compartir con los niños su propia experiencia vital. "El recuerdo más antiguo de mi vida es el miedo, aunque en realidad eso es bueno porque una vez que tienes miedo tienes que buscar el coraje para sobrevivir", afirma en el documental. "Me han reprochado que haya puesto demasiados elementos de miedo en mis libros infantiles. He sido una pesadilla para todos los pedagogos. Quizás he estado obsesionado con la muerte toda mi vida. Es, probablemente, el tema que más utilizo en mis dibujos y en muchos de mis libros".

Además de éxito entre el público al que iban dirigidos, obras como la cangura que puede volar Adelaida (1959), Los tres bandidos (1961) derrotados por una niña huérfana o Moon Man (1966) convirtieron a Ungerer en una referencia para sus contemporáneos. Maurice Sendak, autor de Donde viven los monstruos, le considera un autor decisivo. "Nadie era original. Tomi nos influyó a todos (...), contribuyó a que los cuentos para niños fueran otra cosa. A que fueran más allá. Historias fantásticas que muestran las complicaciones de la vida contadas por héroes no convencionales (...) Rompía puertas, rompía ventanas, hacía enemigos a montones... Así que lo trataban mal y no se hacían reseñas de su obra con la frecuencia con que se deberían haber hecho. No se le consideró un icono y lo fue para una generación entera".

Sexo mecánico y sadomasoquismo

Las fuerzas vivas puritanas de los EE UU estigmatizaron al francés definitivamente cuando comenzó a combinar la literatura infantil con libros eróticos para adultos como Fornicon (1967), dedicado al sexo mecánico y Totempole (1968), sobre mujeres que disfrutan del sadomasoquismo. Comenzó a recibir críticas demoledoras y algunos le consideraron poco menos que un enemigo público perversor. El ambiente era tan fiero en su contra que se mudó con su esposa a una remota aldea de Irlanda, en la que sigue residiendo.

El tiempo ha dictado una sentencia justa: los libros de Ungerer para niños se han editado en decenas de idiomas y siguen siendo best sellers, su amplia obra erótica también mantiene la tensión. Ejemplos de ambas expresiones pueden verse en la excelente página web del Musée Tomi Ungerer/Centre international de l’illustration inaugurado en 2007 en Estrasburgo como homenaje a uno de sus hijos más ilustres.

Con 'Charlie Hebdo'

Tras el ataque contra la redacción y los periodistas de la publicación satírica Charlie Hebdo Ungerer habló de "carnicería" cometida por unos "asesinos" a quienes comparó con los "criminales nazis". El ilustrador colgó en su web todos los dibujos con los que a lo largo de su carrera defendió la libre expresión.

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