Las elecciones municipales son, sin duda, las más complejas de todas las que se organizan, ya que cada uno de los municipios (8.111) constituye, según la Ley Electoral, una circunscripción con sus propias candidaturas (en las generales son un total de 52 circunscripciones provinciales).

Estas elecciones traducen, por otra parte, los enormes desequilibrios demográficos y territoriales existentes en nuestro país, ya que la mayor parte del electorado está concentrado en muy pocos municipios. Sólo 363 municipios españoles superan los 20.000 habitantes (padrón de 2006), o sea, únicamente el 4,5% del total alcanza un tamaño que puede considerarse como núcleo urbano. 

 
La distribución territorial de los municipios es también muy significativa a la hora de leer los resultados electorales. Hay zonas de España que se caracterizan por el minifundismo municipal, en la mitad norte de la Península. El 40% de los municipios existentes, la mayoría muy pequeños, se concentran en Castilla y León (28%) y Cataluña (12%).

En las elecciones de 2003 el 31,4% de los municipios españoles, casi el tercio del total, no superaban los 250 habitantes, mientras que su número de electores no llegaba a alcanzar el 1% (0,9%).

En definitiva,  no sólo son muy complejas debido a la organización de más de 8.000 escrutinios diferentes, sino por el hecho de que en cada zona la realidad del municipio y de su órgano político, el ayuntamiento que se elige ahora, es muy diferente.