Lamia Ahmed, operada de pechos y liposucción: "La cirugía plástica es un poquito adictiva"

  • Psicóloga de origen ceutí de 28 años, ha pasado dos veces por quirófano para "sentirse mejor psicologicamente" y no descarta volver a hacerlo.
  • Muy aficionada al deporte, con 21 años se redujo el pecho para que no le dijeran "groserías" en la calle y en abril se hizo una lipo "para reducir cartucheras".
  • "Aconsejo la cirugía plástica si se han intentado mejorar el físico con deporte y dieta pero no se ha conseguido".
  • Los aumentos de mamas desbancan a las liposucciones en cirugía estética.
Lamia Ahmed, operada de reducción de pecho y de liposucción: "La cirugía estética me parece un gran invento"
Lamia Ahmed, operada de reducción de pecho y de liposucción: "La cirugía estética me parece un gran invento"
JORGE PARÍS

Cansada de escuchar "groserías" a cada paso, acomplejada de tener una talla 120 de sujetador, Lamia Ahmed (28 años) entró en un quirófano por primera vez hace siete años para realizarse una reducción de mamas, justo la operación contraria que demandan la mayoría de las mujeres a los cirujanos plásticos en España.

"Llegué a estar afectada psicológicamente por mi gran talla de pecho. Por entonces me preparaba para ser atleta profesional y cuando salía a correr por la calle los piropos o burlas de la gente, que eran groserías para mí, me volvieron más acomplejada", explica esta psicóloga de origen ceutí.

Lamia se redujo el pecho hasta una talla 95 y a partir de ese momento dejó de ocultarse bajo ropa ancha y comenzó a permitirse, como una más en el gimnasio, realizar ejercicios aeróbicos y "pegar botes", algo que con su pecho de antes no podía hacer, dice. "En definitiva, después de la operación ya no tenía tantas limitaciones".

El pasado mes de abril Lamia volvió a ponerse en manos de un cirujano, esta vez lo hizo "para reducir las cartucheras" tras meses de intentar sin éxito rebajar las caderas con la ayuda de un médico dietista, mucho deporte y mesoterapia, explica.

Más barato y menos sacrificio

"Tenía un cuerpo casi perfecto. Los brazos bien tonificados, el abdomen planito, pero no conseguía quitarme eso (la grasa de las caderas)". Para ella resultaba a la larga "más barato" y exigía "menos sacrificio".

Lamia se declara 'fan' de la cirugía estética. "Me parece un gran invento. Lo recomiendo siempre que no se consigan los resultados deseados con buena dieta y ejercicio", pone como únicas condiciones. Ella ve primordial que las personas "pisen fuerte" y "vayan seguras de sí mismas" por la vida, y no considera que la autoaceptación sea suficiente. "Hay que aceptarse, sí, pero ¿a quién no le gusta un buen cambio en la vida? Tener un mejor coche, una casa mejor... Pues lo mismo físicamente", defiende.

Las dos operaciones que se ha hecho cuestan unos 10.000 euros en total y son dolorosas. "Quizá más la reducción de pecho porque no tenía el cuerpo tan acostumbrado a las agujetas como a ahora". El postoperatorio también es muy molesto en su experiencia, "pero en realidad depende de donde cada una tenga el umbral del dolor. A lo mejor lo que para otro es doloroso en un nivel cuatro para mí no lo es hasta un nivel 7", dice.

"La mejor sensación es que me miro al espejo y me gusta lo que veo. Antes no me gustaba. Ahora voy pisando fuerte". Eso sí, Lamia admite que la cirugía plástica "es un poquito adictiva". Ella misma no descarta volver en el futuro a ponerse en manos de un cirujano por estética. "La primera vez tienes miedo al dolor, pero ya no. Ahora tengo 28 años, a lo mejor a los 30 o a los 40 me salen bolsas en los ojos y me decido a operarme.  Sí que me parece adictivo. Te haces una, o dos, y después te animarías a más".

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