Misa
Un momento de una misa.

Un estudio de la Universidad de Mississippi afirma que si los padres van a la iglesia, los niños se dasrrollan mejor.

Para hacer el estudio se habló con padres y profesores de más de 16.000 niños para calificar el autocontrol, el comportamiento y la cooperación con otros niños.

Después se evaluó con qué frecuencia los padres iban a la iglesia, hablaban de religión con sus hijos o discutían por temas religiosos en casa.

Los niños cuyos ambos padres asistían a la iglesia con frecuencia tenían las mejores puntuaciones en autocontrol, comportamiento y cooperación con sus iguales.

Para el sociólogo John Bartkowski, autor del estudio, hay tres razones para estos resultados.

La primera es que las redes religiosas de relación social apoyan a los padres, mejoran sus habilidades, y los niños ven que los mensajes de los progenitores son reforzados por otros adultos.

Además, las comunidades religiosas tienden a promover valores de sacrificio y familia, que "podrían ser muy importantes al definir cómo los padres se relacionan con los hijos y cómo los niños se desarrollan una respuesta".

Por último, el sociólogo cree que las comunidades religiosas aportan al ser padre una significación sacra.

Discusiones

El estudio comprobó que si los padres discuten en casa por razones religiosas perjudica a los hijos, que no se benefician de los resultados estadísticos positivos de otros niños.

El estudio tiene además algunas limitaciones que reconoce el propio investigador: no distingue entre denominaciones ni religiones (no sabemos si los niños judíos o pentecostales se portan mejor que los católicos o los evangélicos liberales, por ejemplo).

También es posible que los padres con niños con buena conducta puedan ser ambos asiduos a la práctica religiosa precisamente porque sus niños se comportan bien; mientras que "el culto en una congregación es una opción menos viable si piensan que sus hijos se comportan pobremente", reflexiona Bartowski.