Daniel Fernández, ayudante de picador de mina Conchita desde 2001, dejó de trabajar tras los atentados porque "me asusté un poco".

Fernández asegura que las llaves para obtener detonadores y explosivos estaba en una chabola —la Cuadra de los Machos—, a la que podía acceder cualquiera.

Según el testigo, había cajas de entre 25 a 50 kg de explosivos "al alcance de cualquiera". De hecho, en ciertas horas de la madrugada, quedaban totalmente desprotegidas, a lo que se sumaba un agravante: "Nadie apuntaba lo que cogía", asegura.

Desaparición de cajas

A principios de 2004 —posiblemente en enero—, el testigo se percató de cuatro o cinco cajas de dinamita de 25 kg. El testigo las escondió detrás de una chapa metálica, pero el lunes, "ya no estaban".

Cuando se lo dije a Emilio Llanos, el vigilante, se quedó de hielo

 "Cuando se lo dije a Emilio Llanos, el vigilante, se quedó de hielo (...), no sé si hizo algo", matiza el testigo.

Fernández ha recordado también otro episodio en el que, tras los atentados, encontraron unas etiquetas de Carrefour.

José Ángel Morán

José Ángel Morán, otro de los testigos, lleva desde 1981 trabajando para Caolines de Merillés, empresa propietaria de mina Conchita.

Morán confirma el episodio de las etiquetas de Carrefour, que ha contado Daniel Fernández. "Sí, encontramos una etiqueta de Carrefour", asegura Morán.

El testigo, quien trabaja ahora de vigilante de otra mina de Caolines de Merillés —mina Collada— asegura que la vigilancia ha mejorado: "Ahora se apunta todo", asegura.

Conrado Pérez

El responsable de los explosivos era Emilio Llano

  Conrado Pérez trabaja desde hace 20 años la mina Conchita. "Vigilaba mina Conchita desde hace seis años (...), vigilaba que no hubiera accidentes", recuerda Pérez, quien vio un par de veces a la guardia civil, pero no habló con ellos.

No obstante, el responsable de los explosivos era Emilio Llano —su cuñado—.

Manuel González

Manuel González Asturias trabajaba desde 1995 en mina Conchita como barrenero. González se proveía de  los explosivos "que necesitaba para el tajo", y lo que sobraba lo dejaba por ahí, "al final de la bocamina".

Según Asturias, nunca se dejaba explosivo sobrante en el exterior, aunque sí que ha visto muchas veces cajas de explosivos a la intemperie —no sobrante—.  

De hecho, y según ha reconocido González, "el vigilante nunca miraba la dinamita que quedaba".

Roberto López

Roberto López, ingeniero técnico de minas y director facultativo de mina Conchita —al contrario de lo especificado por la legislación—, sí estaba encargado de hacer la topografía de mina Conchita para ver si era viable o no económicamente. "Antes de 2004, mis estudios demostraban que no era viable", asegura López.

No era necesario comprobar la numeración del explosivo

El ingeniero técnico, quien no sabe si las cajas de explosivos estaban numeradas, recuerda que hasta septiembre de 2004 no tenían ninguna obligación de comprobar la numeración de lo que llegaba a mina Conchita.

Ahora, las cosas han cambiado: "Han mejorado muchos las cosas en temas de seguridad", asegura el testigo, quien ha matizado que Emilio Llano era quien llevaba el control.

Juventino Pérez

Juventino Pérez, cuñado del procesado Emilio Llano, tiene categoría de barrenista. Sin embargo, desde 2004, es vigilante de mina Collada. 

"La dinamita que sobraba la guardaba en el barreno", asegura el testigo, quien ha calificado de "incontrolable" la dinamita sobrante.

 José Antonio Riesgos

José Antonio Riesgos es picador en mina Conchita desde 1988. El testigo asegura que calculaba la cantidad de explosivo que utilizaba cada día y que lo dejaba en el tajo para el día siguiente, "en un refugio".

"Todo el mundo actuaba así", recuerda el testigo, quien conocía a Suárez Trashorras.

Desde marzo de 2004, "el sobrante hay que devolverlo y hay que apuntar lo que se consume", afirma Riesgos.  

Sigue el juicio del 11-M en el especial de 20minutos.es