El 90 por ciento de los casos de síndrome de inmersión atendidos en el Hospital General Universitario Reina Sofía desde el año 2003 han sido mayores de 50 años, siendo el porcentaje más elevado en hombres que en mujeres.

Además, este tipo de incidencias que se producen obviamente en época estival tienen en el mes de agosto el mayor número de casos y el resto se contabilizan entre los meses de julio y septiembre.

Y es que los ahogamientos se producen con mayor frecuencia en personas mayores, puesto que son más propensos a cierto tipo de patologías como arritmias o infartos.

El peligro está en que ese fallo físico tenga lugar en el agua. Por tanto, hay patologías que pueden predisponer al ahogamiento, con lo que las personas que hayan presentado o tengan riesgos de este tipo de cuadro sintomático deberán tener especial cuidado.

Un total de 42 personas se contabilizaron el año pasado en la Región de Murcia, según datos ofrecidos por la Gerencia de Urgencias y Emergencias Sanitarias, hasta el 31 de agosto, a las que se les diagnosticó el llamado síndrome de inmersión que, en algunos casos, acabó en fallecimiento.

Las alteraciones pueden ir desde daño cerebral a complicaciones a nivel de sangre o de pulmón. Pero quizá los más sobresaliente es que dependerá del medio en el que se ha producido.

Según el jefe de servicio de UCI del Hospital Reina Sofía de Murcia, el doctor Juan Carlos Pardo, "las aspiraciones de agua dulce al pulmón producen lesiones más importantes tanto a nivel pulmonar como a nivel interno, que las aspiraciones de agua salada por la composición de la sangre y porque son más lesivas para determinadas células del pulmón".

Como en muchos casos, los instantes posteriores al rescate para conocer el alcance de las lesiones y los problemas que pueden derivar de ese cuasi ahogamiento son fundamentales, como indica el doctor Pardo.

Explica, al hilo, que "los primeros auxilios son básicos porque, dependiendo del tiempo y de la cantidad de agua que haya aspirado el paciente, los resultados van a ser unos u otros".

"Si se realiza muy rápida la reanimación de estos pacientes puede ser que incluso no haya que ingresarlo en el hospital, dependiendo de la cantidad de líquido que haya aspirado". Esas primeras maniobras de salvamento son fundamentalmente el denominado boca a boca y el masaje cardíaco.

Este síndrome de inmersión puede afectar a cualquier segmento de la población por el tradicionalmente denominado corte de digestión, ya que "el corte de digestión es un cambio brusco de temperatura (hidrocución) que produce que el organismo reciba menos cantidad de sangre en el cerebro y una pérdida de conciencia por un cambio brusco de temperatura que disminuye el riego cerebral".

Ese cuadro que se produce "puede llevar a que la persona pierda la conciencia y se ahogue", argumenta el doctor. Las comidas copiosas previas, las aguas frías y haber tomado el sol de forma intensa previamente favorece este proceso.

Otro sector de la población propenso a este problema son los buzos, que tienden a aguantar excesivamente hasta gastar del todo el oxígeno y producir el ahogamiento. En la mayoría de ocasiones no son conscientes de la pérdida total de aire hasta que ya es tarde.

Éste es, desgraciadamente, otro de los problemas que surgen en los pacientes que han sufrido y han sido reanimados tras un síndrome de inmersión. Se trata de personas que han aspirado grandes cantidades de agua siendo también más graves las consecuencias si el medio en el que se ha producido es en agua dulce, como las piscinas, debido a su composición química.

El individuo aparentemente se encuentra bien, pero posteriormente aparece fatiga o respiración dificultosa con lo que es imprescindible su traslado al hospital para evitar complicaciones graves e incluso la muerte.

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