Investigadores del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima) han descubierto dos marcadores biológicos relacionados con el consumo de cocaína, con la severidad de la adicción y la comorbobilidad psiquiátrica de los pacientes, es decir, la presencia de la adicción con otra patología mental. Estos biomarcadores, que se presentan como conjuntos de moléculas alteradas, se pueden detectar con un simple análisis de sangre y podrían ayudar a mejorar el diagnóstico y el tratamiento de las personas que son adictas a esta sustancia y que, a su vez, presentan algún trastorno psiquiátrico.

Los resultados, publicados en la revista 'Addiction Biology', han sido presentados este miércoles en el Hospital Regional de Málaga por la consejera de Igualdad, Salud y Políticas Sociales, María José Sánchez Rubio; los directores del grupo de investigación del Ibima, Fernando Rodríguez de Fonseca y Javier Pavón, y la diputada provincial de Centros de Atención Especializada, Emiliani Jiménez, entre otros.

Dos de cada tres consumidores crónicos de cocaína tendrán un problema de psicopatología y demandarán tratamiento, "básicamente" por trastornos del estado de ánimo, de ansiedad y de personalidad y síntomas psicóticos, cuya prevalencia "duplica o en algunos casos triplica a la que presenta la población general".

La relevancia de este descubrimiento radica en que hasta la fecha el diagnóstico de la adicción se realiza por criterios de comportamiento, que son "tremendamente subjetivos" y que incluyen, entre otros, el consumo excesivo no controlado, el deseo persistente de consumir, el desarrollo de tolerancia y dependencia, y la repercusión sobre actividades cotidianas.

Así, uno de los principales retos en los estudios de la adicción era la identificación de pruebas biológicas objetivas —biomarcadores— que ayuden a clasificar a los pacientes adictos.

Teniendo en cuenta esto, Rodríguez de Fonseca ha señalado que hay que "diferenciar entre el paciente que es consumidor de drogas y, además, tiene una enfermedad de base mental y el que, por consumir drogas, desarrolla una enfermedad mental", por lo que se habla de "trastorno inducido o trastorno primario". Es en este punto en el que los investigadores están trabajando ahora, y que, una vez dilucidado, permitirá mejorar el tratamiento.

Así, ha puesto como ejemplo un paciente adicto a la cocaína y con depresión. "La cocaína actúa en la misma diana que actúan los antidepresivos", ha afirmado, explicando que, "por tanto, compite" con ellos.

De hecho, ha afirmado, "la cocaína sería un antidepresivo de acción ultra corta, pero no podría sostener un tratamiento a largo plazo". Esto significa que un paciente con estas características no puede ser tratado de su depresión "eficazmente".

"El problema es que es muy difícil el abordaje diagnóstico y terapéutico en aquellas personas que tienen dos diagnósticos psiquiátricos, sobre todo cuando uno de ellos —la adicción— no tiene tratamiento farmacológico", ha señalado, lo que da lugar a una merma de la eficacia de las terapias disponibles.

Marcadores de consumo y severidad

En concreto, en la investigación se han estudiado dos tipos de moléculas químicas —aciletanolamidas y quimioquinas— que se pueden medir en la sangre y que se relacionan con el consumo de cocaína; los primeros son lípidos circulantes que regulan el metabolismo, la inflamación, el dolor, o el apetito, y los segundos regulan la función del sistema inmunológico.

En el cerebro, estos dos tipos de señales regulan especialmente los procesos de plasticidad relacionados con el aprendizaje y control de las conductas, incluidas el consumo abusivo.

En primer lugar, el estudio ha descubierto que las aciletanolamidas alteran sus niveles a raíz del consumo de drogas, y esta modificación sigue presente tiempo después de que el individuo haya dejado de consumir.

Los investigadores han subrayado que este hecho es relevante porque indica que el paso de la cocaína por el organismo deja una huella indeleble que se puede utilizar para ajustar el diagnóstico de los pacientes. Las aciletanolamidas, además, marcan a la población adicta que presenta trastornos afectivos, es decir depresión.

De otro lado, el segundo biomarcador —las quimioquinas— han sido identificadas como marcadores de severidad en el consumo, lo que significa que los niveles en sangre de estas moléculas permiten identificar si un paciente está en los primeros momentos de su historial como consumidor, y su grado de severidad.

Este tipo de moléculas tienen que ver con la función de una parte del sistema inmunológico que se encarga de la defensa contra las infecciones, los tumores y la reparación cuando hay una inflamación, según ha explicado Rodríguez de Fonseca. Además, también regulan la microglía, un tipo de células cerebrales que participa activamente en el control del comportamiento.

Muestra de 250 PACIENTES

La investigación se ha llevado a cabo en una muestra de 250 individuos, que han sido sometidos a un estudio sobre sus características de consumo y presencia de patología psiquiátrica. De ellos, 150 son adictos a la cocaína, en tratamiento en los centros dependientes del Centro Provincial de Drogodependencias de Málaga, y 100 voluntarios sanos.

La población de pacientes consumidores de cocaína ha sido en su mayoría varones, con un promedio de edad de 37 años, y con una alta presencia de enfermedades mentales comorbidas.

En concreto, el 36 por ciento de ellos presentaron depresión, un 20 por ciento ansiedad, un 16 por ciento síntomas de psicosis y un 33 por ciento trastornos de personalidad. Estos datos avalan el gran impacto que el consumo de drogas tiene sobre la salud mental y la necesidad de investigar sobre la patología dual.

El estudio es fruto del trabajo realizado por el grupo de investigación del Ibima, en asociación con el Centro Provincial de Drogodependencias; investigadores del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), y científicos de la Universidad de Valencia y del Centro de Investigación Príncipe Felipe —pertenecientes todos ellos a la Red de Trastornos Adictivos del Instituto de Salud Carlos III—.

Nivel de consumo de cocaína

En el último año la prevalencia de su consumo en la población de entre 15 y 34 años es cercana al 3,5 por ciento. Tan solo el año pasado las cifras de adolescentes de 15 y 16 años que consumieron cocaína era cercana al tres por ciento.

Los expertos han insistido en que la adicción a las drogas es una enfermedad crónica y recidivante. "Las adicciones, como pérdida de control sobre el consumo de una sustancia, todavía suponen un estigma", ha señalado Rodríguez de Fonseca, quien ha insistido en que "son un problema de salud".

Según ha subrayado Rodríguez de Fonseca, el informe del Observatorio Europeo apunta a que en España hay unos 22.000 pacientes que están siendo tratados por un problema de adicción a la cocaína, de ellos, 12.000 se han incorporado en el último año al tratamiento. Esto, según ha indicado, refleja que, "aunque el consumo se ha estabilizado, la demanda de tratamiento va a seguir creciendo", sobre todo aquellos casos relacionados con la salud mental.

En el caso de la cocaína, el investigador ha matizado que, al ser una sustancia ilegal, se hace mucho más difícil encontrar recursos asistenciales, ya que "ni la industria farmacéutica facilita la búsqueda de tratamiento ni la propia naturaleza de la enfermedad, con un gran componente de psicopatología, hace que sea fácil tratar".

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