Almudena Grandes: "En España muchos somos rehenes de la Guardia Civil"

La escritora Almudena Grandes ha aseverado que en España, hasta cierto punto, "muchos somos rehenes de la Guerra Civil", pues "nos hemos criado junto a fotos de gente que no sabíamos quiénes eran y de los que nos decían: De esas cosas es mejor no hablar".
Intervención de Almudena Grandes
Intervención de Almudena Grandes
CEDIDA

La escritora Almudena Grandes ha aseverado que en España, hasta cierto punto, "muchos somos rehenes de la Guerra Civil", pues "nos hemos criado junto a fotos de gente que no sabíamos quiénes eran y de los que nos decían: De esas cosas es mejor no hablar".

La autora se expresó de esta manera en Fuerteventura, donde ayer viernes trazó un recorrido por su trayectoria literaria, partiendo de la novela con que se dio a conocer, 'Las edades de Lulú', hasta el proyecto de seis novelas sobre la posguerra española, 'Episodios de una guerra interminable', en que se encuentra inmersa con la publicación del último y tercer libro de la saga, 'Las tres bodas de Manolita'.

Grandes intervino ante más de doscientas personas en el Centro Bibliotecario Insular en el marco del ciclo de encuentros con autores que viene impulsando la Consejería de Cultura del Cabildo de Fuerteventura, 'El escritor y tú', y dentro de los actos programados en la XXV Feria del Libro, que continúa hasta mañana.

Sobre sus inicios, la escritora reflexionó acerca de la novela que lanzó su carrera en 1989, 'Las edades de Lulú', asegurando que ha vuelto a pensar en ella con el resurgir de la literatura erótica.

"Entonces se trataba de reivindicar el cuerpo femenino, la sexualidad o incluso la mujer proclamando una actitud perversa reservada a los hombres hasta ese momento. Hoy día, en los libros de Grey, es un concepto totalmente diferente, incluso podríamos decir que resulta en un modelo de familia tradicional, cuando al final los amantes se casan y tienen hijos", explica la autora.

Otra temática de la velada fue la vertiente cinematográfica de su bibliografía. "Me han hecho seis películas, dos que me gustan, tres que no me gustan pero considero que están bien, y una única en que sí me sentí traicionada, en 'Castillos de cartón', donde yo escribí un libro que relataba un trío entre tres estudiantes y que trataba sobre la falta de culpa, pero me hicieron una película sobre el pecado", desvela Grandes.

En adelante, la escritora reconoce que intentará que aparezca el director adecuado, aunque no se plantea impedir la adaptación cinematográfica de una de sus novelas porque "me parece mal rechazar a alguien que quiere trabajar con tu obra", afirmó.

Las tres bodas de manolita

La última novela que ha visto la luz dentro de 'Episodios de una guerra interminable', la tercera de la serie, es 'Las tres bodas de Manolita', y en ella hay un cambio de dirección porque "ya los personajes no van armados", pues Manolita es "una heroína sin armas, cuya gesta es seguir adelante, llegar al día siguiente".

Tres historias reales inspiran este libro, relata Almudena Grandes. La primera es la de un capellán de la Cárcel de Porlier de Madrid que casaba a los represaliados condenados a muerte "sin conocimiento de la iglesia ni del régimen, en connivencia con funcionarios para hacer fortuna".

En apariencia eran bodas, pero en realidad se trataba de un último vis a vis de los condenados. "Lo que allí ocurría evoca una historia terrorífica y también conmovedora. Pero la novela sólo surge de ahí. Cuenta no lo que ocurre dentro, sino todo lo de alrededor", relata la autora.

La segunda es la historia de una multicopista y dos máquinas de escribir introducidas en España por el Partido Comunista, que nunca se usaron por no saber ni cómo funcionaban, y que el Régimen las incautó antes de imprimir una sola octavilla.

Y la tercera es la historia que relató a la escritora una persona real, Isabel Perales. "Es la historia de los niños esclavos del franquismo. A Isabel le pasó como a los otros hijos de los presos que fueron custodiados y adoctrinados. Pero a los mayores, como Isabel, los consideraban irreductibles, como sus padres. A ellos no los adoctrinaron, sino que los forzaron a trabajar", cuenta.

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