El avión de pasajeros Túpolev-134 que se estrelló el sábado en el aeropuerto de Samara , ciudad rusa en el curso medio del Volga, tenía problemas en el sistema de control de aterrizaje, afirmó el mecánico de a bordo de la nave en declaraciones difundidas hoy por la televisión.

En el accidente, según el parte definitivo ofrecido por las autoridades rusas, murieron seis personas, y no siete como se había informado en un primer momento, y más de veinte recibieron heridas que obligaron a su hospitalización

La nave, de la compañía aérea rusa UTair, que cumplía el vuelo regular 471, procedente desde Surgut, ciudad en norte de Rusia, con destino a Bélgorod y escala en Samara, aterrizó 400 metros antes del cabezal de la pista y una de su alas tocó el suelo, lo que causó el accidente.

El sistema automático que informa de la posición de la nave en el momento en que toma tierra tenía problemas de funcionamiento
"En la bitácora había una anotación que señalaba que el sistema automático que informa de la posición de la nave en el momento en que toma tierra tenía problemas de funcionamiento", dijo al canal estatal Rossía el mecánico de a bordo del Túpolev-134 siniestrado, Alexandr Murátov, quien resultó herido en el accidente.

Según Murátov, el capitán de la nave, por lo visto, tomó en consideración esa circunstancia y no se fió del instrumento.

La visibilidad era prácticamente nula debido a la densa niebla, agregó el mecánico de a bordo.

"El capitán dice que no vio la tierra hasta el último minuto", dijo Murátov, quien aseguró que los pilotos trataron de remontar vuelo para intentar un segundo aterrizaje y añadió: "Si no hubiese sido así, hubiera sido mucho peor."

Sin embargo, desestimó que la causa del accidente haya sido la poca fiabilidad del avión, que -sostuvo- es una nave "muy segura, aunque no exenta de defectos, como el excesivo ruido de sus motores y su elevado consumo de combustible"

El Túpolev-134 o Tu-134, un birreactor con capacidad para hasta 76 pasajeros, comenzó a fabricarse a comienzos de los pasados años 60 y que, según anunció el pasado mes de febrero el ministro de Transporte de Rusia, Igor Levitin, debe ser retirado de servicio en un plazo de cinco años.