A efectos prácticos, la ingestión de alcohol se traduce en una reducción del tamaño del cerebro, deficiencias cognitivas, retraso mental y alteraciones en el comportamiento.

Además, la investigación apunta que el consumo de alcohol por la embarazada puede causar muerte fetal, malformaciones y alteraciones cognitivas y de la conducta en el niño, e indica que la ingestión de bebidas alcohólicas durante los primeros meses de gestación, cuando es probable que la mujer desconozca todavía que está embarazada, puede provocar malformaciones fetales de carácter irreparable.