J. Gómez-Jurado: "El novelista trabaja con muchas mentiras para contar una gran verdad"

  • A los 36 años es ya un auténtico fenómeno de ventas y está a punto de coronar nueva quimera: el cine.
  • Su última novela, El Paciente, ha fascinado a Hollywood.
  • "Hay que tener clara la diferencia entre información y cotilleo", dice Gómez-Jurado, que descubrió mientras escribía la novela que era adoptado.
Su éxito internacional y de ventas le ha valido el apodo de "Ken Follet español".
Su éxito internacional y de ventas le ha valido el apodo de "Ken Follet español".
EFE

No ha cumplido los 40 y ya tiene unos cuantos sueños cumplidos. Es Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977), que de niño se soñaba periodista y de mayor ha resultado ser un novelista de éxito. Tanto que Hollywood quiere los derechos de su última novela, El Paciente (Planeta), para llevarlo al cine.

No se aleja tanto el sueño del anhelo infantil, porque todo tiene que ver con contar historias. La última accede a dilemas cotidianos a través de uno muy 'aparatoso': ¿qué elegirías: la vida de tu hija o la de un paciente? Parece típico, y sin duda, en su reducción lo es. Lo que marca la diferencia es al puerto al que llega. "¿Qué elegimos a diario: nuestra familia o nuestro trabajo?".

¿Tuvo claro desde el principio que lo que quería era ser un escritor 'superventas'?

No sé si bestsellero o no... Todo el mundo cuando escribe quiere llegar a la mayor cantidad de gente, pero la primera vez creí que no leería nadie y seis meses después ya se había vendido a no sé cuantos países, pero eso es mérito de mi agente y las editoriales con las que he trabajado. Yo quiero que me lea la mayor gente posible.

Pero no a todo el mundo le pasa, hay autores que escriben sabiendo que será para minorías... Sus obras tienen un corte comercial.

Es que son las historias que me emocionan las que me interesan. Es el libro que me gustaría ver en las estanterías. Lo que me gustaría leer.

Historias..., ¿cómo las definiría usted?

Historias que susciten las emociones de la gente, que sean capaces de emocionar. El envoltorio de la historia de El Paciente puede parecer muy ..., ¿cómo decirlo?

¿Algo poco original? La elección entre la vida de la hija o la vida del presidente parece poco original y sin embargo...

Eso era lo que quería, porque hay una cosa que está en mi cabeza desde hace tiempo y es convencer a la gente de que el hecho de que una novela sea de género no significa que eso no pueda tener calidad. Se puede levantar el material de algo que parece fácil y convertirlo en algo distinto y El Paciente lo es.

No hay que buscar la originalidad, todo está contado,  ¿la diferencia es el cómo?

Fíjate si es poco original que ya aparece en la Biblia: se lo plantea Dios a Abraham. Las historias están todas contadas. También me importa contar aquello que sea relevante para hoy. Si lees hoy la historia de Abraham y su hijo Isaac, y lo trasladas, te das cuenta de que también es una elección entre lo personal y lo familiar. Si lo transformas en esa dicotomía entre la familia y lo profesional, lo público y lo personal, lo llevas a los dilemas de hoy. Eso hace que el material sea muy relevante.

Esa elección entre trabajo y familia llevada al extremo, pero en un modo más 'light' ¿apuesta esta sociedad por el trabajo en esta dicotomía?

Dínoslo a nosotros, los periodistas. La gente sin haber leído el libro dice: sin dudarlo mi hija sería lo primero. Pero le dices: ¿y cuando ese planteamiento se hace todos los días en esas pequeñas decisiones que configuran la gran decisión de tu vida? ¿Llegas todos los días a bañar a tus hijos?, ¿estás siempre que tu familia te necesita o no llegas porque no te queda otra? Creo que por eso ha arrastrado tanto a la gente y ha sido tan aceptada esta novela.

Entonces no hay que ser tan psicópata para elegir al presidente,  ¿lo hacemos todos los días?

La historia de mi personaje es tremenda, muy compleja, parece sencilla la elección. Es una novela de personajes más que de trama. Igual la elección no es tan sencilla una vez entras en la historia. Hay que meterse en el corazón de lso personajes. ¿Qué te define realmente como persona? Igual otro personaje habría decidio más rápido que el mío, o alguien más salvaje se habría lavado las manos. Él está a mitad de camino y al filo de la navaja y eso hace que la gente quede atrapada hasta altas horas de la mañana.

¿Se lo dicen sus lectores?

Sí, me escribe gente a las tres de la mañana diciendo que no puede dejar el libro y que se han de levantar a las seis de la mañana.

¿También usted se quedó sin dormir cuando la escribía?

Sí, estuve sin dormir y acabé enfermo. Estuve mes y medio con una neumonía. Fue muy difícil, y siendo padre más.

Me cuesta preguntárselo, pero lo haré: ¿tuvo que ver con esa desgaste descubrir que era adoptado mientras escribía esta novela?

Ocurren las dos cosas a la vez y las personas no somos islas. Mientras escribo suceden cosas en mi vida y se mezclan. Mi historia se transforma por esta información que recibo.

¿El protagonista era huérfano desde que empezó a escribirlo o lo añadió cuando supo que era adoptado?

No, lo que no pensaba era que tuviera tanta relevancia su vida personal como terminó teniéndola. Creo que lo que me ha pasado la ha enriquecido, porque lleva al personaje a repasar su propia vida y lo que es el sentimiento de pertenenecia y estar vivo. Siempre es mejor estar ahí para luchar que no haber estado.

Es difícil escribir con una historia personal como la suya, ¿pero también le ha servido como vía de escape?

Sí, para exorcizar fantasmas personales. Es un libro que tiene cargas tan enormes de emoción que he tenido que tirar de mí mismo y de lo que me pasaba. Le vino muy bien al libro que me enterara de algunas cosas.

Si no quiere que sigamos lo entenderé y paro, ¿se enteró de manera casual de que era adoptado?

No, eso no quiero... Es demasiado personal.

Casi le agradezco que no me lo responda...

¿Y eso?

Porque tendría que escribirlo, y una entrevista por su libro acabaría siendo sobre su adopción...  Y, ya que estamos con líneas morales, ¿cuáles son los peores dilemas a los que se ha enfrentado como periodista?

Ser consciente cuando hablas con alguien de que podrías entrar en su vida y convertir lo personal en la historia o mantenerte un poco al margen y que el trabajo no se convierta en un circo. Hay que tener clara la diferencia entre información y cotilleo.

¿Como escritor poco dilema moral?

No, escribiendo no hay más normas que las de que salga lo mejor posible.

¿Y no aburrir al lector?

Es mi única norma personal: que nadie se aburra. Mi prioridad es el lector y mi religión, que se lo pase bien. Lo mejor que me pueden decir es que se han pasado la parada de metro leyendo mi libro.

¿Se resiente el estilo narrativo de su literatura por el periodismo o al revés?

No, ya me metieron a martillazos cómo tenía que hacer las cosas en la facultad. Y no se me ha olvidado.

¿No molesta una cosa a la otra?

Es que ahora me piden cosas menos habituales. Ahora la gente me pide reportajes novelados.  Una cosa contagia a la otra.

Así no le pasa como a escritores que se quejaban de que el ejercicio continuado del periodismo dañaba su estilo como escritor...

A veces los escritores tienen pose y afectación. Ese rollo del escritor torturado podemos dejarlo atrás. Habiéndolo pasado mal con este libro como lo he pasado no me he bebido una copa entre semana así me maten. Prefiero salir a correr que me va a limpiar mejor la cabeza.

¿Su sueño era ser un gran periodista y resulta que ha sido un gran novelista?

Te lo resumo con un sueño infantil. Decía: yo de mayor quiero ser periodista. Me preguntaban por qué, y a mí que me parecía obvio, decía, pues como Clark Kent. Hay gente que nacemos para contar historias. Un escritor no sólo ve las historias, descorre un poco más la cortina de la verdad y lo cuenta. El novelista trabaja con un montón de mentiras para contar una gran verdad. El periodismo no puede hacer eso.

¿Qué verdad le gustaría contar?

Una que me afecta mucho. Quiénes somos, y lo que significa ser y sobre la vida.

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