A veces la belleza se manifiesta en la fealdad y el espanto. Un ejemplo se encuentra en el stand 9D14 de la recién inaugurada feria de ARCO. Allí, el bestiario fotográfico de Perttu Saksa invita a un viaje entre la ternura, la crítica y la arcada.  Unos metros más allá, la fotógrafa Elina Brotherus ofrece otra mirada: retratos encapsulados en una nada glaciar. Son dos de los artistas que forman parte de la sección dedicada a Finlandia (#FocusFinlad), país invitado este año por la muestra. Arte silencioso, limpio y, según el director de ARCO, Carlos Urroz, "uno de los grandes atractivos" que deparan al visitante que se acerque desde hoy (si es profesional) o desde el viernes y hasta el domingo (entrada para el público en general) a la feria de arte contemporáneo más importante de España.

Pero hay más: 219 galerías provenientes de 23 países, con una mayor presencia de Latinoamérica (no en vano la feria trata de ser una bisagra entre ese mercado y Europa). Y la promesa de un recorrido más relajado y con "menos contaminación visual" que en otras ediciones a causa de la reducción del número de artistas y el predominio de stands centrados en solo uno o dos nombres.

Junto a pinceles consagrados como los de Miró, Barceló, Tàpies, Picasso o Genovés (algunas de sus obras por precios que superan el millón de euros), hay firmas emergentes. Son la mayoría, el 70% del conjunto, y, tal vez, la esencia de una exhibición que busca un hueco en un mercado cada vez más saturado de competidores. El consolidarse como un escenario en el que descubrir nuevos talentos —o 'talentos en transición', en el lenguaje de ARCO—, es clave. Como lo es la "internacionalización", un modo de huida del exiguo mercado español, apuntan sus responsables.

La 33ª edición de ARCO que ahora empieza también cuenta con novedades. Por ejemplo, el auge que vive la escultura, influida por el lenguaje de la instalación. Y el crecimiento, aunque en menor medida, de la presencia del dibujo. Por el contrario, la fotografía deja atrás sus años pletóricos y se sumerge en una fase de estancamiento. No es la que sale peor parada: el vídeo y el new art prácticamente desaparecen, a la espera de tiempos mejores ("era una sección muy cara y generaba pocas ventas", aclaran desde la feria).

Reivindicación y regateo

La crisis también ha dejado huella en compradores y autores. Los primeros, que antes acababan con la mayor parte de las piezas en el mismo día de apertura de la muestra, ahora se lo piensan más y "negocian mucho el precio final", explica Urroz. La decisión de compra es ahora más meditada y, al parecer, acepta el regateo.

En cuanto los autores, son muchos los que construyen obras para arrojar gritos 'indignados'. Es el caso de los paisajes sin fronteras de la galería Arróniz, una instalación que combina varias disciplinas y autorías (Omar Barquet, José Luis Landet y Mauro Giaconi). O los dardos de Santiago Sierra y Núria Guell. Y el cabaret rancio con el que Yann Leto representa al Congreso, que incluye barra de striptease y a dos bailarinas en topless. Incluso Finlandia se solidariza con la situación española a través de la pancarta de Riiko Sakkinen, en la que este, en perfecto castellano, insta los ciudadanos a pedir trabajo a su compatriota, Papá Noel. En realidad, tiene truco: "Llevo años viviendo en Cervera de los Montes, un pueblo de Toledo. Soy ya casi más español que las pesetas", comenta con una sonrisa.

El arte es cosa de niños

La feria incorpora además el espacio ARCOKids, una sección dirigida a los más pequeños en la que, a través de los talleres organizados por Pequeño Deseo, y con la colaboración de Taller 7 y DKV, permite aprender a crear murales y pequeñas instalaciones a partir de materiales reciclados y objetos que hace tiempo que perdieron su utilidad. Entre estos, figuran tuercas de tornillos extraviados, periódicos caducados, retales y hasta piezas de impresoras averiadas. El propósito: incluir al público infantil en la muestra a través de su propio lenguaje, hacer algo bonito y, sobre todo, pasarlo bien.