Mujeres en prisión
Una mujer, en tercer grado por una condena de estafa. JORGE PARÍS

Entre cuatro paredes blancas, dos literas y una puerta, pasan once horas encerradas. De ocho y media de la tarde a ocho de la mañana. Por mucho que se lea, se oiga la radio, o se duerma, queda mucho tiempo para pensar en lo que tienen fuera, principalmente en la familia. Ese desgarro se lleva como una segunda pena. Los días se van lamentando ausencias en cumpleaños de los hijos y prometiendo besos o collejas, según lleguen las noticias del exterior. Unos están bajo tutela de la administración, otros con la tía o la abuela, algunos siguen al cargo de esa vecina que los iba a cuidar un rato a un océano de distancia. Así transcurre el día a día de las mujeres encarceladas en España, país de Europa con mayor tasa de prisioneras.

En España había en diciembre 5.083 mujeres encarceladas, una tasa del 7,6%. La media mundial está en el 6% Hace treinta años (1983) en España había 480 mujeres encarceladas. Diez años después ya eran 4.000. En 2007 rozaron el pico más alto (superando las 6,000 mujeres). La reforma de 2010 que redujo las penas máximas de las sentencias por drogas ha propiciado su descenso. A principios de abril las mujeres entre rejas eran todavía 5.117. Son un porcentaje pequeño en relación a los hombres (7,63%), pero esta tasa duplica la de Francia y supera en más de dos puntos a la media europea de encarcelamiento femenino (5,3).

Buscar la explicación al crecimiento de la población reclusa femenina implica encontrar droga. Una de cada dos mujeres a la sombra cumple condena por delitos relacionados con el tráfico de estupefacientes a pequeña escala. Dicho porcentaje baja del 50 al 30% en el caso de los hombres presos. El endurecimiento de la persecución de los delitos de estupefacientes, largas condenas con ingresos obligatorios y el 'boom' de extranjeras pilladas con droga nada más poner un pie en el aeropuerto explican la alta tasa femenina en la prisión.

No abundan las psicópatas

Detrás de la droga (o precisamente por ella) aparecen los hurtos, los robos y las estafas como los delitos más habituales en el certificado de penales de las mujeres. Ana Ballesteros, socióloga, asegura que si la "necesidad económica explica la realidad de la mayoría de las personas que ingresan en prisión, esto es algo particularmente cierto en el caso de las mujeres". Ballesteros destaca que tres de cada cuatro mujeres en prisión "buscaban una solución inmediata a su precariedad en el momento de delinquir".

Los delitos violentos que cometen casi nunca tienen víctimas ajenas. Los crímenes se circunscriben a la familia Un vistazo a la estadística de los delitos más violentos prueba que en las cárceles de mujeres no abundan las psicópatas. En el último informe de criminalidad (2012) constan 285 mujeres condenadas por homicidios (3.677 hombres); 135 con delitos de lesiones (2.405 hombres) y 21 mujeres por violencia de género (4.098 hombres).

"Los delitos violentos que cometen casi nunca tienen víctimas ajenas. Los crímenes se circunscriben a la familia y son perpetrados por mujeres que habían sufrido malos tratos o violencia intrafamiliar", explica Margarita Aguilera, abogada de Acope (Asociación de colaboradores con las mujeres presas). Entre los casos violentos más significativos, la memoria de Acope destaca el de una mujer en prisión por abandonar un feto en un bosque, la que prendió fuego a la casa de su ex después de que echara o la prostituta que envenenó hasta la muerte a un cliente al que pretendía robar.

La exdirectora de prisiones Mercedes Gallizo, al frente del sistema penitenciario español entre los años 2004 y 2011, ha publicado un libro recopilación de las cartas que le enviaban los presos, con sendos capítulos sobre las mujeres y las madres. Gallizo ha descubierto que detrás de la mayor parte de los delitos que llevan a las mujeres a la prisión están "la droga y los hombres". Demasiadas presas siguen enganchadas, un grave problema que Gallizo lamenta haya dejado de ser "preocupación social", a tenor de los últimos estudios del CIS. Voluminoso es el grupo de mujeres también que cumple penas tras ser "manipuladas por sus parejas, hermanos, e incluso hijos para que se 'coman el marrón' de la prisión".

La exdirectora de prisiones ha conocido dentro a señoras "muy mayores" cumpliendo largas condenas por dar la cara por un hombre más joven, "ante la creencia, que no deja de ser un malentendido, de que a determinada edad ya no se entra en prisión".

Violencia y crisis entre muros

Hasta la ONU ha puesto de manifiesto en un informe de 2013 el "fuerte vínculo entre la violencia contra la mujer y la encarcelación de las mujeres, ya sea antes, durante o después de la encarcelación". Una de las obsesiones de Gallizo durante su mandato fue, precisamente, la implantación de programas para enseñar a las mujeres a defenderse por si solas y a romper con las dependencias afectivas tóxicas. Previamente un estudio había hecho aflorar un 88% de casos de malos tratos en el pasado de las internas y hasta un 25% de víctimas de abusos sexuales.

Un estudio de las internas hizo aflorar un 88% de casos de malos tratos y un 25% de víctimas de abusos sexuales En España hay cuatro cárceles exclusivas para ellas: Brieva (Ávila), Alcalá de Guadaira (Sevilla), Wad-Ras (Barcelona) y Madrid I-Alcalá Meco, esta última cada vez más centrada en las preventivas, a la espera de juicio. El resto están en módulos femeninos incrustados en macrocárceles de hombres. Las ONG que prestan sus labores a su lado aseguran que ser tan pocas, respecto a los hombres, las hace "más invisibles" y "más marginadas". Entre otras carencias, destacan las escasas ofertas laborales, formativas y de ocio, consideradas fundamentales para la reinserción.

La crisis no ha modificado en exceso el perfil de las reclusas, según las expertas. Si acaso Margarita Aguilera, de Acope, nota que se reducen los ingresos en prisión de mujeres cazadas con droga en el aeropuerto, mientras aumenta el número de extranjeras, con residencia legal, que en una situación de precariedad cometen delitos. Sobre las españolas, Aguilera destacaría el perfil de la adicta a estupefacientes multireincidente.

Sin embargo, la crisis sí cala por los muros de las prisiones. "Las presas tienen ahora menos dinero con el que comprar alimentos complementarios en el economato de prisión o para tomarse un café (el llamado peculio). Además, sus familias van menos a visitarlas, por lo que están más aisladas, tienen menos talleres formativos o de ocio, y empiezan a notar que las comidas son más básicas, que se ahorra en calefacción y hasta en atención sanitaria".

La  maternidad en prisión

La tasa de maternidad entre las presas es notablemente mayor que en el conjunto del país. Mientras las media en España se mantiene en el 1,4 hijos por mujer, ellas tienen más de dos hijos de media.

Cuando una madre entra en prisión la situación familiar es de desgarro emocional Las consecuencias familiares de que la mujer sea la encarcelada son enormes, destacan las expertas. "Cuando un padre entra en prisión, la familia queda en desamparo, porque normalmente son ellos los que traen el dinero a casa. Pero cuando es la madre la que entra, la situación es de absoluto desgarro emocional", describe Mercedes Gallizo. Ella intentó que al menos los más pequeños no tuvieran que separarse fisicamente de sus madres. Los cinco centros para mujeres madres de hijos de menos de tres años es uno de sus orgullos, que sin embargo ahora palidece. Había cinco planificadas, cuatro terminadas, pero solo dos están operativas y una tercera a medio gas.

La investigadora Ana Ballesteros, la abogada Margarita Aguilera y la exdirectora de prisiones Mercedes Gallizo coinciden en la receta para reducir la alta tasa de encarcelamiento de mujeres en España. Más políticas sociales y alternativas penales. "Si fallan y la gente no tiene alternativas o centros de rehabilitación es más fácil que sigan delinquiendo". Y apuestan por favorecer las medidas de régimen abierto. En España perdura una cultura contraria a las medidas alternativas. "La sociedad interpreta que no se está cumpliendo una pena si los culpables no están encerrados en celdas", lamenta Gallizo, "pero sería bueno que la que haya cometido un pequeño delito, que tiene a la familia desatendida, pueda estar en su casa, en el trabajo y cumplir condena por ejemplo los fines de semana".