El nacimiento de las palabras
Ilustración sobre las nuevas palabras que se incorporarán al 'Diccionario de la lengua española' de la RAE en su 23.ª edición. Riki Blanco

Los libros nuevos emanan un delicioso olor a tinta, a papel recién cortado, a sabiduría. Un aroma que te traslada a la Feria del Libro, al mes de septiembre y los libros de texto. Entre nuestras manos, culpable de semejante ensoñación, se alza orgulloso el primer volumen de una flamante edición facsimilar del que fuera entonces, allá por 1726, el Diccionario de autoridades. Una obra creada en los albores de la Real Academia Española, cuyo fin fue convertirse en su primer repertorio lexicográfico y en la norma culta que nuestra lengua demandaba, y que otras lenguas europeas ya tenían.

Su particularidad, quizás, y lo que le concedió el apellido de autoridades, fue el sustento sobre el que se apoyaron sus directrices: los grandes escritores de las letras hispánicas; aquellos que, según el prólogo de la obra, trataron nuestro idioma con la mayor propiedad y elegancia y de los que se tomaron citas para justificar las acepciones de las palabras. Hoy, esta creación, que tardó 13 años en ver completada su publicación, regresa a las librerías con motivo del III Centenario de la Casa de las Palabras, en edición facsimilar popular y en versión de lujo para coleccionistas.

DICCIONARIO. (Del b. lat. dictionarium) 1. m. Libro en el que se recogen y explican de forma ordenada voces de una o más lenguas, de una ciencia o de una materia determinada. El De autoridades fue el primer diccionario de una saga que daría a luz 22 hijos, o diccionarios, o más bien 22 ediciones de un diccionario que ha llegado hasta nuestros días con buena parte de la esencia inicial que invadió a la valiente Academia. Con pocos medios pero mucho empeño, sacó adelante el libro de referencia que es hoy el Diccionario de la lengua castellana y que no cambiaría su nombre por el de Diccionario de la lengua española hasta su 15.ª edición (1925).

Su primera edición, del año 1780, contaba con 46.000 artículos (poco más de la mitad de los 88.000 lemas que posee la obra de 2001). Suprimió las citas de autoridades que sirvieron para justificar las definiciones de cada artículo en la primera gran obra de la Academia y consolidó el sistema de abreviaturas y marcas del diccionario.

La 'edición del centenario' del diccionario de la RAE verá la luz en octubre. Hoy, la institución ultima el más joven de sus retoños, una 23.ª edición del diccionario que ya se encuentra en proceso de revisión. En marzo comenzará a editarse en Espasa y, si todo discurre según lo previsto, verá la luz probablemente en el mes de octubre, coincidiendo con el final de la celebración del III Centenario de la Real Academia Española. Este aniversario le confiere un cariz especial que no poseen sus antecesoras, pues la dota –quizás– de mayor importancia al ser "la edición del centenario", según recalca Darío Villanueva, académico de la institución elegido en 2007 y secretario de la misma desde 2010.

Más sabihonda que sus predecesoras, y también algo más rellenita, la 23.ª edición tendrá 5.000 lemas más que su precursora, hasta llegar a los 93.000._Se editará en un único tomo de 2.880 páginas frente a las 1.672 de su hermana mayor. A pesar de la situación actual del sector editorial, su tirada arranca sin timidez: unos 50.000 ejemplares, cifra nada desdeñable; además de una edición especial para coleccionistas y otra popular en dos volúmenes destinada al mercado americano, de las que no dan todavía números.

EDICIÓN. (Del lat. editĭo, -ōnis). 1. f. Conjunto de ejemplares de una obra impresos de una sola vez, y, por ext., la reimpresión de un mismo texto. ‘Edición del año 1732’. ‘Primera, segunda edición’.Entretanto, sus 23 ediciones han dado para mucho más que los 93.000 lemas que conforman la que verá la luz en 2014. Si bien el total de entradas en el diccionario queda así cifrado (aproximadamente), hay que tener en cuenta que otros tantos artículos han sido suprimidos (1.359) o enmendados (59.739), y que las supresiones compensan las adiciones. Con todo, el espacio del diccionario, como el de cualquier producción editorial, está limitado, así que "hay que dejar fuera algunas palabras", confiesa Villanueva. Pero eso no significa que esas no sean palabras "de uso perfectamente legítimo" en nuestro idioma, aclara.

Así que ya no encontraremos al ‘boleador’ como el hombre que hace caer a otro, porque esta voz abandonará las páginas del diccionario en la 23.ª edición. Y si alguien quiere echar ácido fénico a algo, tendrá que vérselas y deseárselas para ‘fenicar’, verbo que también desaparecerá. Quien pretenda actuar con misterio, a ojos del diccionario no lo hará ‘sagrativamente’, y las ‘bigorrellas’ ya no sabremos que son piedras de gran peso que sirven para calar las collas. Sin embargo, ya podremos hablar de una ‘serendipia’ sin preocuparnos de que alguien no nos comprenda, porque ahora podrá buscar su significado en el diccionario. Echaremos al coche ‘biodiésel’ sin remordimientos y nos resguardaremos con conocimiento de causa de los (o las) ‘cazafortunas’.

Podremos ser fieles ‘escuchantes’ –porque hasta ahora solo éramos ‘escuchadores’– de quien intente timarnos con el ‘timo de la estampita’, un hurto con engaño "basado en la codicia del estafado" que hasta ahora no estaba registrado en el diccionario. También se permitirá presenciar un ‘estriptis’ (o ‘estreptís’, si nos gusta más) mientras tomamos con ‘glamur’ una copa de ‘brandi’, pero uno con ‘i’ latina y no con ‘i’ griega, que siempre suena menos anglófono. Baby-sitter, full time o gigabyte son algunos extranjerismos crudos que estarán también en el diccionario pero, eso sí, irán en letra cursiva, para que no nos despistemos.

Que una palabra no esté en el diccionario no significa que su uso no sea perfectamente legítimo. PANHISPÁNICO,CA. 1. adj. Perteneciente o relativo a todos los pueblos que hablan la lengua española. El término ‘despendole’ se incorporará al diccionario con la marca Esp., por ser un vocablo propio del habla de España, y no tanto de otros países hispanoparlantes. Evidentemente, no podía ser de otra manera ni podríamos imaginar a un chileno, un ecuatoriano o un panameño practicando el despendole con tanta gracia como lo hacemos en nuestro país.

Por su parte, algunos términos médicos se han hecho un hueco tan grande en nuestra lengua que también entrarán a formar parte del selecto club del diccionario, como ‘celiaquía’, ‘presbiacusia’ o ‘medicalización’. También algunos propios de otras ciencias, como ‘ciclogénesis’ (¿acaso alguien no ha oído hablar últimamente de las ciclogénesis explosivas?), ‘parabeno’ o ‘hexano’. La informática sigue ganando terreno en nuestro idioma; encontraremos ‘escaneo’ e ‘intranet’ si las buscamos, y ‘pantallazo’ relegará a su segunda acepción la actual ("destello intermitente de la luz de un faro", que en realidad era solo un avance de la 23.ª edición) para poner como primera acepción la "captura del contenido que se visualiza en la pantalla de una computadora". Ojo, que no en la de un ‘ordenador’, que este término es propio de España pero no de la mayor parte de los países hispanohablantes.

INTEMPORAL. (Del lat. intemporālis). 1. adj. Que está fuera del tiempo o lo trasciende. Aunque algunas incorporaciones puedan llamarnos la atención, hay que tener en cuenta que no es tan sencillo reflejar un patrimonio lingüístico que hoy hablan 500 millones de personas repartidas en medio mundo. El diccionario ha llegado hasta nuestros días con la responsabilidad a la espalda de hacerse cargo de una lengua que evoluciona al vertiginoso ritmo de la sociedad, pero no puede olvidarse tampoco de las obras que se editaron hace tres, cuatro o cinco siglos, ni del vocabulario que se empleó en ellas.

"El Diccionario de la Real Academia Española es singular frente a otros que están en el mercado porque mantiene una impronta histórica, tiene una dimensión proyectada hacia la historia; ha de servir para entender los textos escritos desde el año 1500 hasta ahora", sostiene Darío Villanueva. Y desde luego, ello explica la presencia de términos que parecen arcaicos, caídos (casi) en desuso o sencillamente desconocidos para la mayor parte de los hablantes, pero sin los cuales no podríamos entender, seguramente, algunas partes esenciales de El Quijote, El Lazarillo de Tormes o, sin ir tan lejos, los Episodios nacionales de Galdós.

ACABAR. (De cabo). 1. tr. Poner o dar fin a algo, terminarlo, concluirlo. U. t. c. prnl. 2. tr. Apurar, consumir. 3. tr. Poner mucho esmero en la conclusión de una obra. Se trata de hallar el equilibro entre las palabras de siempre, las que parece que llevan en el diccionario toda la vida, y las que acaban de instalarse en nuestra lengua. Y el término ‘acabar’ en la Academia adquiere una amplitud inusitada, pues si por algo se caracteriza nuestro diccionario es por caminar siempre despacio, con pies de plomo. Porque las palabras nacen, se reproducen y, en ocasiones, mueren.

Pero si se demuestra lo contrario, que una palabra –o una nueva acepción adquirida por una palabra– está suficientemente presente en el habla de una sociedad; y además está también arraigada en libros, o en los medios de comunicación, entonces y solo entonces se podrá plantear que entre a formar parte del diccionario. Cuando esto ocurra habrán pasado, probablemente, varios años desde que el vocablo comenzara a utilizarse.

Para que una palabra se incorpore, hay que estar seguros de que no es una moda pasajera. "La Academia no puede estar en un ejercicio permanente de incorporación y eliminación de términos. Debe sopesar su uso, su permanencia, comprobar que una palabra nueva no responde a modas o a creaciones relacionadas con un desarrollo tecnológico que va a tener una vida breve", cuenta Joaquín Müller-Thyssen Bergareche, director de la Fundéu (la Fundación del Español Urgente) que, patrocinada por la Agencia EFE y BBVA y asesorada por la RAE, impulsa el uso correcto de la lengua española en los medios de comunicación.

DEBATE. (De debatir). 1. m. controversia (x x discusión).2. m. Contienda, lucha, combate. Sin combate, sin lucha y seguramente también sin contienda. Pero si algo caracteriza a la Academia –y también a la Fundéu– es el continuo debate que mantienen sus integrantes, siempre a vueltas con las palabras. El libro Compendio ilustrado y azaroso de todo lo que siempre quiso saber sobre la lengua castellana, de la Fundéu, define las reuniones matutinas de la institución como "un aquelarre en el que se usan como material de combustión para la hoguera los periódicos, las teles e incluso las webs, y ahora también los tuits", así que no es difícil imaginar el enjambre de errores o deslices gramaticales con el que tienen que lidiar sus lingüistas.

En la Academia, la situación no es muy diferente; cada jueves por la tarde analizan en sus diferentes comisiones cuestiones que atañen a las palabras. Mientras, reciben el respaldo del Instituto de Lexicografía de la Academia, que documenta, perfila y apoya todo el trabajo que requiere elaborar "este diccionario, que no es un diccionario cualquiera, porque es muy peculiar", cuenta Elena Zamora, directora técnica del Diccionario de la lengua española. "Es llamativa la cantidad de años que tarda en elaborarse", pero es que en su proceso de creación no solo intervienen nuestros académicos y lexicógrafos, sino también las academias de la lengua de América y Filipinas, que aportan su visión de las palabras. Además, la sobreinformación del mundo digital puede enriquecer a la par que ralentizar el trabajo. Por ejemplo, cada vez es más complicado justificar la supresión de una palabra en el diccionario, porque la herramienta Google Libros permite verificar que algunos términos que se sospechaban en desuso todavía se emplean en algunas obras.

CORPUS. (Del lat. corpus; propiamente ‘cuerpo’).1. m. Conjunto lo más extenso y ordenado posible de datos o textos científicos, literarios, etc., que pueden servir de base a una investigación. Y además está el CORPES XXI, un corpus de la Academia que reúne miles de textos elaborados entre 2001 y 2012 y que dan cobijo ya a 160 millones de formas de nuestro idioma, que serán 300 millones a finales de 2014. Con todo, a pesar de que la elaboración del diccionario resulta realmente gratificante, Elena Zamora reconoce que "lo más difícil es su maquinaria, el peso de la historia, la coordinación de las personas que intervienen en él". Darío Villanueva, un hombre de imponente rectitud que emplea las palabras ‘gazmoñería’, ‘circunloquio’ y ‘pacatería’ sin vacilación en una misma frase, deja asomar un atisbo de entusiasmo: "Lo más bonito es precisamente lo más difícil: su singularidad. Trabajar como académicos con palabras que ya se utilizaban en el año 1713 y que ahora están en boca de una comunidad de casi 500 millones de hispanohablantes es lo que más nos congracia".

La versión web del diccionario de la RAE recibe 40 millones de consultas al mes.ZAGA. (Del ár. hisp. sáqa, y este del ár. clás. sāqah, retaguardia). 1. f. Parte trasera de algo. a la ~, a ~, o en ~. 1. locs. advs. Atrás o detrás. A pesar del intenso trabajo, hay quien piensa que nuestro diccionario anda siempre un poco a la zaga, pero ello no se debe en todo caso a pereza ni holgazanería del diccionario ni de quienes lo elaboran. Quieren estar muy seguros de que todo cuanto se incluye en sus páginas está perfectamente justificado, no es producto pasajero y seguirá teniendo cierta validez con el paso de los años. Por el contrario, algunas acepciones quedan obsoletas después de varias décadas, y el diccionario responde a su época atendiendo las necesidades de cada tiempo.

"La Academia revisa el diccionario y adapta la descripción de las palabras y de las acepciones a la sensibilidad del momento", cuenta Villanueva. En la edición de 2001, ‘masculino’ observa en su tercera acepción la descripción "varonil, enérgico", mientras que la acepción sexta de ‘femenino’ no es otra que "débil, endeble". Ninguna de ellas parece propia de una edición del siglo XXI y han sido tachadas por la crítica de sexistas. Por su parte, la 23.ª edición del diccionario modificará las acepciones de sendos términos omitiendo estos adjetivos y elaborando descripciones homólogas que eliminarán este matiz que tan poco ha gustado.

Este cambio es necesario para buena parte del público, para el lector y, por supuesto, para la sociedad, "pero no es fruto de una censura sino de esa revisión que cada edición hace para ir mejorando el acomodo del diccionario a los usos reales de la lengua", cuenta convencido el secretario de la RAE. Porque no hay que olvidarse de que la labor del Diccionario de la lengua española no es en ningún caso establecer una moral más correcta, o más deseable. "La Academia no inventa palabras ni acepciones, y tampoco las promociona –insiste–. Que en el diccionario aparezca una palabra que es grosera, injusta o machista no quiere decir ni que la Academia la haya inventado ni mucho menos que la Academia diga que esa palabra debe ser usada". Es, sencillamente, una palabra que está ahí, que existe, que se utiliza en mayor o menor medida por algunos hablantes y a la que el diccionario –que no entiende de corrección política– no puede dar la espalda.

Si bien el primitivo Diccionario de autoridades editado entre 1726 y 1739 evitó en sus páginas los términos referidos "a objeto indecente", tres siglos más tarde la posición de la institución es bien distinta. "Nosotros no podemos censurar el diccionario. No podemos hacer un diccionario de palabras bonitas, porque además sería una pendiente sin fin; siempre habría alguien que considerase que una palabra es ofensiva en función de una determinada sensibilidad", dice el académico.

La Academia no inventa palabras ni acepciones, que incluya una palabra no significa que deba ser usada. La Fundéu, cuya virtud principal es, en palabras de su director, "su conexión con la actualidad, y la tensión informativa", reconoce un posicionamiento tal vez más arriesgado. "De la misma manera que nos consideramos minusculistas, también somos partidarios de la feminización, por ejemplo, de los cargos profesionales, de la jueza frente a la juez o la médica frente a la médico, o incluso de la pilota frente a la piloto", recalca Joaquín Müller-Thyssen. No obstante, al margen de pensar si es o no es deseable –o posible– lograr un habla políticamente más correcta, o un diccionario políticamente más correcto ("¿Pero quién marca lo correcto?", reflexiona Villanueva), lo que realmente hay que plantearse es si los hablantes se expresan así o, por el contrario, estos nuevos giros que adopta el lenguaje resultan forzados.

ENTRESIJO. (Etim. disc.). 1. m. mesenterio. 2. m. Cosa oculta, interior, escondida. Tal vez la respuesta no esté muy clara y haya opiniones diversas, pero lo que sí es notorio es que los hablantes de nuestro idioma tienen sed de corrección lingüística, desean hablar adecuadamente y sobre todo, conocer los entresijos de la gramática y la ortografía. La Fundéu registró en 2012 más de tres millones de visitas a su web, donde se hospedan, entre otros recursos, recomendaciones lingüísticas tanto generalistas como ligadas a los acontecimientos sociales que surgen a diario. Sus visitas, procedentes mayoritariamente de España, México y Colombia (en este orden), aumentaron un 83,49 % con respecto al año anterior.

Las recomendaciones más visitadas fueron aquellas que aclaraban el uso de ‘por qué, porque y por que’; ‘asimismo, así mismo y a sí mismo’; ‘sino y si no’. Dudas clásicas –fáciles de entender pero difíciles de recordar– que durante 365 días al año son respondidas por cinco personas de la Fundación del Español Urgente (bien sea por correo electrónico, por vía telefónica o a través de las redes sociales) hasta sumar un total de aproximadamente 120 consultas diarias.

En el futuro, el diccionario será una publicación digital y luego tendrá versiones en papel.Por su parte, el portal on line de la Real Academia Española recibe una media de 40 millones de consultas mensuales a sus diccionarios en línea, una cifra abismal que ha ido creciendo poco a poco desde que en 2004 lanzaran el diccionario a la Red. Tan amplia es la participación, que incluso se ha dado a los usuarios de la web la posibilidad de colaborar activamente en la elaboración del diccionario a través de la Unidad Interactiva del DRAE (UNIDRAE): un servicio que atiende y canaliza propuestas y sugerencias lingüísticas de los hablantes, y que ha servido para tomar conciencia de algunos usos que han ido adquiriendo ciertas palabras.

Incluso cabe la posibilidad de aprovechar el vasto torrente de visitantes al diccionario de la web introduciendo en él contenidos publicitarios –aunque no de forma inminente, porque no es un tema que esté cerrado, según confirma la Academia– como medio para desahogar la situación económica de la RAE. Como reconoció José Manuel Blecua (director de la institución), el pasado 20 de enero en el Foro de la Nueva Comunicación celebrado en Madrid, "en estos momentos pasa por un momento difícil; nos hemos encontrado con la reducción de las subvenciones estatales, el descenso de los patrocinios (…), lo que lleva a la Academia a buscar un nuevo modelo" que sea capaz de "proporcionarnos independencia y autonomía económica".

DIGITAL. (Del lat. digitalis) 1. adj. Perteneciente o relativo a los dedos. 2. adj. Referente a los números dígitos y en particular a los instrumentos de medida que la expresan con ellos. ‘Reloj digital’. Cifras tan estratosféricas ligadas al registro de consultas recibidas por un diccionario en su versión on line nos llevan a preguntarnos por la dudosa vigencia de un diccionario pensado, elaborado y editado en papel. Un diccionario acaso pesado, incómodo y que podrá costar a quien lo compre alrededor de unos 150 euros –a juzgar por el precio de su última edición–, frente a su versión gratuita, ligera e indudablemente más rápida de la web.

Así que cabe preguntarse, ¿será esta la última edición en papel del Diccionario de la lengua española? Tajantemente, no. "Hasta ahora, la versión en papel ha sido la matriz y posteriormente se ha hecho una digital", cuenta el secretario de la Real Academia Española. Pero "en el futuro el orden se va a invertir, el diccionario será una publicación digital que luego tendrá versiones en forma de libro. Ello permitirá, mediante la hipertextualidad, un tránsito fluido e inmediato entre diferentes obras de la Academia", como los diccionarios, las gramáticas y las ortografías, que hasta ahora podían contradecirse mutuamente en ciertos puntos debido a la distancia temporal entre la publicación de unos y otros y a las diferentes posturas adoptadas por la Academia a lo largo de ese tiempo.

Pero eso será cuando esa sucesiva 24.ª edición del diccionario de planta digital llegue a pergeñarse, tal vez dentro de una década. Mientras tanto, la incipiente vigesimotercera edición se revisa, se retoca y se ultima al ritmo de un lema que limpia, fija y da esplendor a una lengua cuyo diccionario se escribe despacio, pero con muy buena letra.