Hoy en día podemos llegar fácilmente a vivir ochenta años. ¿Crees que es suficiente?
Cuando Dios terminó de crear el mundo, se le acercó un asno y le preguntó cuántos años iba a vivir. Dios le respondió que treinta. El burro se quejó de que no podría aguantar tanto tiempo de pesadas cargas y golpes. Dios le concedió una vida de dieciocho años.
Luego apareció el perro y Dios le preguntó cuántos años quería vivir. El perro le contestó que no tantos como el asno porque al final no tendría dientes y sus patas no tendrían fuerza. Dios aceptó y le concedió doce años.

Entonces vino el mono. Dios le dijo que él sí podría aguantar treinta años de vida porque no tenía que trabajar. Pero el mono le respondió que tanto tiempo divirtiendo a los demás era demasiado. Dios le dijo que viviría diez años.

Finalmente se acercó el hombre. «Treinta años has de vivir», le dijo el Señor. El hombre se quejó de tan corta vida. Dios se apiadó de él y le añadió los dieciocho años del asno más los doce del perro más los diez del mono. De esta forma el hombre viviría feliz hasta los treinta. Luego pasaría a los dieciocho del burro transportando cargas. Más tarde los doce del perro: por los rincones, sin dientes. Y por último, los diez del mono, siendo el hazmerreír de los niños.

Pero el hombre es el ser menos conformista de la Creación: en vez de quejarse, debería vivir con optimismo y alegría.

Próximo viernes: 33/El sapo