Derribos en El Ventorro
Vecinos de El Ventorro, operarios y policías observan cómo derriban las chabolas del poblado. JORGE PARÍS

El principio del fin del poblado chabolista de El Ventorro de la Puñalá ha llegado este miércoles. La Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid han comenzado a primera hora de la mañana los trabajos de desalojo y derribo de nueve infraviviendas de este asentamiento histórico de la capital, situado en el distrito madrileño de Villaverde, en el límite con el barrio getafense de Perales del Río. En los próximos meses continuarán el desmantelamiento, con el objetivo de realojar a 89 de sus familias en pisos repartidos por la región a lo largo de 2014.

Somos un vecindario pobre, pero con muy buena genteDurante la madrugada, las familias que iban a ser desalojadas sacaban sus enseres de los chamizos que llevan habitando desde hace más de tres décadas. "He sacado lo imprescindible: algún mueble, la ropa, cuatro platos,... Tampoco tengo mucho que llevarme. Da mucha pena dejar atrás este barrio. Somos un vecindario pobre, pero con muy buena gente. Últimamente la zona estaba siendo algo problemática, por la crisis y las necesidades, pero en general es un sitio tranquilo y con buenas relaciones", explica Abdelah, uno de los primeros habitantes en llegar al poblado, allá por los años 70, "cuando aquí solo había cuatro casas".

Con el paso de los años, El Ventorro ha ido ganando terreno, hasta llegar a lo que es ahora: un asentamiento con un centenar de infraviviendas en el extrarradio de la capital, junto al río Manzanares. Muchas de las construcciones son chabolas construidas con chapas y maderas, aunque en su mayoría el poblado está formado por casas bajas realizadas con ladrillo.

"Yo compré esta casa con mi dinero"

Hacia las 7.00 horas de la mañana, los alrededores del asentamiento comenzaron a llenarse de policías, funcionarios judiciales y operarios dispuestos a derribar parte de las viviendas. Hacia las 11.00 h. caía la primera construcción, habitada desde hace 28 años por César García, conocido como "el alcalde de El Ventorro", su mujer Gema y sus tres hijos. Ellos son una de las 89 familias del poblado con derecho a ser realojados en un piso. A partir de ahora vivirán en una vivienda de Villaverde, por la que tendrán que pagar un alquiler de aproximadamente 90 euros mensuales: "Por un lado estamos contentos por irnos a una casa con mejores condiciones. Pero tengo un sabor agridulce porque aquí tengo mi vida y mi gente. Además, esta casa que me están tirando la compré yo con mi dinero y he pagado muchas reformas. Ahora me tocará pagar un alquiler todos los meses".

Siempre nos pasa lo mismo. Nos echan de nuestra casa y nos tenemos que buscar la vidaFaustino, el hermano de César, es más contundente: "Esta casa es mía, la he hecho yo con mi esfuerzo y mi dinero. Y ahora me obligan a irme a un alquiler. Me da igual que la casa que me dan tenga mejores condiciones, pero yo lo que quiero es vivir en mi casa de toda la vida. Ni siquiera nos dan un piso nuevo", se queja este hombre, atrincherado en su vivienda, mientras la comitiva oficial (con el consejero de Transportes y Vivienda, Pablo Cavero, a la cabeza) atraviesa la calle principal del poblado.

Sin embargo, no todos los habitantes de El Ventorro tendrán derecho a una vivienda digna. Solo podrán ser realojadas las personas que lleven viviendo allí desde el 31 de diciembre de 2004, que además no tengan propiedades y también que cuenten con ingresos inferiores a 3,5 veces el Iprem. El resto serán desalojados y tendrán que buscarse un nuevo lugar para vivir. El matrimonio formado por Rafa y Silvia, con sus tres hijos menores, están entre los infortunados que no han conseguido piso: "Llegamos aquí hace un año y posiblemente en marzo nos tiren la casa. No sé qué haremos, nos tocará irnos con nuestras familias", cuenta Rafa. Esta familia ya está acostumbrada a mudarse de poblado en poblado sin tener derecho al realojo: "Cuando nos casamos fuimos a vivir a Los Olivos, pero lo tiraron y nos tuvimos que buscar otro sitio. Después acabamos en El Salobral, pero pasó lo mismo: nos dejaron en la calle y no nos dieron casa. Ahora la historia se repite. ¿Por qué nunca tengo derecho a vivir de forma estable y digna?".

Cuatro poblados erradicados en los últimos años

Ya era hora de irnos. Aquí no teníamos agua y enganchábamos la luzPese a la tristeza por dejar atrás a sus vecinos y al enfado por tener que pagar un alquiler, el ambiente general en el asentamiento es de satisfacción. Es el caso de Manoli, que se va con su hijo y su marido a un piso de Usera: "Ya era hora de cambiar a una casa digna. Aquí no teníamos ni agua y teníamos que enganchar la luz para iluminarnos. La verdad es que ya tengo ganas de irme de aquí. Han sido muchos años esperando". Concretamente, el desmantelamiento de El Ventorro se empezó a planificar en 2005. Desde ese año, el Instituto de Realojamiento e Integración Social (IRIS), perteneciente a la Comunidad, está realizando apoyo social en la barriada "para mejorar su calidad de vida, apoyar la escolarización de los niños y prepararles para su nueva vida en otro entorno", explica María José Alonso, coordinadora del IRIS.

En 2008, la Comunidad firmó un convenio con el Ayuntamiento para erradicar este poblado y los ya desaparecidos de El Cañaveral, Las Mimbreras y Santa Catalina. En principio, el fin de El Ventorro estaba previsto para 2011, pero el proceso ha sufrido varios retrasos. En los últimos cuatro años, las administraciones madrileñas han realojado a 244 familias de poblados chabolistas. Desde 1998 se ha realojado  a más de 8.600 personas procedentes de núcleos de infraviviendas de la región, según datos de la Consejería de Transportes y Vivienda.

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