Moonlit landscape, c. 1808
Acuarela sobre un piasaje nocturno de Caspar David Friedrich The Morgan Library and Museum

El apasionado pintor Caspar David Friedrich (1774-1840), el más importante de los artistas alemanes de su generación, sólo entendía el mundo natural de manera emocional, a través de una subjetividad que sondeaba los sentidos y la imaginación para extraer resultados existenciales. Afirmaba que el artista no sólo debe pintar lo que ve frente a él, sino también lo que ve en sí mismo". Entendía la pintura como reflexión y sus paisajes eran más interiores que meras representaciones de la naturaleza.

A partir de esa idea —que encierra los elementros centrales del romanticismo: la observación cercana y la importancia de la imaginación—, dos grandes pinacotecas de ambos lados del Atlántico se alían para reunir con ánimo comparativo obras de los grandes maestros del paisaje romántico en las naciones, con perdón de Francia, donde el estilo cuajó con mayor intensidad.

Todos los grandes maestros

La exposiciónA Dialogue with Nature: Romantic Landscapes from Britain and Germany (Un diálogo con la naturaleza: paisajes románticos en Gran Bretaña y Alemania), organizada en conjunto por la Courtland Gallery de Londres —donde estará en cartel entre el 30 de enero y el 27 de abril— y la Biblioteca y Museo Morgan de Nueva York, reúne 30 0bras de todos los grandes maestros del paisajismo romántico en su época de mayor esplendor, entre 1760 y 1840.

Friedrich descubrió la "tragedia del paisaje" y Tuner la "verdad de la naturaleza" La muestra presenta bocetos al óleo, acuarelas y dibujos de, entre otros, Friedrich y los tres británicos que otorgaron al paisajismo la acepción de sublime: J.M.W. Turner, Thomas Gainsborough y John Constable. Si el primero fue el pintor que descubrió la "tragedia del paisaje", los otros tres siguieron su senda para expresar la "verdad de la naturaleza", porque, como afirmaba Turner, "el sol y el paisaje son dios".

Estado de éxtasis

La exposición ofrece la oportunidad de considerar los puntos de comunión y divergencia entre las escuelas alemana y británica. Mientras la primera tenía muy presente el postulado del escritor Friedrich Schiller sobre la capacidad de la naturaleza de conducir a un estado de éxtasis ajeno a la racionalidad y capaz incluso de provocar dolor por ser imposible de asimilar, los ingleses exploraron el poder del diálogo con la bóveda celeste para interpretar el juego de las fuerzas primordiales de los cuatro elementos (fuego, aire, agua, tierra) y proponer las bases de lo que sería el impresionismo.

La muestra también contiene una selección de dibujos realizados a finales del siglo XVIII, con obras de Jakob Philipp Hackert, estudios de campo de Johann Georg von Dillis y paisajes nocturnos y visionarios de Samuel Palmer y John Robert Cozens.