El papa saluda a los enfermos
Reunión que mantuvo el papa Francisco con numerosos enfermos y con miembros de la Unión Nacional Italiana del transporte por enfermedad a Lourdes y a santuarios internacionales. EFE

El papa Francisco dijo este sábado que "la Iglesia debe ser siempre reformada" porque sus miembros "son siempre pecadores y necesitan convertirse", durante la homilía pronunciada en la residencia de Santa Marta en el Vaticano, señaló Radio Vaticano.

La misa celebrada en Santa Marta, donde se aloja el Papa, ha estado dedicada a la fiesta litúrgica de la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral de Roma, ciudad de la que el pontífice es obispo.

En una breve homilía, el pontífice realizó este comentario cuando hablaba del Evangelio de la purificación del Templo, símbolo de la reforma de la Iglesia: "La Iglesia debe ser siempre reformada, Ecclesia semper reformanda, porque los miembros de la Iglesia "son siempre pecadores y necesitan convertirse". El papa terminó invitando a los fieles a rezar para que la Iglesia pueda siempre "hacer correr el agua de la gracia, que esté fundada siempre en Cristo, permanezcan fieles a ella y sus miembros se dejen convertir siempre a Jesús".

Abrazó uno por uno a enfermos

Por otro lado, Francisco saludó y abrazó durante más de una hora uno a uno a todos los enfermos que abarrotaron el Aula Paolo VI y tuvo una caricia, una palabra o un beso para cada uno de ellos, la mayoría en silla de ruedas.

El pontífice argentino se reunió con numerosos enfermos y con miembros de la Unión Nacional Italiana del transporte por enfermedad a Lourdes y a santuarios internacionales (Unitalsi, en sus siglas en italiano) en el aula Paolo VI del Vaticano, con ocasión del 110 aniversario del nacimiento de la asociación.

Muchos de los enfermos le entregaron cartas, le enseñaron fotos, le regalaron libros y le hicieron confidencias Tras su discurso, el papa bajó del estrado y una gran avalancha de gente —en el aula se encontraban unos mil enfermos— se acercó a él poniendo a los servicios de seguridad vaticanos en aprietos.

Francisco sin inmutarse recorrió cada fila del Aula Paolo VI y saludó uno a uno a todos los enfermos, la mayoría de ellos en silla de ruedas, que lo abrazaron —algunos se aferraron a él con fuerza—, besaron y a los más graves les colocó sus manos en la cabeza durante un rato.

Muchos le entregaron cartas, le enseñaron fotos, le regalaron libros y le hicieron confidencias. "Bendice a nuestros hijos", exclamaron algunos padres de niños enfermos. Un menor de unos 8 años le entregó un solideo blanco que Jorge Mario Bergoglio se colocó en la cabeza y le regaló el suyo.

Vuestra presencia "silenciosa pero más elocuente que tantas palabras, vuestra oración, la oferta cotidiana de vuestro sufrimiento en unión a aquella de Jesús crucificado para la salvación de mundo, y la aceptación paciente y también alegre de la vuestra condición son una respuesta espiritual, un patrimonio de cada comunidad cristiana", concluyó el papa.