Artefactos incendiarios
Artefactos incendiarios decomisados por el Seprona a supuestos pirómanos. SEPRONA

A Brais le gustaba ver volar los aviones mientras soltaban agua sobre las llamas. A Antonio le molestaba el matorral que impedía pastar a sus ovejas y cabras. Y Enrique no se podía controlar, sufría un impulso irrefrenable que le llevaba a prender el monte. Tres nombres, tres protagonistas del verano, los pirómanos más importantes del periodo estival de 2013 y que reflejan a la perfección los principales perfiles de los incendiarios que actúan en España, sobre todo en Galicia, la comunidad más castigada, otro año más, por los incendios forestales.

Y eso que las llamas no han sido tan virulentas en 2013. Entre el 1 de enero y el 15 de septiembre (últimos datos), se han quemado en España 49.400 hectáreas, muy lejos de la media de la última década (114.000 hectáreas). Nuestro país ha sufrido 2.303 incendios (de más de una hectárea), la mitad que el promedio medio de la década (5.038 fuegos). El Seprona de la Guardia Civil (que investiga la mayoría de los incendios) ha detenido en este tiempo en toda España a 33 personas (12 de ellos en Galicia) y ha imputado a otras 140.

Brais, de 22 años, es uno de los 33 detenidos. Es un joven tímido, introvertido, que estaba estudiando un módulo de FP y que vivía con sus padres en el concejo pontevedrés de Pinzas. "Es el perfil del típico pirómano, atraído por la belleza del fuego. Provocaba incendios porque le gustaba ver volar a los aviones y helicópteros encilla de las llamas, soltando agua", explica el alférez Álvaro Lago, del Seprona de Galicia. En su casa tenían un montón de fotos que había hecho a los medios aéreos que intervenían en las operaciones de extinción.

Brais tenía en su casa fotos que había sacado a los medios aéreos trabajando Durante todo el verano, desde junio hasta que fue detenido a finales de septiembre, provocó 16 incendios en la zona. "Los que podemos probar, aunque creemos que alguno más". Lo pillaron in fraganti. "Prendía las hojas con un simple mechero, en sitios remotos del monte, en la misma franja horaria", señala Lago. Afortunadamente no provocó grandes incendios. Todos sus fuegos no suman las 100 hectáreas, pero está en prisión preventiva. El juez lo ordenó por la alarma social que generó, porque le detuvieron cometiendo el delito, había riesgo de fuga y si quedaba en libertad podía seguir prendiendo el monte.

Pinos y eucaliptos

Galicia es la comunidad que más ha sufrido un año más. Una primavera lluviosa, una semanas en verano muy secas con fuerte viento, unido a la frondosa vegetación típica de la región, forman la ecuación perfecta. "Aquí hay mucho pino y eucalipto, dos especies que propagan rápido el fuego. Los eucaliptos son especialmente peligrosos. Sus hojas pueden volar a varios kilómetros encendidas ampliando los daños del incendio", explican en el Seprona.

En Galicia se producen el 42% de los incendios de toda España, seguida de Castilla y Léon y Asturias. Desde 1990 se han producido en la región gallega 188.070 fuegos que han calcinado más de 613.000 hectáreas (como si hubiera ardido la provincia de Ourense entera), según las estadísticas del ministerio. La Fundación Civio ha hecho un detallado análisis de década 2001-2011, en el que revela que el 55% de los fuegos son intencionados. En lo que va de año, solo el 18% de los incendios esclarecidos por la Guardia Civil en toda España han sido intencionados. Otro 30% se originó por causas accidentales y el 28% por negligencias. Las causas naturales provocaron el 24% restante.

Al perfil del pirómano se le une el del incendiario, el que tiene alguna motivación "estructural": ganaderos, agricultores, cazadores... Es el caso de Antonio, un pastor de 76 años, acusado de provocar el incendio más grave del verano en Galicia: 1.850 hectáreas arrasadas este agosto en Oia-O Rosal (Pontevedra). "Había solicitado una quema controlada la Xunta para mejorar el pasto de sus ovejas y cabras. Se le denegó", explica el alférez Lago. Aunque no se le pilló quemando el monte, hay pruebas sólidas contra él. "Utilizó un mechero y prendió a 80 metros de una torre de vigilancia en un ángulo muerto para el vigilante". Está en libertad con cargos y tiene la coartada de algún familiar, pero la Guardia Civil está segura de su autoría.

Efecto llamada

Solo en una semana en Galicia hubo 70 incendios nocturnos, provocados por el efecto llamada Las intenciones del pastor, ampliar la zona de pastoreo de su ganado, terminaron en una tragedia medioambiental que puso en peligro la vida de 200 familias. "Se produjo en un valle que sirvió de canal de propagación. En una sola noche ardieron 1.000 hectáreas", explican en el Seprona, que se lamentan de la cultura del fuego que hay en Galicia y del efecto llamada que se transmite a través de los medios de comunicación. "En la semana del 24 al 31 de agosto, cuando estaba ardiendo Oia, hubo 70 incendios nocturnos, provocados, en otras zonas. Los pirómanos acuden a este efecto llamada. Lo que aquí llamamos la 'vaga de lumes', la ola de incendios", sentencia el alférez Lago.

Lo más difícil es identificar a un sospechoso y encontrar las pruebas que lo sienten en el banquillo. Pillarlo in fraganti es difícil y complicado. Y si no, hay que atar muchos cabos. Es lo que pasó con el tercer gran pirómano del verano. Enrique, de 30 años, un guardia civil destinado en el puesto de Navas del Rey (en Madrid). Está acusado de provocar 19 fuegos forestales en la comunidad madrileña solo en el mes de julio. Era muy persistente. En un solo día lo intentó hasta en ocho ocasiones. El inicio de los fuegos coincidía con sus días libres o con horas en las que no estaba de servicio. Su método era sencillo. Amontonaba unas hojas y les prendía fuego con un mechero o una cerilla.

No se le pilló in fraganti, sino que una testigo le reconoció en una de las zonas dónde comenzó uno de los fuegos que provocó en Madrid. Fue detenido y enseguida se declaró culpable. ¿Los motivos? "Sentía un impulso irrefrenable de hacer fuego ya desde pequeño". Está en prisión preventiva en Madrid a la espera de unos exámenes psicológicos. Al final, son pocos los pirómanos e incendiarios que acaban en prisión. De los 220 reclusos que actualmente están en las cárceles españolas cumpliendo condena por provocar algún tipo de incendio, solo diez lo están por fuegos forestales. La pena de prisión oscila entre diez y 20 años, en función de las hectáreas quemadas y si se puso en riesgo la vida de personas.

En Madrid, el verano ha sido más positivo que el año pasado, "con menos fuegos, y la mayoría se han quedado en conatos", explican en el Seprona de Madrid, exactamente el 80% (menos de un hectárea quemada). El Seprona señala que en la comunidad de Madrid el perfil que más abunda es aquel que provoca un incendio "por imprudencia". Al no ser la mayoría provocados, el porcentaje de éxito para esclarecer los casos "es escaso. Su investigación presenta dificultades, escasos indicios en el lugar de inicio del fuego, falta de testigos...". De los 259 fuegos registrados, el 34% fueron provocados.