Armas químicas en Siria
Un coche calcinado por un supuesto ataque químico de las fuerzas del régimen de Bachar al Asad en el barrio de Sharqi al-Tijarra, en Damasco. EFE

Una pieza geoestratégica en el puzzle de Oriente Medio

Con 22 millones de personas, Siria tiene una importancia geoestratégica vital en el siempre tenso Oriente Medio. Dispone de salida al mar Mediterráneo, es un enclave esencial como paso de gaseoductos y oleoductos, mantiene buenas relaciones con Irán y hace frontera con Turquía por el norte, Irak por el este, Israel y Jordania al sur, y Líbano por el oeste.

Composición étnica y minorías hinchadas

El 87% de la población siria es musulmana. De ellos, el 74% son suníes y el 13%, de las ramas chií, alauí e ismailí. Los cristianos son el 10% y los drusos (una secta de origen islámico), un 3%. Existen también minorías turcas, armenias y kurdas.

Como herencia de la época colonialista francesa, las minorías disfrutan de una gran relevancia en el país y la dinastía Asad es de una de ellas, la alauita. Gran parte de los rebeldes son de la rama suní, por lo que cuentan con el apoyo de Al Qaeda.

Los Asad, una dinastía casi eterna en el poder

Siria está controlada por el partido Baas (socialismo panarabista) desde el golpe de Estado de 1963. Siete años después -y mediante otro golpe- todo el poder pasó a una familia, los Asad (león, en árabe), y su círculo íntimo. Hafez Al-Asad, padre del actual presidente, diseñó y dirigió durante tres décadas un régimen monolítico y policial, basado en dos pilares: el partido y los órganos de seguridad del Estado.

La muerte de Hafez ascendió al poder a su hijo Bachar, quien ha mantenido el régimen dictatorial, en tela de juicio desde el inicio de la primavera árabe.

El origen de la revolución

Hasta marzo de 2011, la primavera árabe, que se había extendido por Egipto, Túnez y Libia, no había alcanzado Siria. Ese mes, las protestas se multiplicaron por el país desde la ciudad de Deraa, origen de la revolución. En esa provincia, unos jóvenes fueron detenidos y torturados por pintar unos grafitis contra Asad. Las manifestaciones para su liberación acabaron con varias personas muertas. Desde ese momento, el levantamiento se extendió por todo el país y la violenta represión del Gobierno aumentó.

¿Quién apoya una interevención militar?

Siria ha esquivado la intervención militar internacional desde hace dos años, pero el supuesto uso de armas químicas por parte del régimen, del que la administración estadounidense afirma que tiene "pruebas innegables", puede ser el detonante para la misma. Así lo ha dicho Barack Obama, presidente de EE UU, aunque le está costado tomar la decisión, sobre todo, porque tiene muy en cuenta las posibles bajas en sus tropas.

Reino Unido es el país que más decidido se ha mostrado a intervernir y ha sido el país que ha pedido una resolución del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que la apoye. Francia se ha unido a la petición, pero ninguno de los tres quiere esperar a dicha resolución.

Israel. El ejército de la estrella de David puede aprovechar el río revuelto para reforzar sus posiciones en Oriente Medio ante los países árabes. Siempre contará con el apoyo de EE UU. Irán ya ha amenazado con que "si hay ataque, la llama de la indignación apuntará a Israel".

Turquía y Arabia Saudí son los principales países árabes defensores de una intervención en Siria. Los otomanos porque quieren controlar a los kurdos que están en el norte de Siria y atacan en territorio turco. Además, ansían incrementar su influencia sobre el paso de oleductos y gaseoductos por la zona.

Los saudíes encabezan el grupo de naciones petroleras del Golfo Pérsico, en el que también están Kuwait, Qatar, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos. Les interesa ganar más peso en la región y, si en Siria cae el alauita Asad, saldría fortalecida su facción, la de los suníes. Estos países han sido fundamentales en el suministro de armas a la oposición rebelde siria, en especial, Arabia Saudí.

La OTAN se ha sumado a este grupo: "El uso de armas químicas no puede quedar sin respuesta".

¿Quién está en contra de la intervención?

Rusia y China son los principales defensores del régimen de Asad. Sobre todo, los rusos, quienes anunciaron "consecuencias catastróficas" en el caso de que Siria fuera atacada. China está situada en segundo plano, pero insiste en que se deje trabajar a los inspectores de la ONU para tomar una decisión.

Entre los países árabes, Irán es el mayor valedor del régimen sirio. De hecho, ambos países, de gobiernos chiítas, al igual que Irak, fueron incluidos en el Eje del Mal del presidente estadounidense George W. Bush. Rusia opina que el derrocamiento de Asad sería el primer paso para llegar a Irán.

El papel de la ONU

La ONU, por su parte, ha afirmado que "cualquier acción debe contar con el aval del Consejo de Seguridad". Entre tanto, un grupo de sus inspectores se encuentra en Siria desde el pasado lunes 26 de agosto investigando el supuesto uso de armas químicas e intentando recabar pruebas. El trabajo no les está resultando fácil, ya que solo pueden llegar dónde les dejan y cuándo les dejan. De hecho, fueron tiroteados por francotiradores el primer día. Han pedido 4 días más para que les de tiempo a concluir sus investigaciones.

En el pasado la falta de aval de la ONU no ha impedido que en el pasado se atacaran otros países sin mandato deNaciones Unidas: Kosovo en 1999 e Irak en 2003. Y parece que EE UU, Gran Bretaña y Francia no quieren esperar más.

El detonante químico

Obama dijo en 2011 que "la línea roja" que no se podía traspasar en Siria sería el uso de armas químicas contra la población. Presuntamente, el régimen de Asad, que posee reservas de gas sarín y gas mostaza, las ha utilizado en suburbios de Damasco, con el resultado de 1.300 muertos.

En cambio, Rusia no ha descartado la posibilidad de que los rebeldes también las hayan usado, aunque los expertos militares aseguran que es complicado que cuenten con un armamento pesado de tal calibre.

El Reino Unido también ha esgrimido otro argumento a última hora: "Proteger a los civiles". Este es el que ha esgrimido ante la ONU para solicitar la intervención, tal y como ocurrió en Libia en 2011 y que acabó con la caída de Muamar el Gadafi. Rusia afirma que el proyecto de resolución solo es una maniobra táctica para justificar un ataque unilateral.

Una ofensiva a distancia

El ataque, de producirse, será desde el aire y desde el mar, evitando en todo momento el despliegue de tropas terrestres, como ha dejado claro Obama en varias ocasiones. No desea que la guerra se convierta en un "nuevo Vietnam", como le amenazó Asad. El presidente estadounidense desea evitar la muerte de soldados estadounidenses, hecho que minaría su imagen pública y, sobre todo, algo que tienen más en cuenta los políticos de su país: se desplomaría en las encuestas.

El ataque por mar lo realizarán cuatro destructores que el ejército estadounidense ya tiene desplegados en el Mediterráneo. Lanzarán sobre territorio sirio misiles Tomahawk.

El apoyo aéreo consistirá en bombardear y destruir instalaciones militares y de comunicación enemigas y almacenes de armas químicas.

Para defenderse, Siria cuenta con material bélico ruso y, supuestamente, con los modernos misiles antiaéreos S-300, también rusos. El Kremlin ha negado que se los haya enviado aún, ya que la entrega está prevista para 2014. Además, se supone que tiene el cuarto arsenal químico del mundo. Es uno de los cinco países que no firmaron la Convención Internacional contra su uso en 1993 (Angola, Corea del Norte, Egipto , Sudán del Sur y Siria).

Seis millones de desplazados

Desde que comenzó el conflicto, 6 millones de personas se han visto desplazadas de sus hogares y 3 millones han tenido que escapar de Siria, convirtiéndose en refugiados. De esta última cifra, más de un 1 millón son niños.

Los países receptores de este éxodo son Turquía, Irak, Jordania y Líbano.

La guerra civil en Siria ha dejado, hasta el momento, más de 200.000 muertos, de los cuales 40.000 son víctimas civiles. Se calcula que más de 5.000 son niños.

¿Y después, qué?

Las reticencias al ataque aumentan entre la coalición internacional al pensar en el futuro sin Asad. El lado rebelde no está estructurado políticamente y se le acusa de estar formado en gran parte por células de Al Qaeda. Los grandes temores son que el país caiga en manos de los islamistas o que se enquiste como en Libia. De hecho, EE UU ha comentado que no busca derrocar a Asad, sino que los países de la región entiendan que hay consecuencias si usan armas químicas.