La sentencia considera probado que los ahora condenados, Iván e Ildefonso, convencieron hace nueve años a Valentín, a sabiendas de que sufre un retraso mental, para que fuera el gerente de una empresa de compraventa de comida ficticia, sin registrar.
Durante tres meses, realizaron compras de comida cuyo importe se pagaría a 90 días y, antes de que venciera el plazo, entregaron pagarés para recibir más género, que luego los timados no pudieron cobrar. Una vez con la mercancía, huyeron dejando en su buzón las llaves del local.