Egipto
Simpatizantes del depuesto presidente egipcio Mohamed Mursi se manifiestan cerca de la mezquita Rabaa Adawiya en El Cairo (Egipto). EFE/KHALED ELFIQI

Un presidente interino con la mano del Ejército sobre su hombro. Decenas de muertos en las calles desde hace días y el extraño apoyo de coptos, suníes y un premio nobel de la paz a un golpe de Estado muy anunciado. Así está el panorama en Egipto, líder del mundo árabe y país con el puesto 34 de 178 en la lista de Estados fallidos de 2013 de la organización The Fund for Peace.

Tras el movimiento de las Fuerzas Armadas para quitar de en medio a Mohamed Morsi y, por ende, a los Hermanos Musulmanes y a su islam político, la correlación de fuerzas existentes en el país mediterráneo no ha variado demasiado. Por una parte, la fractura social entre partidarios y detractores de Morsi sigue intacta; por otra, los Hermanos siguen siendo el grupo más organizado a nivel político, ya que la oposición, atomizada, no tiene un proyecto fuerte; por último, los militares siguen cumpliendo su papel de vigilantes del statu quo.

El Ejército ha sido siempre "la columna vertebral" de Egipto, explica a 20minutos Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). "Están por encima de las leyes y arbitran la vida política", pero siempre defendiendo sus privilegios y sus intereses, que pasan también por preservar la situación del Canal de Suez y la calma con Israel. Lo que pase dentro no les preocupa tanto, siempre y cuando encuentren un actor con el que "cohabitar" políticamente.

¿Golpe o "corrección" de la revolución?

Robert Satloff, director del think tank Washington Institute for Near East Policy (WINEP), afirma en The Washington Post que Estados Unidos, que da una ayuda anual a las Fuerzas Armadas egipcias de unos 1.300 millones de dólares —la segunda más cuantiosa tras la de Israel—, puso el "piloto automático" en Egipto y dejó en manos de los militares el devenir del país tras la renuncia del dictador Hosni Mubarak en 2011. Un "error", en su opinión, porque el Ejército, al que llega a tildar de "incompetente", no supo controlar a los Hermanos.  

El ministro de Defensa, Abdel Fatah el Sisi, encargado de anunciar al mundo la marcha forzada de Morsi, afirmó que el Ejército no quería 'mezclarse en política', algo que suena, según Nuñez, "sarcástico" después de un manifiesto "golpe de Estado". Tanto la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, como el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, entre otros, han evitado pronunciar esta expresión —si se reconoce el golpe, Estados Unidos tendría que cerrar por ley el grifo del dinero—, pero para el experto no hay duda: "Un golpe no es solo tomar el poder, también interrumpir el proceso político".

Morsi no supo reaccionar a lo que le pedía el pueblo, pero tampoco al serio aviso del EjércitoOtra cosa es la escenificación. El flamante nuevo presidente, Adli Mansur, ha hablado de "corregir" la revolución del 25 de enero de 2011. El miércoles, el representante del opositor Frente 30 de Junio, Mohamed elBaradei, el jeque suní de la institución de Al Azhar, Ahmed al Tayeb, el secretario general del partido salafista Al Nur, Galal Morra, y hasta el coordinador del movimiento juvenil Tamarrud (Rebelión), Mohamed Abdelaziz, parecían apoyar, cada uno en su discurso, este brutal giro de los acontecimientos.

"Al rodearse de actores políticos los militares muestran que quieren reinar, no gobernar", añade. El desgaste les pasaría factura. Hasta el momento, los Hermanos Musulmanes, que llegaron al poder de la mano de Morsi en unas elecciones democráticas en 2012, habían funcionado como aliados, pero la deriva política, social y económica ha terminado hundiendo el país. Morsi no supo reaccionar a lo que le pedía el pueblo, pero tampoco al serio aviso del Ejército. No gestionó bien y permitió la "hermanización de las instituciones", tal y como señala Haizam Amirah Fernández, investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe en el Real Instituto Elcano.

El descontento social era evidente, aunque el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas se ha erigido en protagonista de esta pretendida "revolución del 30 de junio", en palabras de Mansur, expresidente del Constitucional. El Ejército permanecerá "detrás del escenario", explica Núñez, que destaca que a pesar de lo que hizo en el pasado tiene una "buena imagen social", por eso se explican algunas reacciones populares tras el golpe —"El pueblo está feliz, el ejército ha cumplido una petición popular", decía a 20minutos Carmen Álvarez, profesora de español en El Cairo— y de la oposición.

Los mismos problemas para el que venga

¿Y ahora? "Sea quien sea quien venga ahora —se supone que Mansur convocará elecciones presidenciales anticipadas— se enfrentará a los mismos problemas que Morsi", recuerda Núñez. Se refiere, por ejemplo, al paro creciente, cuya tasa podría alcanzar el 18%, a que según African Economic Outlook el 25,2% de la población vivía con menos de un dólar y medio al día en 2010 y 2011, a los cortes constantes de luz, a la falta de combustible y a la depreciación de la moneda local. Por no hablar de los derechos humanos, de las violaciones de mujeres.
 
Asimismo, la fractura social entre partidarios y detractores de los Hermanos Musulmanes podría desencadenar venganzas y episodios violentos; ese es el temor general y el mayor "desafío" a corto plazo de los militares. Amnistía Internacional se ha apresurado a pedir que nadie sea "castigado por un ejercicio pacífico del derecho de libertad de expresión, asociación y asamblea". De momento, al menos 15 personas han muerto en los últimos enfrentamientos y el líder de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Badie, ha sido arrestado.

A medio plazo, las Fuerzas Armadas necesitarán otro "interlocutor" para que lleve el día a día del país, aunque el Núñez recuerda que, aún hoy, el grupo mejor dispuesto y organizado siguen siendo los Hermanos Musulmanes. La oposición se ha levantado contra Morsi, creía necesario un cambio de rumbo, pero "no tiene un proyecto político" sólido, explica. Por lo tanto, todavía es posible que el islamismo regrese por la vía de las urnas a regir el destino de Egipto dos años después de su lejana primavera.