Martin Schulz
El presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, en su despacho de Estrasburgo.

Martin Schulz se ha ganado, en poco más de año y medio, un lugar privilegiado en el panteón socialdemócrata del continente. El todavía presidente del Parlamento Europeo muestra al hablar más convicciones europeístas e izquierdistas que guión. Su biografía política desafía al espíritu de la época: no pertenece a la intelligentsia tecnócrata ni es un funcionario de carrera en perpetua excedencia, y ama tanto la cultura que prefirió abrir una librería a matricularse en la universidad.

Acaba de regresar a Estrasburgo la otra sede del PE junto con Bruselas tras un apresurado viaje a Alemania, su país natal. Entra con paso veloz en su despacho, un bureau austero, luminoso, adornado con dedicatorias de Rafael Alberti y, sorprendentemente, bastantes libros en español, idioma que no habla. El tiempo es más escaso que su obstinada vocación de pedagogo. Un breve saludo y comienza a responder con agrado y pasión apenas contenida. Europa es único tema posible.

Necesitamos más fantasía para crear un área de cooperación económica en el Mediterráneo El Parlamento Europeo que salga de las próximas elecciones, en 2014, será el más democrático de la historia de la UE. Elegirá directamente al presidente de la CE y tendrá más capacidad legislativa que nunca. Paradójicamente, en este Parlamento el euroescepticismo podría ser mayoritario… ¿teme usted un futuro Europarlamento ingobernable?
Es verdad que los populistas y euroescépticos de todas las tendencias políticas podrían tener más repercusión. Pero queda todavía un año para tratar de convencer a los ciudadanos de que la UE necesita ser reformada, para lo que son necesarios los tradicionales partidos proeuropeos. ¿En el caso de que se incremente el número de euroescépticos en la Cámara tendré miedo? No lo tendré, porque todavía hay tiempo para recuperar la confianza.

Usted a menudo habla de que Europa necesita más fantasía. ¿ De que manera concreta se puede materializar este anhelo? ¿La gente joven de la UE necesita fantasía o trabajo? ¿Cómo podemos evitar el riesgo de perder a toda una generación?
He dicho que la UE necesita más fantasía porque pienso que tiene carencia de ella, y una cosa no puede separarse de la otra. Especialmente he hablado de que se necesita más fantasía en el marco del empleo. Un ejemplo. Los países del norte de África están inmersos en un completo proceso de transformación. ¿Qué es lo que necesitan? Un sistema educativo, sistemas de aprovisionamiento de agua, agricultura sostenible e infraestructuras también sostenibles (aeropuertos, ferrocarriles, autopistas…). ¿Qué países son los que pueden cooperar a ese nivel con ellos? La parte sur de Europa: España, Italia, Francia, Grecia y Chipre. Necesitamos, pues, más fantasía para crear un área de cooperación económica en el Mediterráneo y así crear más trabajo.

Una UE de muchas velocidades no contribuye a solucionar los problemas, es una fuente de ellos La crisis financiera, las amargas discusiones entre austeridad o crecimiento dentro de la zona Euro… ¿Podrían estas discusiones insanas llegar a desarrollar nuevas divisiones económicas y políticas dentro de Europa? ¿Ha regresado la Europa de las dos velocidades?
Una Europa de dos velocidades no es una solución para nuestros problemas. Ahora tenemos una UE de muchas velocidades. Hay algunos países que van muy rápido; tenemos países con euro y países sin euro, tenemos países Schengen [que han suscrito el acuerdo de supresión de fronteras interiores] perteneciendo a la UE y otros países que pertenecen a la UE, pero no son Schengen… Una Europa de muchas velocidades tampoco contribuye a solucionar los problemas, es una fuente de ellos. Por ello vengo diciendo desde hace mucho tiempo que tenemos que poner más atención en equilibrar los balances macroeconómicos. Este el primer paso para hacer una Europa mejor. No es viable que un país, por ejemplo el mío, yo soy alemán, tengamos tasas de interés negativo y en cambio otros países paguen un 7% por su deuda pública. Esto sí es un desarrollo enfermizo.

Usted goza de buena reputación entre los ciudadanos y la prensa de los países del sur de la UE y también entre los integrantes de los partidos de la izquierda socialdemócrata. ¿Piensa presentarse como candidato para optar a la presidencia de la Comisión Europea?
He tomado nota de que mi nombre es siempre mencionado como candidato público de mi partido político, los socialdemócratas. Es un honor ser considerado por alguien como posible candidato a sustituir al señor Barroso [actual presidente de la CE], pero todavía es demasiado pronto para discutirlo y además ahora estoy concentrado en los retos de mi actual obligación como presidente del PE.

Es un honor ser considerado como un posible candidato a sustituir al señor Barroso El historiador británico Tony Judt, que dedicó toda su vida académica al estudio del continente, vaticinó un futuro casi ruinoso para Europa. Fue en un breve ensayo publicado en 1994. Judt defendió entonces una tesis controvertida, pero quizá premonitoria de nuestros tiempos: Europa no podría seguir prometiendo prosperidad indefinidamente. ¿Está de acuerdo? ¿Hay esperanza?
Estoy completamente en desacuerdo con dicha tesis. Somos [Europa] la parte más rica del mundo. Los ingresos per cápita son más altos todavía en nuestro continente que en el resto del mundo. Pero hay un problema. En la parte más rica del mundo tenemos una distribución muy injusta de la riqueza. El fraude fiscal de los europeos que más dinero tienen asciende a un billón de euros, que están escondidos en paraísos fiscales; recuperar el 10% supondría 100.000 millones más de euros en los presupuestos públicos. Hay muchos países de la UE con problemas, y con esa cantidad se podrían ofrecer promesas de justicia social. Esto es por lo que estamos luchando.

¿Sería necesario, de cara a la próxima generación, definir o incluso inventar una nueva narrativa sobre el pasado y la historia de Europa?
La palabra 'narrativa' ha sido siempre para mí una palabra extraña. No necesitamos una narrativa. Lo que necesitamos es inspirar a la gente para que defienda la idea de Europa. Que países y naciones, más allá de sus fronteras, cooperen en instituciones comunes, porque sepan que juntos son más fuertes que si están solos. Esta idea es incontestable. Se trata no solo traspasar fronteras físicas, sino también fronteras lingüísticas, culturales, económicas. Se trata de cooperar para afrontar los retos del siglo XXI: cambio climático, evasión fiscal, inmigración, desarrollo sostenible, mejor distribución de la riqueza en el mundo, solidaridad entre las poblaciones para defender los valores individuales, los derechos ciudadanos y los derechos sociales. Siempre que discuto con europeos sobre esto dicen: “Bien, esta es una buena idea, adelante”. Pero nuestro problema es que cada vez más personas no se identifican con esa idea que he mencionado. Así que mi hipótesis es que aquellos que quieren defender la idea de Europa no necesitan una nueva narrativa, sino que tienen que cambiar la UE y reformar las instituciones.