Acaba la campaña electoral en Irán sin favoritos claros y con una única alternativa reformista

  • Medios y candidatos coinciden en que nadie superará el 50% de los votos.
  • En un régimen controlado por el poder omnímodo del líder supremo Jamenei, es difícil que un candidato que no sea ultraconservador gane estas elecciones.
  • Los reformistas suman fuerzas para intentar forzar una segunda vuelta.
  • Hasan Rohani, un clérigo chií con un largo historial revolucionario, se ha convertido en el candidato de unidad del sector reformista.
El ayatolá Alí Jameneí, durante su discurso de Año Nuevo Persa.
El ayatolá Alí Jameneí, durante su discurso de Año Nuevo Persa.
Página oficial de Jameini / Efe

La campaña electoral para los comicios locales y presidenciales en Irán ha cerrado este jueves, sin que haya quedado claro cuál de los seis candidatos a gobernar el país es el favorito para ganar las elecciones.

Tanto los medios iraníes como algunos de los candidatos han apuntado que en las votaciones del 14 de junio, ninguno de los aspirantes superará el 50%de votos, por lo que tendrá que celebrarse una segunda vuelta el 21 de junio, con los dos que más sufragios obtengan.

La campaña comenzó el 21 de mayo, después de que el Consejo de Guardianes, órgano religioso que supervisa la vida política de Irán, seleccionara ocho candidatos a la Presidencia entre 686 aspirantes inscritos y ha finalizado 24 horas antes de la apertura de las urnas, mañana a las ocho de la mañana.

El Consejo de Guardianes admitió como candidatos a cinco ultraconservadores principalistas cercanos al líder supremo, ayatolá Ali Jamenei, dos reformistas moderados próximos a los ex presidentes Akbar Hashemi Rafsanyani y Mohamed Jatami y un tecnócrata.

Fuera quedaron los dos principales oponentes al circulo de Jamenei, el propio Rafsanyani, cuya inscripción había levantado grandes expectativas entre los reformistas, y el nacionalista conservador Esfandiar Rahim Mashaei, principal asesor del actual presidente, Mahmud Ahmadineyad, cuya corriente quedó excluida.

La lucha electoral quedaba así reducida, según los comentaristas, a una batalla dentro del sector duro del régimen islámico, con tres aspirantes más religiosos y políticos, Said Jalili, Ali Akbar Velayati y Gholam Ali Hadad Adel, que luego renunciaría, y otros dos más pragmáticos, Mohamad Bagher Qalibaf y Mohsen Rezaei.

Los reformistas, todos a una

Frente a los ultraconservadores estaban dos reformistas moderados, el clérigo chií Hasan Rohani y el ex vicepresidente de la época de Jatami, Mohamad Reza Aref, que finalmente abandonó la carrera electoral para dejar a Rohani como candidato de consenso de ese sector.

Además ha acabado su campaña, el tecnócrata Mohamad Gharazi, que se mostró dispuesto a retirarse y apoyar a Rohani, pero aún no lo ha hecho.

En la campaña, han quedado claras las diferencias entre los reformistas y los ultraconservadores, en especial en política social e internacional, en concreto en lo relativo a la cuestión nuclear iraní.  Rohani ha defendido la redacción de un código de Derechos Civiles, la creación de un Ministerio de la Mujer y también una política exterior para "acabar con el ambiente de confrontación con el mundo", para poner fin al creciente aislamiento de Irán y acabar con las sanciones internacionales.

En el polo opuesto, el candidato conservador más radical, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Said Jalili, propugna fidelidad al sistema islámico, defensa a ultranza del programa nuclear, resistencia ante "el enemigo" occidental y ha dicho que el lugar de la mujer está en su casa cuidando a sus hijos.

Mientras Velayati hacía una campaña similar, aunque con más guiños a la diplomacia, los otros dos ultraconservadores, Qalibaf y Rezaei, se han centrado en las cuestiones económicas.

En un régimen controlado por el poder omnímodo del líder supremo Jamenei y los militares del Cuerpo de Guardianes de la Revolución, encargados de la defensa del sistema islámico, es difícil que un candidato que no sea ultraconservador gane estas elecciones.

Pese a eso, los reformistas han unido fuerzas para tratar de forzar una segunda vuelta e incrementar sus escasas posibilidades, ya que, además, gran parte de su electorado está desencantado y difícilmente acudirá a votar tras lo sucedido en 2009, cuando ganó Ahmadineyad y se produjeron denuncias de fraude y protestas.

Mientras unos reformistas acuden a las elecciones, gran parte de este sector boicotea los comicios y reclama la liberación de sus candidatos de 2009, Mir Husein Musavi y Mehdi Karrubi, en prisión domiciliaria desde hace más de dos años, incomunicados y sin juicio.

Rohani, candidato de consenso

Hasan Rohani es el clérigo chií con un largo historial revolucionario que se ha convertido en el candidato de unidad del sector reformista moderado, tras una campaña en la que ha apelado a la moderación y la mejora de las relaciones exteriores.

Rohani, considerado un pragmático cercano al ex presidente reformista moderado Akbar Hashemi Rafsanyani, también ha gozado de una buena relación con el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, con el que ha colaborado desde la época de la guerra con Irak, de 1980 a 1988.

A partir de 1969, diez años antes de la Revolución Islámica encabezada por el ayatolá Ruhola Jomeini, compaginó los estudios religiosos con los laicos en la Universidad de Teherán y, en 1972, obtuvo una licenciatura en Derecho en la capital del país.  Fue seguidor de Jomeini desde jovene hizo campaña en contra del sha Mohamed Reza Palevi, que gobernaba el país de forma dictatorial.

Ya en su primera gira, fue detenido por la Policía Política del régimen del sha, la Savak, y fichado como sedicioso. Dos años antes de la Revolución, fue el primero en dar a Jomeini el título de Imán, con lo que le reconocía la máxima autoridad en el Islám chií duodecimalista que rige en Irán. Tras esto, se vio de nuevo perseguido, escapó del país y se fue al Reino Unido, donde hizo una abundante labor proselitista entre los estudiantes iraníes.

Ha formado parte de varios gobiernos reformistas e incluso ocupó la secretaría del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y se encargó de las negociaciones sobre la cuestión nuclear iraní. Llegó a acordar medidas de confianza y cesar algunas actividades del programa nuclear iraní, con lo que se calmaron las aguas en la escena exterior.

Medidas de seguridad y censura

El ayatolá Jamenei, junto al resto del clero chií que domina el régimen, y los militares han pedido una gran participación para legitimar el sistema islámico y también han advertido que no permitirán protestas como las posteriores a los comicios de 2009.

Los preparativos para la jornada electoral están listos y, mientras la Policía, los Guardianes de la Revolución y los milicianos Voluntarios Islámicos (Basij) han tomado medidas de seguridad y se han cerrado algunas fronteras, también se han limitado las comunicaciones, sobre todo por internet.

Con la oposición laica proscrita, el ala nacionalista islámica de Ahmadineyad marginada y los reformistas muy debilitados, estas undécimas presidenciales son los comicios más restringidos de la historia de la República Islámica, que en cada proceso electoral relega a más sectores del sistema teocrático y reduce su base.

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