Presentan el esplendor de los jardines en el arte renacentista

  • Una exposición compendia dibujos, ilustraciones y cuadros de entre 1400 y 1600 con la magia y el esplendor de los jardines como tema central.
  • Durante el Renacimiento se registró un aumento en la plantación y diseño de idílicos espacios verdes y florales como complemento armónico de los edificios.
  • Los artistas no fueron ajenos a la fascinación por los jardines y pusieron las bases de la naturaleza exhuberante como protagonista de la pintura barroca.
Detalle de la ilustración en tempera y oro de Betsabé bañándose ante David, pintada por el francés Jean Bourdichon
Detalle de la ilustración en tempera y oro de Betsabé bañándose ante David, pintada por el francés Jean Bourdichon
The J. Paul Getty Museum, Los Angeles

Aunque los jardines y sus elementos florales ya aparecen en algunas obras de arte medievales, sólo se convirtieron en protagonistas casi centrales de la pintura, el dibujo, los manuscritos iluminados o el grabado con la llegada del renacimiento y su progresivo esplendor entre los siglos XV y XVII. Durante esta época, que coincide con el despliegue del humanismo y el descubrimiento y exploración de territorios lejanos, se registró un aumento drástico en la plantación y diseño de idílicos espacios verdes como complemento de las construcciones. Los artistas no fueron ajenos al boom de los jardines.

La exposición Gardens of the Renaissance (Jardines del Renacimiento) —que acaba de inaugurar el J. Paul Getty Museum de Los Ángeles (EE UU)— demuestra hasta que punto los creadores renacentistas reflejaron el creciente gusto social por los jardines y pusieron las bases para la presencia exuberante de la naturaleza como protagonista primera del arte que eclosionó en el barroco. La muestra, que compendia óleos, obras gráficas e iluminaciones, estará en cartel hasta el 11 de agosto.

Las primeras flores pintadas con precisión

Al contrario que sus predecesores medievales, muy poco preocupados por la fidelidad de las formas de las flores, plantas o árboles que representaban —sobre todo porque el mundo europeo estaba encerrado en sí mismo—, los artistas del renacimiento, que ya tenían claro que la idea del teocentrismo (dios como centro del universo) era una falacia y la empezaban a sustituir por el antropocentrismo (el ser humano como centro), querían documentarse antes de pintar. En la exposición de Los Ángeles se muestra, por ejemplo, la lámina Insect, Tulip, Caterpillar, Spider, Pear, pintada entre 1591 y 1596 por el artista flamenco Joris Hoefnagel (1542-1600), uno de los primeros en realizar naturalezas muertas con precisión.

Pese a que los jardines eran presentados como espacios idílicos donde se reunían los amantes, los cortesanos se retiraban de la vida urbana y los aventureros buscaban una prolongación del paraíso en la Tierra, el simbolismo religioso todavía era común para aquellos pioneros de la pintura de la naturaleza. Incluso en imágenes de flores, como las del artista francés Jean Bourdichon en La adoración de los Magos (entre 1480 y 1485), las uvas, rosas, verónicas azules y anémonas rojas que sirven de friso al cuadro son metáforas visuales de la crucifixión y resurrección de Cristo.

Cristo representado como jardinero

La relación entre jardín y fe cristiana no es extraña si se considera que la idea de la salvación tiene sus raíces, según la religión, en espacios verdes, desde el Jardín del Edén de Adán y Eva hasta el huerto de Getsemaní de la resurrección. Teólogos renacentistas y aventureros buscaban descubrir la ubicación del Edén, que los artistas a menudo representaban como un huerto verde rodeado de altos muros, y los peregrinos corrían el riesgo de largos y peligrosos viajes para visitar los jardines que Cristo había frecuentado, que en las obras de artes tienden a ser más pequeños y cerrados por una simple valla de madera. Otra representación común es la de Cristo como jardinero. En una imagen del artista flamenco Lieven van Lathem (alrededor de 1469), María Magdalena se arrodilla ante el Cristo resucitado, que aparece con una pala en la mano.

Pero la contaminación religiosa empieza también a ser difusa en esta época con las pinturas de jardines como espacios de recreo cortesano, con lechos de hierbas y flores dispuestas en patrones geométricos, que no sólo expresan el control de la naturaleza sino el ideal renacentista de que el arte está determinado solamente por el arte. Una de las láminas más hermosas de la exposición, El baño de Bathsheba, también del citado Bourdichon, es incluso escandalosa: la figura denuda y sensual de Betsabé seduce al rey David que la contempla desde la ventana de su palacio.

La exposición "celebra el jardín renacentista, que heredó las tradiciones del claustro monástico medieval y sentó las bases para los jardines extravagantes de la época barroca", señala Timothy Potts, director del J. Paul Getty Museum. La muestra, añade, refleja "la apreciación del renacimiento por el magnífico follaje, el color brillante y el exquisito diseño del paisaje".

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