Óscar Llorente, un exfumador
Óscar Llorente dejó de fumar sin ayuda, y solo con fuerza de voluntad. JORGE PARÍS

Fumar mata. Y no poco, a la vista de las estadísticas. Como muestra, dos ejemplos: El riesgo de padecer cáncer de pulmón (el más frecuente de todos los tumores) es 20 veces mayor en un fumador que en un no fumador, "y más del 90% de los casos detectados se dan en fumadores", según afirma el doctor Rafael Rosell, jefe del Instituto Oncológico. Además, el 50% de las personas que fuman morirán como consecuencia del tabaco, tal como reflejan las estimaciones de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

Cuatro millones de personas mueren en el mundo cada año por culpa del tabaco Que fumar favorece la proliferación del cáncer es un hecho corroborado por múltiples estadísticas: Hasta un 20% de todos los tumores está provocado directamente por el consumo de tabaco, tal como señalan estudios del Instituto Catalán de Oncología (ICO). Así, cada año en la Unión Europea se registran unas 700.000 muertes por tabaquismo, según datos comunitarios. Son más de 4 millones en todo el mundo. En España, por esta misma causa, han fallecido más de 705.000 personas desde el año 2000, tal como indican los registros de la Sociedad Española de Especialistas en Tabaquismo. La AECC, por su parte, calcula que en España cada año el tabaco es responsable de la muerte de unas 56.000 personas, lo que equivale a una séptima parte de las muertes totales.

El hábito de fumar no solo aumenta el riesgo de muerte, sino que altera la salud general de la población. Así, expertos en reproducción asistida como la doctora Victoria Verdú (de la Clínica Ginefiv) resaltan que el tabaco, entre otros perjuicios, reduce a la mitad las posibilidades de gestación de las mujeres fumadoras. Ante tal avalancha de perjuicios causdos por el tabaco, las autoridades españolas y europeas celebran este viernes el Día Mundial Contra el Tabaco. El objetivo: concienciar a la población fumadora de las ventajas de abandonar este hábito.

Un hábito doblemente caro

Parches de nicotina, láser, acupuntura, hipnosis, fármacos... son algunos de los métodos para dejar de fumar El tabaco sale caro, por partida doble. Por un lado para el propio fumador, que en España se deja una media de 1.460 euros anuales en cigarrillos, según datos de la AECC. Pero es que el tabaquismo, en cuanto a problema de salud pública, supone un coste sanitario de 7.695 millones de euros solo por el gasto causado por las cinco principales enfermedades asociadas al tabaco.

En 2006 y 2011 se aprobaron sendas leyes antitabaco, que limitaron la presencia de cigarrillos y puros e hicieron desaparecer de los bares y restaurantes de toda España el humo de los fumadores. Pese a la polémica inicial de la nueva legislación, los datos oficiales avalan la efectividad de la medida: La ley permitió reducir un 11% el número de infartos agudos de miocardio y convenció a más de un millón de personas de abandonar el tabaco, según el Observatorio para la Prevención del Tabaquismo.

Si el fumador está convencido de dejarlo, queda encontrar el método que más se adapte a cada uno. Acupuntura, parches de nicotina, hipnosis, láser de nivel bajo, medicamentos, filtros reductores... el abanico de opciones se extiende desde los métodos tradicionales hasta la última teconología médica. Cuatro exfumadores explican a este diario su experiencia.

"Llené la casa de encurtidos y chupachups"

Óscar Llorente (Madrid). Tal como él mismo reconoce, Óscar (ver foto superior) era un fumador compulsivo, "que fumaba un paquete diario y dos o más si salía". Un día decidió que no podía seguir así porque el tabaco le iba a pasar factura a su salud. "Un día, después de salir, dije que no volvería a fumar, y ya llevo ocho años sin hacerlo", cuenta.

¿Cómo afrontó el abandono de ese vicio? En su caso, se valió solo de su fuerza de voluntad, y de algo de picoteo: "Llené la casa de encurtidos y de chupachups; pese a que sufrí varios picos de ansiedad, los más fuertes solo duraron una semana, y luego fue más fácil", explica. En su caso, no precisó de métodos de deshabituación progresiva porque no cree en ellos. "Soy psicólogo y he visto muchos métodos, pero ninguno me convence más que la determinación firme", dice.

"Solo fui a una sesión de hipnosis y lo dejé"

Ricard RodríguezRicardo Rodríguez (Barcelona). Para este diseñador gráfico, la fuerza de voluntad no bastaba por si sola, y ya había fracasado en otros intentos de dejar el tabaco. Alguien le recomendó la hipnosis, y a pesar de que era reticente, leyó comentarios muy positivos en internet y se decidió a someterse a una sesión en el Instituto de la Hipnosis. "La sesión duró entre una hora y hora y media; salí de ahí sin ganas de fumar y en apenas dos días ya no sentía ninguna necesidad", asegura.

Ahora, cinco meses después de recibir su sesión, y a pesar de que Ricardo no olvida el tabaco ("lo recuerdo como algo lejano"), reconoce que no lo echa nada de menos. "Hueles mejor las cosas, estás mejor físicamente... Mi vida ha cambiado", señala, al tiempo que recomienda este método a cualquiera.

"No seguí el libro al pie de la letra"

Juan AriasJuan Arias (Gijón). Para este estudiante en prácticas, la insistencia de su novia María fue clave a la hora de convencerse de dejar el tabaco. Entonces empezó a leer uno de los muchos libros que explican cómo dejar de fumar. "No le hice muchos caso, y de hecho seguí fumando como un carretero mientras lo leía, aunque al acabar el libro dije que ese sería el último cigarrillo, y así fue", relata.

"Si el libro me ayudó, fue muy subconscientemente", opina. Pese a que ya lleva dos años y medio alejado del vicio, Juan reconoce que "la primera semana fue especialmente dura, con dolores en el pecho y ansiedad". En su caso, atenuó algunos de estos efectos secundarios comiendo y bebiendo más que de costumbre.

"Tuve mucho apoyo de mi farmacéutico"

Esteban Zafra (Barcelona). Tras muchos años fumando y empujado por una "necesidad física", Esteban se decidió, aconsejado por un amigo famacéutico, a intentar dejar el tabaco con la ayuda del medicamento Champix, para el que antes tuvo que someterse a un test médico. Desde entonces, "llevo siete meses sin fumar y me encuentro bien, aunque tengo claro que sigo siendo un fumador, y tengo que aguantarme las ganas", dice.

Esteban recomienda su método, si bien advierte que "da igual lo que te digan o lo que te den: si uno mismo no está convencido no hay nada que hacer", asegura. En su caso, gracias a la ayuda de su amigo, fue más fácil, y logró ir reduciendo progresivamente la dosis desde el paquete y medio diario hasta apenas los tres cigarros. El siguiente paso ya fue no volver a fumar.