Disturbios en Egipto
Cientos de personas participan en una manifestación en frente del palacio presidencial de Itihadiya en El Cairo. Ahmed Khaled / EFE

Con una enorme crisis económica, una crisis de gobierno que genera inestabilidad política y un panorama social conflictivo, Egipto se enfrenta estos días al reto de normalizar un país al que mira como referencia y ejemplo gran parte del mundo árabe.

El 11 de febrero de 2011, el pueblo egipcio celebró el fin de treinta años de represión de dictadura de Hosni Mubarak. Dos años después las imágenes de la plaza de Tahrir de El Cairo llenas de egipcios pidiendo un cambio han perdido en parte el halo de esperanza que las rodeaba.

Hoy por hoy, la aprobación del presidente egipcio, Mohamed Mursi, que llegó al cargo por medio de las urnas, se sitúa en el 53%, según una encuesta publicada por el diario Al Masry al Youm, 10 puntos menos que en diciembre, cuando se aprobó la constitución del país, un síntoma más de la crisis política desatada coincidiendo con el segundo aniversario de la revolución.

De hecho, Mursi lucha por blindar su posición, por arañar parcelas de poder que actualmente están en manos de la cúpula militar y de numerosas figuras del antiguo régimen. Su constitución, de corte islamista, fue aprobada con un 63,8% de los votos a favor, pero con una participación del 32,9%. De los 52 millones de egipcios con derecho a voto, sólo 17 millones lo aceptaron.

Nuevas protestas y marchas

Este lunes la oposición egipcia organiza varias marchas en El Cairo y otras provincias para conmemorar la caída del régimen de Hosni Mubarak y para pedir la renuncia de Mohamed Mursi. Según los organizadores, uno de los lemas principales será "pan, libertad, justicia social y dignidad humana".

Miembros del Frente de Salvación Nacional (FSN), la mayor agrupación opositora no islamista, han convocado cuatro marchas hacia la plaza Tahrir, en el centro de la capital. Paralelamente, otras manifestaciones partirán de las mezquitas de Al Nur, en el distrito de Abasiya; y de Rabea al Adauiya, en Medinat Nasr, en dirección al Palacio Presidencial, situado en el barrio acomodado de Heliópolis.

La oposición no islamista indicó que las manifestaciones tienen el objetivo de reivindicar "la caída del régimen (de Mursi y los Hermanos Musulmanes) y justicia para los mártires", después de que los recientes disturbios se hayan saldado con más de cincuenta muertos en Egipto.

Más de cincuenta personas han muerto y un millar han resultado heridas en los disturbios  "En el segundo aniversario de la renuncia del dictador (Mubarak), ya es el momento adecuado para que las fuerzas revolucionarias consigan sus demandas de libertad y justicia social y para que se unan en un solo frente que lidere la revolución hacia la victoria", según la nota.

En las últimas dos semanas, más de cincuenta personas han muerto en los disturbios y un millar han resultado heridas en enfrentamientos entre los manifestantes y las fuerzas del orden, que comenzaron el pasado 25 de enero durante la conmemoración del segundo aniversario del inicio de la revolución que derrocó a Mubarak. La oposición denuncia que Mursi sigue los pasos de su antecesor, con represión policial y "nuevas formas de tortura y secuestro".

La inestabilidad en el país no ayuda a que una de sus principales fuentes de ingresos, el turismo, se recupere. Hace un año el Gobierno informaba de que se había perdido cerca del 30% del turismo, lo que implicaba unos 4.000 millones de dólares menos para las arcas egipcias. Sin embargo y a día de hoy, las operadoras y la oposición creen que la caída es mayor.

De hecho, las autoridades egipcias están negociando con el Fondo Monetario Internacional un préstamo de 4.800 millones en un panorama en el que el valor de la libra egipcia se ha devaluado a mínimos históricos. Fuentes de la oposición denuncian que la economía egipcia es "un caos" y que hay un gran "déficit social".

Violencia contra la mujer

En medio de todo este jaleo, otra crisis golpea la estabilidad del país. En Egipto hay una población estimada de 82,5 millones de personas y casi la mitad son mujeres. Sin embargo, se trata de un colectivo desprotegido, que ha visto cómo la revolución primero y la constitución después, las han dejado de lado, sin garantizar sus derechos y sin declarar su igualdad con los varones, lo que les ha llevado a protagonizar manifestaciones y protestas.

Además, las mujeres egipcias sufren la violencia más aberrante: el 72% de las niñas y mujeres egipcias entre los 15 y los 30 años es víctima de la mutilación genital femenina, según la ONG Plan. No es todo. Como ya adelantó 20minutos.es, según Mervat Tallawy, presidenta del Consejo Nacional para las Mujeres (NCW), las mujeres egipcias son acosadas de media siete veces cada 200 metros.

De hecho, una oleada de agresiones sexuales ha sacudido el país, con numerosos casos entre los que se cuentan las violaciones de las periodistas extranjeras que cubren la información del país, como la sudafricana Lara Logan o la británica Natasha Smith.

Juzgado de nuevo

En Egipto aún quedan muchos partidarios del antiguo régimen, entre ellos buena parte de la cúpula militar (que además domina la economía pues posee muchas grandes empresas) y de la judicatura.

De hecho, el pasado 13 de enero, el Tribunal de Apelaciones de Egipto anuló la sentencia contra Mubarak, tras aceptar los recursos presentados por la defensa y la fiscalía, y ordenó repetir el juicio, aunque dispuso que el acusado siga en prisión preventiva.

Mubarak, de 84 años, pasará el segundo aniversario de su renuncia ingresado en el Hospital Militar de Maadi, en El Cairo, donde se encuentra desde el pasado 27 de diciembre por las heridas sufridas al caerse en el baño del centro sanitario de la prisión de Tora, donde estaba cumpliendo una cadena perpetua por su implicación en la muerte de manifestantes durante la revolución.