Gonzalo de Castro
El actor Gonzalo de Castro en una imagen de la obra 'Deseo'. ARCHIVO

Más conocido por su papel de doctor Mateo en la televisión, Gonzalo de Castro acaba de estrenar una producción de lujo para el teatro, Deseo, coprotagonizada por Luis Merlo, Emma Suarez y Belén López (Luna, el misterio de Calenda y Pelotas). Desde las tablas del Teatro Cofidis (Madrid), emprende un viaje a las entrañas del ser humano desde la óptica sensual y sexual, según lo describe el propio Gonzalo de Castro, y recurre a una escenografía muy particular y compleja, con una plataforma giratoria.

Deseo es una producción ambiciosa para los días que corren, ¿no es así?
Sí, es un proyecto difícil de afrontar hoy en día, no se han escatimado en esfuerzo ni en dinero, los productores que se han arriesgado creen en el teatro hecho a lo grande. Es cierto que son tiempos difíciles y que hay una crisis pero también es agradable saber que hay gente dispuesta a poner ilusión y poner dinero. Está muy bien que no te pongan cortapisas y no te digan: "señores, no podemos hacerlo así porque no hay dinero". Hay una pirotecnia escénica apabullante, y eso, para el espectador que paga su entrada, aparte de encontrarse con un texto demoledor, también visualmente contempla un espectáculo muy interesante.

¿Por qué dice que es un texto demoledor?
Sé perfectamente quién soy, qué camisa me pongo y cuándo me la quito Deseo es un texto duro, durísimo. Bucea en las entrañas del ser humano desde la óptica sensual y sexual. Habla de la soledad, del miedo, la envidia, la mentira, del tiempo que pasa, de los desequilibrios que suponen a determina edad encontrarte con que tu pareja te engaña o con que tu vida sexual está desordenada... Todo eso lo cuenta en un contexto claustrofóbico de dos parejas que se encierran un fin de semana en una casa de campo y donde surge, a través de un juego un poco perverso, la realidad más cruda de la vida. Se entran en pozos y en cimas sin fondo. Cualquier persona que tenga un mínimo recorrido vital se va a reconocer en la obra. Es tremendo, porque coloca un incómodo espejo delante del espectador.

¿Ha sido incómodo también para los actores?
Sí, sí, nosotros nos hemos tenido que desnudar y enfrentarnos a un texto muy difícil, con muchas aristas. Nos tenemos que meter en harinas desde el minuto 1 de la función. También como personas que somos traemos nuestras mochilas: nuestros fracasos, nuestras mentiras, nuestros odios, nuestros amores, nuestro sexo mal entendida... Todo eso lo pones al servicio del personaje. Todo eso no es cómodo, pero el teatro es muy catártico y es una terapia. Aunque te dejes el hígado, el llanto y la razón, cada vez que entras en el teatro dices: "bueno, vengo a dar todo lo que tengo". Eso es una maravilla, pocas veces tienes un texto así. Es dinamita entre las manos, y la quieres explotar tú. Y me la juego en el escenario, pero para mí es un placer.

¿Le ha cambiado esa catarsis?
No, yo tengo mi vida, sé perfectamente quién soy, qué camisa me pongo y cuándo me la quito. Yo tengo 50 años, me han pasado cosas que tienen que ver con lo que contamos, y espero que la vida me sorprenda y me pasen muchas cosas más.

¿Cómo es su personaje en esta obra?
Interpreto a Teo, un hombre turbio, un mentiroso, como muchas otras personas en este mundo. Tiene una doble vida y lleva el engaño hasta el límites insostenibles, pero todo se le rompe y se hace añicos. Hace un viaje emocional durísimo; todos los días cuando acaba la función salgo fatal.

¿Hasta qué punto se implica en este tipo de interpretaciones?
Tienes que sentirlo, tienes que tener carne dentro. Si no, ¿para qué actúas? Hay que tener carne, hígado y corazón.

¿El deseo sigue siendo algo tabú en esta sociedad?
Deseo que las atrocidades que pasan en nuestro país acabenCreo que ya no es tan tabú como antes, pero hay muchas clases de deseo. Cuando uno habla de deseo, parece que solo habla de deseo sexual, pero hay deseos de cambiar, deseos de ser otro, deseos de amar, deseos de morir. Es cierto que la traducción más rápida del deseo es el sexual, el sexo es la maquinaria del mundo. Pero está todo entrelazado.

¿En tiempos de crisis se dispara el deseo?
Se tendría que disparar. Sería interesante saber que la gente se mete en la cama porque no tiene entradas para ir al fútbol, sería grato escucharlo.

¿Qué desea Gonzalo de Castro?
Deseo que las atrocidades que pasan en nuestro país acaben. No hablo de otros países, hablo de gente que lo está pasando mal, de mis hermanos, que están en el paro. Deseo profundamente que esos cretinos de ahí arriba den con la clave y nos saquen de esta mierda en la que nos han metido.

¿Desearía volver a la televisión?
No, de momento no. La televisión es un sitio en el que hay que estar, y hay que volver, pero ahora me toca el teatro, y estoy muy feliz. No tengo ninguna prisa.

¿Volvería a ponerse el traje del doctor Mateo?
Llevo al doctor Mateo en el corazón pero
esto es un 'suma
y sigue'
No, no. Fue una historia magnífica, y lo llevo en el corazón. Tengo un recuerdo maravilloso de haber hecho un trabajo interesante, en un paraje increíble y con unos compañeros magníficos, pero esto es un 'suma y sigue'. Hay que seguir sumando, yo no quiero restar. Hay que seguir subiendo la escalera.

Imagino que cuando va por la calle sigue siendo Mateo.
Sí, para mí es maravilloso que la gente tenga ese recuerdo. Dicen: "Mira, el doctor Mateo". Casi voy con un recetario por la calle.