Isabel, en el pasillo de su casa con una foto de hija Touria
Isabel, en el pasillo de su casa con una foto de hija Touria. JORGE PARÍS

Touria tenía 36 años y un niño de 3 cuando el 20 de abril de 2007 ingresó en un quirófano del Hospital San Camilo para una rinoseptoplastia –una intervención que se practica a las personas que no respiran bien–. Media hora después, la joven entró en coma y el 13 de septiembre fallecía en La Paz sin haber despertado de él.

Su madre, Isabel Marín (75 años), empezó entonces una batalla judicial para demostrar que su hija había sido víctima de un error médico. Ahora, el Juzgado de lo Penal n.º 8 de Madrid le ha dado la razón y ha condenado al anestesista a un año de prisión y a tres más de inhabilitación por lo que considera una "imprudencia profesional grave", según explicó el abogado de la familia, Antonio Navarro, adscrito a los servicios jurídicos de la asociación el Defensor del Paciente.

Mal presentimiento

"Mi hija no respiraba bien y tenía que dormir con la boca abierta, por eso iban a operarla, pero terminó muerta", se lamenta Isabel, que se siente responsable por no haberle "impedido" a Touria entrar en el quirófano. "No era nada importante, podía vivir así y yo tenía un mal presentimiento", repite la mujer mientras muestra uno de los retratos que conserva de la joven.

Lo cierto es que Touria estuvo tentada de irse de la clínica después de estar todo el día esperando. "Llegamos a las doce de la mañana y entró al quirófano a las once de la noche. Llevaban todo el día operando", dice su madre.

le espetó que su hija había entrado en coma y le devolvió los 2.600 euros que habían pagado  Pero la negligencia que cometieron con ella fue ajena al cansancio. Nada impedía a Touria operarse –como aclara la sentencia–, pero al tratarse de una paciente que se medicaba por hipertiroidismo, el anestesista tenía que prepararla previamente. Es decir, administrarle un fármaco betabloqueante para evitar los efectos de una posible «tormenta tiroidea» –como se la conoce–, y que fue lo que ocurrió. Pero no lo hizo y la crisis se desató en la mesa de operaciones llevándola al coma. Una omisión que para el juez constituye una «infracción de las reglas básicas en el ejercicio de la inducción anestésica», por lo que le condena también a pagar 158.000 euros a la familia.

A pesar de la condena al médico, Isabel recuerda con amargura cómo este salió del quirófano, le espetó que su hija había entrado en coma y le devolvió los 2.600 euros que habían pagado previamente. Allí mismo, en la sala de espera. «Se quedaron con unos 100 euros, imagino que por la habitación y el quirófano».

"Quiero que venga mi madre"

Isabel no ve a su nieto con la frecuencia que quisiera porque su yerno ha rehecho su vida. Pero cuando el pequeño Óscar –que ahora tiene ocho años– va a casa de su abuela siempre le pide lo mismo: "Quiero que venga mi madre", dice el chaval. "El niño lo ha pasado muy mal. Por eso cuando está yo procuro no llorar para que no me vea mal, aunque tenga el corazón encogido".

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