La disputa por unas islas reaviva viejas rencillas entre Japón y China y desata la alarma

  • La ola antijaponesa desatada a raíz del conflicto ha hecho que muchas empresas japonesas en China se hayan visto forzadas a parar su producción.
  • La historia, las envidias económicas y los furores nacionalistas avivan un problema que puede perjudicar económicamente a ambos países.
Varias personas se manifiestan frente a la embajada de Japón en Pekín.
Varias personas se manifiestan frente a la embajada de Japón en Pekín.
EFE

La disputa por un minúsculo archipiélago de apenas 7 kilómetros cuadrados en el mar de China oriental ha reavivado viejas rencillas entre China y Japón y ha provocado un inusitado fervor nacionalista en China, donde se suceden desde hace una semana protestas y manifestaciones antiniponas.

Los acontecimientos han tomado un cariz tan serio que gran parte de las empresas japonesas en aquel país, entre ellas Canon, Panasonic y Toyota, han parado su producción para evitar incidentes y proteger a sus empleados. Este mismo lunes hay convocadas decenas de manifestaciones en China y la Embajada de Japón en Pekín ha sido atacada con huevos y botellas mientras miles de personas coreaban a su puerta eslóganes como "Las Diaoyu son chinas", "Que le den a Japón", "Japón, enanos" o "Recordemos el incidente de Wukden", en referencia al histórico incidente de Mukden que propició la invasión japonesa del territorio chino de Manchuria y la posterior guerra entre ambos países.

Los orígenes de la enemistad

Para entender la animadversión entre ambas potencias hay que remontarse a las dos grandes guerra que han protagonizado ambos países: la primera guerra chino-japonesa, que se desarrolló entre 1894 y 1895  y que concluyó con la victoria nipona, y la segunda guerra, originada por el incidente de Mukden en 1931, pero iniciada como tal en 1937 y que se prolongó hasta 1945 cuando Japón, ya enfrascada en la segunda guerra mundial, tuvo que capitular y rendirse.

En 2005, la edición de libros de texto que omitían los crímenes causados por la ocupación japonesa y las visitas oficiales al santuario tokiota de Yasukuni, donde se honra a militares japoneses caídos, incluidos 14 criminales de guerra, provocaron otra ola anti-japonesa en China que duró semanas.

Además de sus conflictos históricos, hay otros motivos que añaden leña al fuego: la prosperidad económica del gigante chino, que levanta suspicacia en Japón y a su vez, como reacción, crea malestar y desconfianza en China; el auge nacionalista de cierto sector de la sociedad japonesa, encabezada por el gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara, quien cuestiona públicamente acontecimientos históricos como la masacre de Nanking, en 1937 (en la que miles de chinos fueron asesinados por tropas japonesas), y finalmente la disputa por la soberanía de las islas Diaoyu (Senkaku, en japonés), que parecen haberse convertido en la última gota que ha rebosado la paciencia china.

Islas en venta

Las ahora famosas islas Diaoyu, que se cree que podrían contar con grandes recursos marítimos y energéticos, volvieron a ponerse en el mapa mental de los japoneses cuando el controvertido gobernador de Tokyo, Shintaro Ishihar, anunció que pensaba comprar el archipiélago, en manos privadas desde hace décadas.

Para evitar que las islas pasaran a formar parte de la jurisdicción del Gobernador de Tokio, el gobierno nipón anunció que compraría las islas por unos 20 millones de euros que saldrían de los fondos reservados, lo que en realidad cicunscribía la disputa por su titularidad a Japón; pero este rifirrafe por las islas ha hecho recordar a los chinos que ellos, en su día, fueron los dueños y señores del pequeño archipiélago.

En disputa desde 1895

La disputa territorial se remonta a 1895, cuando Japón se anexionó formalmente las islas para construir una planta procesadora de atún que dio empleo a 200 personas, aunque en 1940 el negocio se desplomó y las islas quedaron desiertas.

Entre 1945 y 1972, el archipiélago permaneció bajo dominación estadounidense, como parte de los acuerdos alcanzados entre Washington y Tokio tras la Segunda Guerra Mundial. Desde la salida estadounidense de las islas, China y Taiwán reclaman su soberanía.

China alega que descubrió el archipiélago en el siglo XIV y, a pesar de las tensas relaciones que mantiene con Taiwán, reconoce que algunas islas pertenecen al territorio como parte de la ciudad de Toucheng, ubicada en el condado de Yilan.

En cambio, Japón asegura que el archipiélago pertenece al completo a la ciudad de Ishigaki, ubicada en la prefectura de Okinawa, y, por tanto, rechaza las reivindicaciones chinas y cualquier acuerdo alcanzado entre Pekín y Taipei.

A partir de ahí, las soflamas nacionalistas de ambos países han incendiado una hoguera en la que arden reproches antiguos, cuentas sin saldar y malentendidos no resueltos que amenazan el débil equilibrio entre ambas potencias asiáticas.

El Diario del Pueblo, vinculado al Partido Comunista de China (PCCh) que dirige el país, ya ha insinuado en un editorial que "si Japón continúa con sus provocaciones, China emprenderá la batalla" de la "carta económica", lo que dañaría a ambas economías.

China es el mayor socio comercial de Japón, y Tokio el tercero mayor para Pekín, con un comercio bilateral de unos 342.900 millones de dólares en 2011 (267.000 millones de euros).

Está por ver cómo las diplomacias de ambos países resuelven un conflicto que tiene en vilo a medio mundo.

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