Cannes celebra el mito de belleza y tragedia de Romy Schneider

  • Una gran exposición en el Palacio de Festivales de la ciudad francesa recuerda la figura de la actriz a través de fotos, películas y objetos personales.
  • La muestra coincide con el trigésimo aniversario de su muerte prematura, a los 43 años, probablemente tras suicidarse con alcohol y barbitúricos.
  • La vida de la niña que paseó de la mano de Hitler es un compendio de paradojas, grandes películas, soledad y tragedias personales.
Una de las fotos de la exposición dedicada a Romy Schneider
Una de las fotos de la exposición dedicada a Romy Schneider
© Botti Stills - Gamma Rapho

"Pocas veces una actriz ha sido tan hermosa y dotada como ella. Pocas veces una joven y famosa actriz fue capaz de desarrollar una carrera tan increíble como la suya, pese a que siempre intentó escapar de su propia leyenda. Pocas veces una estrella ha sido tan bendecida por dios como golpeada por el destino. Pocas veces una mujer ha sido tan brillante y torturada. Pocas veces una extranjera ha representado a Francia como ella".

Jean-Pierre Lavoignat no puede ocultar en el catálogo de la exposición los sentimientos que despierta la protagonista de la muestra, la actriz Romy Schneider (1938-1982). Pese a su condición de coordinador de la muestra, a su aperentemente distante categoría de respetado crítico de cine, también él cae bajo el embrujo de uno de los mitos más bellos y trágicos del siglo XX.

Casi sesenta películas

Romy Schneider es la primera gran exposición dedicada a la protagonista de casi sesenta películas —algunas de ellas, inolvidables (Lo importante es amar, Luis II de Baviera, La muerte en directo...) y otras, acerbos de la cultura pop, como la saga sobre Sissí, la emperatriz Isabel de Baviera—. La muestra se celebra en el Palacio de Festivales de la ciudad de Cannes y conmemora el trigésimo aniversario de la muerte de Schneider, con probabilidad un suicidio. Las entradas cuestan hasta 13 euros.

Centenares de fotos, muchas de ellas inéditas, objetos personales, documentos, material de hemerotecas, carteles de todas las producciones en las que trabajó, vestuario, story boards, diseños de escenografía y recuerdos pueden verse en la amplísima antología, que también tiene el componente chovinista tan acusado entre los franceses, que recuerdan a la actriz cada año en el premio que lleva su nombre, entregado desde 1984 a las jóvenes promesas femeninas de la actuación, y la consideran patrimonio nacional (Schneider mantuvo toda su vida la nacionalidad alemana de su madre, que compartió con la francesa desde los años setenta).

Madre dominante

La exposición, que organiza el Ayuntamiento de Cannes y permanecerá en cartel hasta el 2 de septiembre, se divide en siete secciones. La primera, Como su madre, recrea la infancia y juventud de Rosemarie Albach-Retty, nacida en Viena e hija de dos actores de cierto renombre, Wolf Albach-Retty y Magda Schneider. Los contactos familiares ayudaron a que la niña debutara a los 15 años en el cine en Lilas blancs (Hans Deppe, 1953), donde también actuaba su madre, una mujer dominante que controlaba de cerca la carrera de su hija.

No era la rigidez familiar la única característica de Magda Schneider. Amiga personal de Adolf Hitler y Eva Braun, la mujer era una declarada simpatizante nazi y presentó a Romy al führer. Los herederos de la familia han intentado vanamente borrar esta relación de la historia, tal como hizo el franquismo en España, que veía con malos ojos que la mítica intérprete de Sissí —adorada por el público— tuviese una mancha tan notable en su pasado. La exposición de Cannes también esquiva la cuestión.

"Sissí me sienta peor que la avena"

La consagración de la leyenda, la segunda parte de la muestra, está dedicada a las tres películas sobre la emperatriz que elevaron a Schneider a la categoría de símbolo, aunque a la actriz le resultaron con el tiempo insoportables ("Sissí me cae peor que la avena"). Volvería a interpretar al personaje mucho más tarde, en 1972, bajo la dirección del gran Luchino Visconti en Luis II de Baviera, el rey loco.

Amor y Francia. Alain, Luchino y los otros, la siguiente sección, se detiene en la relación de Schneider con quine sería uno de los grandes amores de su vida, el actor francés Alain Delon. Tras coincidir en Christine (1958) y A pleno sol (1960), él la exigió como compañera de reparto en La piscina (1968), en cuyo rodaje se enamoraron. Durante años fueron una de las parejas de moda del cine europeo.

Una obra maestra inconclusa

Una de las zonas más interesantes de la muestra es Infierno, dedicada a la película inacabada del mismo título, un drama sobre la emoción destructiva de los celos dirigido por Henri-George Clouzot, el Hitchcock francés, en 1964. El rodaje fue interrumpido a las tres semanas porque el director había agotado el presupuesto. En 2009 parte del metraje fue recuperado para un documental en el que las secuencias rodadas con Schneider —que pueden verse ahora en Cannes— parecen prefigurar el destino que aguardaba a la actriz.

Una dama francesa se dedica a la fértil relación creativa que Schneider cimentó con el director Claude Sauset, que se convertiría en alter ego de la actriz y haría de ella una musa idolatrada como una mujer moderna, libre y apasionada por Francia y los franceses gracias a las cinco películas que rodaron juntos, entre ellas Max y los chatarreros (1971) y Una vida de mujer (1978).

Viviendo la historia y enfrentando a la muerte es la zona más íntima y dolorosa de la exposición. Está dedicada a las tragedias encadenadas que hicieron de la actriz una sinónimo de tristeza y pesadumbre: el suicidio en 1979 de su primer esposo, el director alemán Harry Meyen, y, sobre todo,la muerte accidental y terrible a los 14 años del hijo de la pareja, David Christopher, que se cayó jugando sobre una valla de jardín que le seccionó la arteria femoral.

Modelo para actrices de hoy

La imperecedera Romy, finalmente, comprueba la influencia de Schneider trienta años después de su muerte y advierte que "todavía es un modelo para actrices como Vanessa Paradis, Diane Kruger o Isabelle Carré".

los límites, tanto en la profesión como en el amor Apodada Señorita Preocupación por las malas lenguas, admiradora y amiga de la gran Marlene Dietrich, fumadora de tres cajetillas de Marlboro al día, encontrada muerta en su apartamento de París el 29 de mayo de 1982, enterrada al lado de su hijo adolescente por expreso encargo de Alain Delon —de quien ella hablaba pestes—, el recorrido por la vida de Romy Schneider, la niña que paseó de la mano de Hitler, concluye con una frase de la actriz que acaso explique cómo sobrellevó el dolor haciendo felices a los espectadores de sus películas: "Me encanta ir hasta los límites, tanto en la profesión como en la vida amorosa. ¡No me arrepiento de nada! Es necesario tener muchas pasiones en la vida, porque la vida es demasiado corta para tener una sola".

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