Gibraltar
Colas de coches saliendo de Gibraltar. A.Carrasco Ragel/ EFE

El último conflicto pesquero entre Gibraltar y España ha arreciado en las últimas horas después de que las patrulleras gibraltareñas hayan vuelto a acosar a las embarcaciones de los pescadores españoles y de la Guardia Civil que los protegían.

La tensión que se vive en la zona no solo saca a relucir el largo litigio sobre las aguas que rodean al peñón, sino que evidencia que la mera existencia de la colonia es todavía un capítulo abierto de nuestra historia. Un episodio que todavía levanta ampollas y que se remonta al Tratado de Utrecht (1713), que puso fin a la Guerra de Sucesión Española, y por el que España cedía Menorca y Gibraltar a Gran Bretaña.

Antecedentes del conflicto pesquero

Este enésimo rifirrafe entre británicos y españoles, o más concretamente entre gibraltareños y los habitantes de la Línea de la Concepción y de Algeciras, surge tras la llegada al poder del socialista Fabián Picardo, que el pasado diciembre desbancó al conservador Caruana al frente del Peñón. Un mes antes cambiaba también el Gobierno en España y Rajoy accedía al poder. Con el cambio político llegó también un cambio de actitud, tanto en la zona británica como en la zona española.

Picardo alega que no se puede pescar con red Desde el otro lado de la verja se sucedían los mensajes soberanistas por parte de Rajoy y del ministro de Exteriores, García-Margallo y por parte de Picardo se recomendaba a las empresas gibraltareñas que contrataran a lugareños, en lugar de a españoles.

Para complicar más las cosas, el Gobierno español propuso ampliar el Foro Tripartito —que reúne a España, Reino Unido y Gibraltar y aborda la cooperación en la zona a los habitantes del Campo de Gibraltar—; lo que fue rechazado de plano por el Gobierno británico.

Al mismo tiempo, en la primera entrevista bilateral entre el primer ministro británico, David Cameron, y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, los británicos reiteraron que no negociarían con España sobre el futuro de Gibraltar sin contar con sus habitantes.

Surgen los roces

Gibraltar considera bajo su dominio unas aguas que España asegura que son suyas porque no se cedieron en el Tratado de Utrecht (1713).

Un acuerdo de 1999 permitía a 70 barcos españoles faenar en las aguas disputadas. Un asunto espinoso, porque, en cierta manera, se reconocía implícitamente la soberanía británica sobre esa franja marítima.

Sin embargo, por primera vez en 13 años, el pasado marzo se rompía esta armónica convivencia cuando los pescadores de la Bahía eran expulsados de las aguas gibraltareñas. Se alegó que estaban usando pesca con red, algo permitido por la legislación española y comunitaria, pero no por la gibraltareña. Picardo esgrimió que el acuerdo de 1999 era ilegal porque iba contra una ley medioambiental local de 1991 y dio por roto el acuerdo.

España no va a aceptar una política de hechos consumados Desde ese momento, las negociaciones por solventar las diferencias han sido infructuosas y la pesca con red ha sido utilizada como excusa por la policía gibraltareña para acosar a los pescadores españoles. Incluso Picardo retó al Gobierno español a acudir al Tribunal Internacional del Derecho del Mar para defender su posición sobre las aguas próximas al Peñón, al tiempo que advertía de que no funcionaría "el chantaje". 

El conflicto ha ido así escalando posiciones hasta que el pasado miércoles patrulleras de la Royal Gibraltar Police y de la Royal Navy salieron al encuentro de tres pesqueros de Algeciras para impedirles echar las redes en aguas próximas a la colonia y comenzaron a dar vueltas a mucha velocidad alrededor del bote auxiliar de uno de los pesqueros, haciendo que se moviera de forma descontrolada y que algunos de los pescadores llegaran a sentir tanto miedo que incluso se pusieron el chaleco salvavidas y pensaron en tirarse al mar.

Este mismo viernes,  el PSOE de La Línea de la Concepción (Cádiz) ha responsabilizado a los pescadores de la localidad vecina de Algeciras de los nuevos incidentes ocurridos en aguas próximas a Gibraltar, con unas "provocaciones teledirigidas desde algún despacho de Algeciras" —donde gobierna el PP—, con las cuales "rompen por las bravas cualquier posibilidad de solución pacífica y diplomática" como la iniciada por la alcaldesa linense, la socialista Gemma Araujo. 

Dos maneras de afrontar el problema

Mientras que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha manifestado que España "no va a aceptar una política de hechos consumados" que suponga una "violación de la soberanía española"en las negociaciones para resolver el conflicto pesquero, el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, ha restado importancia al incidente en el que se involucró la armada británica y ha apelado al diálogo como vía para resolver los problemas existentes.

Para el departamento que dirige José Manuel García-Margallo, "el espíritu de diálogo, de entendimiento y de buena voluntad debe prevalecer" en las relaciones entre España y el Reino Unido. Exteriores entiende que el suceso "se ha saldado sin mayores consecuencias y no se le debe dar mayor importancia".

Más incidentes por Gibraltar

Sin necesidad de remontarse a los planes de Franco para invadir el peñón, la presencia de la colonia británica es motivo constante de roces diplomáticos. Los más recientes han tenido a las monarquías de ambos países como protagonistas.

El anuncio de que los príncipes de Gales, Carlos y Diana, pensaban visitar Gibraltar durante su luna de miel motivó que la Casa Real española no acudiera al enlace como protesta por el agravio.

La visita a Gibraltar de los príncipes de Gales motivó que la Casa Real española no acudiera al enlace

Décadas después, el conflicto pesquero, unido a los constantes malentendidos entre las autoridades gibraltareñas y españolas
—con persecuciones en lanchas neumáticas incluidas— obligaron a la reina Sofía a cancelar el viaje a Londres para celebrar el Jubileo de su pariente lejana Isabel II, que celebra 60 años de reinado.

El próximo 11 de junio se espera en Gibraltar la visita del príncipe Eduardo de Inglaterra y de su esposa, de gira como parte de las celebraciones del jubileo. Esta visita no ha sentado nada bien al Gobierno español, que ya ha expresado "su disgusto y malestar" ante el embajador británico.

Cuando en 2009, momento en el que la princesa Ana, hermana de Eduardo, inauguró en el peñón una clínica militar, el entonces ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, hizo lo mismo.