'Sierra aragonaise', 1935-1936
'Sierra aragonesa', uno de los cuadros de André Masson que se exponen en Nueva York Cortesía Blain | Di Donna

No ha sido demasiado justa la historia con el pintor francés André Masson (1896-1987), una de las grandes figuras de la plástica surrealista y expresionista abstracta. Pese a una amplia obra, siempre arriesgada y comprometida con su tiempo, pocas veces se le cita entre los grandes pintores del siglo XX, eclipsado por el brillo de una generación de la que surgieron demasiados genios.

La obra de este secundario de lujo es reivindicada en Nueva York (EE UU) en la exposición André Masson, The Mythology of Desire: Masterworks
from 1925 to 1945 (La mitología del deseo: obras maestras de 1925 a 1945), la primera del artista en la ciudad tras la recordada retrospectiva del MoMA en 1976. La muestra, que fue inaugurada el viernes pasado, estará abierta hasta el 15 de junio en la galería Blain | Di Donna.

Graves heridas de guerra

Aunque comenzó tanteando con el cubismo, Masson fue invitado en 1923 por el escritor André Breton, ideológo y comisario del surrealismo, a integrarse en el grupo, en cuyos límites pululaba también Joan Miró, que cimentó con el francés una duradera amistad —otro de sus colegas fue el escritor Georges Bataille, con el colaboraría como ilustrador en el futuro—. La sensibilidad de Masson, muy marcada por las graves heridas de guerra que había sufrido durante la primera contienda mundial, encajaba a la perfección con los postulados del movimiento vanguardista, que preconizaba la libre asociación, la libertad creativa y la fecundidad del automatismo.

El pintor francés se convirtió en el artista-bandera de los surrealistas, al desarrollar un estilo vibrante, de simbolismo notable y decantarse por la escuela de la pintura automática, sin intervención consciente. Sus cuadros de esa época son quizá los más conocidos. Entre ellos abundan los collages con materiales innovadores, como la arena y la goma arábiga, que aplicaba sobre los lienzos antes de empezar a pintar.

España tuvo la culpa

Tras ser expulsado por Breton del surrealismo a Masson, la obra de éste se hizo más radical. Parte de la culpa la tuvo España, país que frecuentó con asiduidad entre 1930 y 1937. La temática española (paisajes quemados, corridas de toros, literatura...) se apoderó de su obra y la tragedia de la Guerra Civil también se coló como fondo. "En estos paisajes hay fantasía en la tierra, el cielo e incluso el subsuelo", solía decir.

Fue capaz de afrontar con seriedad los cataclismos del siglo XX Los organizadores de la exposición neoyorquina, que agrupa más de treinta lienzos de todas las épocas de Masson, quieren "llenar ciertos vacíos en la historia del arte moderno", reivindicando a Masson como una "figura única" que fue capaz de afrontar con "seriedad" algunos de los "grandes cataclismos históricos del siglo XX, como las dos guerras mundiales y la Guerra Civil Española".

Los cuadros de este pintor intenso, añaden, condensan los "valores del surrealismo" y les añaden "deseo, violencia, horror y mito, creando un universo agitado y encantado que fue decisivo e inspirador". Entre los artistas que tuvieron a Masson como referente citan especialmente a Jackson Pollock, que consideraba el expresionismo abstracto tardío del francés como el arte más potente del siglo XX.