La multa por tender la ropa vale más que saltarse un semáforo

El castigo por incumplir la ordenanza municipal de Paisatge Urbà es de 120 euros. Este año se han impuesto dos sanciones al mes y, en 2004, los inspectores multaron a tres vecinos
José Luis, vecino del Raval multado con 120 euros por tender la ropa en su balcón.
José Luis, vecino del Raval multado con 120 euros por tender la ropa en su balcón.
Manolo S. Urbano
Tender la ropa en el balcón, a la vista del resto de ciudadanos, es una práctica ilegal en Barcelona. En lo que llevamos de año, los inspectores de distrito han puesto seis multas, una media de dos al mes. Durante el año 2004, sólo se multó a tres vecinos por incumplir esta ordenanza, según ha revelado a 20 minutos la Guàrdia Urbana.

El objetivo de esta norma, que forma parte de la ordenanza de paisaje urbano, es «ofrecer una imagen de la ciudad más limpia y ordenada», según fuentes del Institut Municipal del Paisatge Urbà.

Peor que un semáforo

A pesar de que el reducido número de multas que se han tramitado evidencia que detectar ropa tendida en los balcones no es uno de los principales objetivos de los distritos, la sanción por hacerlo es más cara que saltarse un semáforo en rojo. Si pasar en rojo por un cruce (sin crear peligro) cuesta 90 1, tender la ropa en el balcón a la vista de los ciudadanos puede salir por 120 1.

 «Que me regalen una secadora»

Uno de los seis vecinos multados, residente en el Raval, asegura que no tiene otro sitio donde tenderla : José Luis Hernández es un pensionista, vecino de la calle Lleó, que ha sido multado por tender la ropa en el balcón. El denunciado vive en una finca que no tiene terrado (porque una inmobiliaria lo aprovechó para construir un sobreático) y asegura que no tiene otro sitio donde colgar la ropa. Su piso mide 30 m2 y no tiene patio interior.

Hernández, disgustado con el distrito de Ciutat Vella, pide que le «regalen una secadora» para no tener que tender la ropa. Como presidente de su escalera, ha mandado una carta para recurrir la sanción.

El vecino denunciado se queja de que «el barrio tiene otros problemas, como el olor a meados y el ruido» que provocan los locales nocturnos del entorno.

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