Así amanece en el Circo del Sol

Bajo la carpa, en Cortes Valencianas, hay una auténtica ciudad de acróbatas.
Wellington Lima lleva ocho años en el Circo del Sol trabajando de acróbata.
Wellington Lima lleva ocho años en el Circo del Sol trabajando de acróbata.
Rebeca Argudo
Tras el frenesí de la noche, la calma invade el gran recinto del Circo del Sol. Sólo a partir de las 13 horas los motores arrancan en esta ciudad en la que conviven, entre artistas y técnicos, más de 300 personas.A partir de entonces comienza la actividad. En primer lugar, los entrenamientos (dos horas y media al día, tres veces por semana), donde se incluye la gimnasia y la preparación del número. El trampolín es uno de ellos. En él, seis acróbatas desafían las leyes de la gravedad, capitaneados por el brasileño Wellington Lima. Este joven, de 26 años, lleva ocho en la compañía, pero confiesa que en un principio rechazó la oferta «porque mi sueño era representar a Brasil en una competición internacional de camas elásticas».

Como él, la mayoría de los artistas son deportistas de élite. La compañía los busca en competiciones, teatros y hasta en la calle.

El día continúa con un parón para comer y, después de la tarde libre, vuelven a fichar una hora y media antes de la función para repasar su número, maquillarse y ultimar detalles. Todo tiene que estar listo para el mayor espectáculo del mundo.

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