Sin hogar
Un niño de un suburbio de Katmandú (Nepal) juega entre la basura debajo de un puente. Navesh Chitrakar / REUTERS

En enero de 2010, Juanjo decidió que quería formar una familia. Con 42 años y sin una pareja estable, comenzó los trámites para adoptar a un niño de Costa de Marfil. "Miré otras opciones, como la del vientre de alquiler, pero pensé que hay demasiados niños necesitados de una familia como para traer otra criatura al mundo", explica.

Con preguntas así te dejan humillado Se decidió entonces por la adopción. Sin embargo, pronto descubrió que le esperaba un largo y difícil camino por recorrer. "Me empezaron a poner trabas por el hecho de ser un hombre soltero y querer adoptar", asegura Juanjo. Al disponer una vivienda y un salario adecuado, la Consellería de Bienestar Social valenciana se centró en sus test psicológicos para rechazar su solicitud. Consideraban que existían "factores que apuntan al fracaso en la adopción, apuntándose características de personalidad en el demandante que no resultan adecuadas".

"Fui a varios psicólogos y un preparador para aprobar esos tests, pero no había manera. Si un agente social te rechazaba, su compañero también lo hacía por puro corporativismo", critica este profesor de secundaria. "Me decían que, como estaba nervioso por todo el proceso, tenía ansiedad, y volvían a rechazarme el informe", afirma. "Además, trataban de definir mi personalidad con preguntas como 'Si te encontraras un billete en la calle, ¿lo devolverías?'", explica Juanjo.

Además de estas pruebas, Juanjo tuvo que enfrentarse a cuatro entrevistas personales donde analizaron exhaustivamente su vida, desde su infancia hasta sus relaciones sentimentales. "Me preguntaron que a qué se debían mis fracasos en el amor. Yo no me considero un fracasado en ese aspecto, las relaciones simplemente se terminan, pero con preguntas así te dejan humillado", recuerda.

Llevo unos 3.000 euros gastados entre juicios y psicólogos Juanjo no se rindió y decidió continuar con el proceso. Denunció su situación ante el juzgado de Primaria Instancia número 24 de Valencia y ganó. El fallo del magistrado señala que Juanjo cuenta con "suficientes recursos económicos y una vivienda que reúne las condiciones de habitabilidad para albergar a un nuevo miembro en la unidad de convivencia" y afirma que de sus perfiles psicológicos "no se desprenden características que cuestionen su capacidad" para adoptar. En definitiva, "reúne las condiciones suficientes para hacerse cargo de un menor", asegura el tribunal.

Sin embargo, Juanjo se considera afortunado. "Llevo unos 3.000 euros gastados entre juicios y psicólogos, entiendo que no todo el mundo se lo puede permitir", explica. "Además, ha perdido casi dos años en este proceso, ¿quién me devuelve eso a mí?", concluye.

Hombres solteros, los que más difícil lo tienen

"Es una adopción más complicada, a pesar de que no está escrito en ningún sitio que deba priorizarse aquellas familias formadas por un matrimonio", explica Jorge Carbó, del bufete Carbó y Rubio, especialista en adopciones. "Los expedientes de los solteros pasan con cuentagotas. De cada diez informes de adopción, con suerte uno o dos son de familias monoparentales", asegura.

"Los informes sobre sus aptitudes sociales y psicológicas suelen ser muy duros, les dejan bloqueados", continúa Carbó. "Les acusan de querer volcar en un hijo el amor que no han conseguido con una relación estable", afirma el abogado. "Los hombres solteros lo tienen mucho más difícil, ya que siempre se suele preferir una familia extensa con una amplia red de amigos para aprobar una adopción", según Carbó.