Malefic Time
'Malefic Time' Luis y Rómulo Royo

Hace veinte años, el ilustrador Luis Royo trabajaba sobre su tablero en un dibujo muy particular: una joven derramaba una lágrima de sangre mientras sostenía una espada llamada Malefic, con nueve serpientes enroscadas en su empuñadura que aludían al apocalipsis, y en su cruz, un pentagrama y un esqueleto, como símbolo de la regeneración del ser humano.

Su hijo Romulo, entonces estudiante de la Escuela de Artes, se detuvo delante del tablero y jugó a imaginar un universo sobre este personaje. Padre e hijo hicieron un librito casero y soñaron con dar aliento a ese mundo creado. Pero la vida los llevó por otras sendas y su sueño se quedó en un cajón.

El 5 de diciembre llegarán las primeras criaturas: el libro ilustrado y un disco-libro del grupo de heavy Avalanch

Ahora, esa fantasía está a punto de ver la luz, y ha adquirido unas dimensiones que sus artífices jamás hubieran creído posible. El universo Malefic Time, situado en un posapocalíptico año 2038, se ha convertido en una iniciativa sin precedentes, pues se expandirá, rompiendo las fronteras creativas, hacia otras disciplinas y creativos. Ellos alimentarán a su vez este mundo con su particular visión, aportando nuevos personajes, enfoques o introspecciones.

El 5 de diciembre llegarán a manos del público las primeras criaturas: un libro ilustrado de Luis Royo y Romulo Royo que, siguiendo la estela de Dead Moon, aunando texto e imagen, tiene por título Malefic Time, Apocalypse (Norma Editorial), y un disco-libro homónimo del grupo de heavy metal Avalanch con trece temas inéditos en inglés, editado por la discográfica Santo Grial. Se podrán adquirir juntos o de forma separada, y constituyen un primer acercamiento a ese futuro aterrador centrado en la ciudad de Nueva York; la primera entrega de una trilogía que después recorrerá Tokio y París.

Y es solo el principio: en enero llegará el primer videoclip de Malefic, rodado por el cineasta Miguel Mesas, y también comenzará la gira de Avalanch, que contará con escenografía y atrezzo diseñados por Rómulo y Luis Royo. En abril de 2012 se lanzará la primera novela, Codex Apocalypse, del escritor Jesús Vilches (autor de la saga Flor de Jade). Y en los próximos cinco años el cosmos Malefic seguirá en expansión con exposiciones que incluirán lienzos procedentes del libro y otras obras inéditas, contempladas en su verdadera envergadura; una serie de manga de manos del reputado mangaka español Kenny Ruiz, y otra de cómic-book, que realizará presumiblemente un dibujante estadounidense. Y es que semejante iniciativa no se limitará a España: se presentará en el Comic-Con de San Diego, la feria de ciencia ficción y fantasía más importante del mundo, y se comercializará en países como Francia, Alemania y Estados Unidos.

Fuente inagotable

Que tantos y tan diferentes artistas se hayan unido bajo un mismo proyecto es una aventura desconocida e inédita, asegura Luis Royo: "Amplía mucho las miras y resulta muy enriquecedor".

No he tenido dos semanas de descanso desde hace dos años, y no sé si me derrumbaré y me podré levantar después

Si bien el universo Malefic Time ha sido gestado por su hijo Romulo y por él, ambos tienen claro que cada artista que aporta su parcela tiene que tener libertad creativa, no se le puede acotar. Esa relación además funciona en dos direcciones, ya que los otros artistas también han inspirado a Luis y Romulo, aportando su energía, cambiando enfoques…Vivo en un estado de tensión constante, porque recibes información de otros creadores, y estás a la vez creando

"Esto es como una fuente que no para de manar, no tiene fin", asegura el ilustrador, aunque reconoce que para él ha sido -y es- un proyecto agotador: "Vivo en un estado de tensión constante, porque recibes información de otros creadores, y estás a la vez creando. No he tenido dos semanas de descanso desde hace dos años, y no sé si me derrumbaré y me podré levantar después".

Malefic Time es un futuro cercano angustioso, duro, que bebe de todas las profecías que auguran un fin de ciclo: Malaquías, las culturas mesopotámica, azteca y judeocristiana... "Creo que estamos entrando ahora en ese futuro apocalíptico -augura el ilustrador aragonés-. Estamos abocados a él. Es el fin del mundo tal y como lo conocemos, para dar paso a otro nuevo. Si uno no lo mira de forma catastrofista, es algo positivo, es un momento de cambio".

En su opinión, los cambios son duros y también necesarios, no debemos mirar para otro lado. "A lo mejor nos encontramos con otros valores que nos convencen más que los que tenemos ahora. Es la regeneración del ser humano: hay que plantear otras metas, otros caminos".

¿Cómplices o enemigos?

Romulo es un privilegiado: desde muy pequeño ha podido conocer de primera mano las técnicas y materiales de la ilustración, gracias a su padre, Luis Royo. Sin embargo Romulo siguió su propio camino hacia la pintura figurativa. Hace algunos años decidieron empezar a trabajar juntos fusionando sus dos estilos, tan diferentes, de pintura e ilustración; dos disciplinas que, por alguna razón que escapa al entendimiento de estos artistas, siempre han discurrido por camino separados. "Romulo aporta una serie de cosas que yo no veo; tiene una visión plástica, conceptual, me hace notar el impacto que puede dar un oscuro potente en un lado. Yo, como ilustrador, soy más de describir -asegura Luis-. Él busca impactar como un puño y yo soy más preciosista, soy como una caricia para el espectador, por eso nos complementamos".

Pero aunar ambas escuelas no es fácil y cuando padre e hijo trabajan mano a mano pueden saltar las chispas. No se reparten la tarea sistemáticamente; a veces trabajan a cuatro manos en una imagen y en otras ocasiones hay más de uno que de otro en una obra. "Hay bastante rivalidad -reconoce Luis-. Dentro del trabajo desaparece el quién es quién, somos cómplices y a veces enemigos. Luchamos mucho por la obra, nos tiene que gustar a los dos y eso es difícil, es un reto, porque son dos visiones diferentes; rompemos muchos papeles y telas. Es una manera de trabajar dura pero el resultado merece la pena. Fuera del trabajo prevalece el orgullo". Su hijo también ve una gran ventaja en el hecho de que se conozcan tan bien. Admite que a veces son un poco ácidos con sus comentarios, pero agradece la sinceridad: "Solo con mirarnos sabemos si la obra va por buen camino".