Entrevista a Verónica Echegui
Verónica Echegui. Gentileza de Roberto Pérez Toledo

Tu carrera comenzó interpretando a la Juani. ¿Tuviste miedo de que el personaje se comiese a la actriz?
Cuando estrenamos la Juani no estaba muy segura de lo que había hecho. Creo que en los años siguientes empecé a ser más consciente y a angustiarme con los resultados de los siguientes trabajos.

¿Te hubiese gustado que Bigas Luna te fichara de nuevo para interpretar DD Hollywood?

Me parecía muy interesante contar el choque brutal de una chica que cree en el cuento del éxito con la cara que esconde en realidad. Pero creo que, si las cosas no se dan fácilmente para que ocurran, es mejor que no sucedan.

¿En qué ha cambiado Verónica Echegui respecto a la joven que fue seleccionada entre 3.000 chicas para interpretar a la Juani?

Por suerte, en muchas. Sigo teniendo todo el entusiasmo y las ganas de trabajar que antes, pero sin prisas ni ansiedades. No tengo las mismas metas.

Tu imagen ha ido asociada desde el inicio de tu carrera a la de chica sexy. ¿Crees que de alguna forma ha podido perjudicarte?

Me gusta haber explotado mi parte sexy con la Juani. Un año antes de que me eligiera Bigas Luna lloraba por las esquinas, porque creía que nunca me escogerían para hacer cine. Le estaré agradecida siempre.

Para Verbo, la ópera prima de Eduardo Chapero-Jackson, te has enfundado en el traje de una superheroína. ¿Cómo te preparaste?

Dimos clases de monopatín durante un mes y algo, pero no me preparé demasiado, la verdad. Aunque mi personaje no es una superheroína exactamente.

¿Conocías sus multipremiados cortos?
Conocía casi todos. Tiene una forma de contar muy personal y perturbadora. Cuando leí el guión de Verbo se me aceleró el corazón literalmente. Me puse muy nerviosa. El mensaje de la película es profundo, el guión está repleto de lirismo y va directo a cuestiones que siento que son vitales para todos.

¿Echas de menos que se hagan más películas de este género?
En general, echo de menos más ficción española en nuestras pantallas, más códigos personales de directores a los que no les importe arriesgar.

Aunque la película se rodó en 2009, su mensaje guarda similitudes con las reivindicaciones del 15-M.
No tiene un manifiesto como el de los indignados, pero reivindica lo mismo.

Todo este movimiento social te pilló en Nepal rodando la última película de Icíar Bollaín: Canción de Katmandú. ¿Cómo has vivido en primera persona el 15-M?
Lo viví con ansiedad, quería estar presente y no podía. Me parece un momento crucial para la historia moderna del hombre. Por primera vez somos ciudadanos unidos reivindicando pacíficamente necesidades y cambios comunes en los que estamos de acuerdo. Por primera vez no nos dividimos, ni caemos en la misma trampa del juego bipartidista.

También has participado en el debut de Roberto Pérez Toledo: Seis puntos sobre Enma. Otro director novel con amplia trayectoria como cortometrajista. ¿Ha sido coincidencia?
Pues sí y no. Le conocí a través de un íntimo amigo, Nacho Aldeguer, mucho antes de que arrancara la película. Un año después hicimos un corto los tres: Tetetetequiero. Y al terminarlo, me propuso ser Emma. Me hizo un regalazo. Ha sido el rodaje más bonito que he vivido.

¿Te gustaría trabajar con otros directores jóvenes?
Creo que tenemos directores brillantes y valientes por descubrir a patadas. El mundo de las subvenciones se ha limitado bastante y esto puede que incluso haga que su desarrollo sea más interesante porque, con o sin ayuda, siguen adelante. Me gustaría trabajar con Ruy Sorogollen, Alauda Ruiz de Azúa, Aaron J. Melián, Carlos Agulló, Luis Figueroa, David Priego...

En la película interpretas a una joven ciega que quiere ser madre a toda costa. ¿Fue difícil ponerse en su pellejo?
Me ayudó mucho la ONCE y un hada que encontré por el camino. La obser- vé todo el tiempo que pude y ella se dio con generosidad. Emma es ciega de nacimiento, así que tenía que resetear el coco, fue un reto enorme.

Otro reto ha sido Canción de Katmandú, toda una experiencia mental y física... [Verónica estuvo enferma la mayor parte del rodaje].
Ha sido un rodaje enfermo. Me descolocó por completo, pero al mismo tiempo ha sido la mejor experiencia de mi vida. El país es salvaje para bien y para mal. Sabía que estas realidades existían, pero sentirlas de cerca es otra cosa.

¿De este rodaje en Nepal te han surgido las ganas de ponerte a estudiar Antropología?
Llevo tiempo deseándolo. El año pasado por estas fechas me planteé matricularme, pero tenía mucho lío. Nepal me ha dado el empujón definitivo.

Por cierto, hace poco descubrimos tu otra pasión: tocar el violín.

Me muero por la música. Y siempre me atrajo el violín, pero como es tan difícil... El año pasado empecé, pero no sé tocarlo. Estoy en ello. No le dedico lo que me gustaría, así que igual tardo medio siglo en aprender.