Ovación a Leonard Cohen
El escritor y cantante canadiense Leonard Cohen, tras recibir el Príncipe de Asturias de las Letras 2011. J.L. Cereijido / EFE

El veterano poeta y cantautor Leonard Cohen ha emocionado este viernes, con una declaración de gratitud a España en forma de anécdota, al público que llenaba el Teatro Campoamor para presenciar la entrega de los XXXI Premios Príncipes de Asturias, una ceremonia marcada por la decisión de la banda terrorista ETA de poner fin a su actividad armada.

Ha sido el príncipe Felipe quien ha arrancado el aplauso más prolongado, cuando ha concluido sus palabras sobre la derrota de la violencia terrorista con un mensaje de homenaje a la memoria de las víctimas que ha puesto en pie a los premiados, los miembros del jurado y los 1.500 invitados presentes esta noche en el teatro.

Una atmósfera de optimismo prudente sobre el final de ETA ha dominado el escenario y las butacas, desde donde se ha aplaudido también el deseo de don Felipe de ver pronto en casa a las dos cooperantes españolas secuestradas en Kenia y retenidas en Somalia. No ha habido en cambio aplausos, sino un respetuoso silencio, ante su mensaje de apoyo y cariño al pueblo de Japón, en solidaridad frente a una tragedia cuyos efectos perduran más de seis meses después, si bien los cinco "héroes de Fukushima" premiados este año han recibido el afecto del público con una fuerte ovación, que han agradecido firmes y sin mover un músculo en señal de respeto.

Los barrios más extraordinarios se llaman 'españoles' El capitán de bomberos Toyohiko Tomioka, la primera persona que acudió al recinto de la central nuclear tras el desastre, ha pronunciado un breve y sobrio discurso de agradecimiento con explicaciones sobre la labor de los equipos de emergencia en Fukushima, pero el tono monocorde de sus palabras se ha transformado al final en un sonoro y marcial "¡Viva España!".

Las raíces españolas han estado muy presentes en el resto de intervenciones de los premiados, desde los recuerdos asturianos del padre y el abuelo del neurocirujano mexicano Arturo Álvarez-Buylla sobre esta tierra -"en la que, además de 'La Regenta', se inventó la fabada y el culín de sidra"- hasta la exaltación de los vínculos hispano-napolitanos por el director de orquesta Riccardo Muti. "Los directores de orquesta no deberían hablar", empezaba su discurso Muti, antes de lanzarse a defender la música como instrumento de encuentro frente a la guerra y el odio y a proclamar su amor por todo lo español como natural de una ciudad en la que "los barrios más extraordinarios se llaman 'españoles'" y el teatro "más hermoso del mundo" fue construido por orden de Carlos III.

Cohen

Pero ha sido Leonard Cohen quien ha cautivado al público, con su voz profunda y pausada, cuando se ha despojado por una vez de su inseparable sombrero negro para acercarse al micrófono -"no estoy acostumbrado sin una orquesta detrás"- y revelar una anécdota de principios de los años sesenta que marcó toda su carrera y le vinculó a España para siempre.

Esos seis acordes han sido la base de mi música En medio del atento silencio de los asistentes a la ceremonia, Cohen relataba cómo, en un parque de Montreal, le había fascinado oír tocar la guitarra a un joven español, que accedió a darle clases con este instrumento y de quien, al cabo de tres días consiguió aprender seis acordes básicos. Al cuarto día, aquel español no apareció. Se había suicidado y Cohen quedó conmocionado al darse cuenta de que no sabía nada de él, ni de los motivos que le habían llevado a Montreal ni de la razón por la que se había quitado la vida.

"Esos seis acordes han sido la base de toda mi música; ahora podrán entender la dimensión de la gratitud que tengo por este país", completaba su relato, antes de remachar: "todo lo que encuentren positivo en mis canciones y poesías está inspirado por esta tierra. Mi obra es suya y me han permitido poner mi firma al final de la página". El emotivo discurso de Cohen ha desatado una explosión espontánea de aplausos, que han arreciado tras ponerse en pie el galardonado para agradecer desde el escenario, sombrero en mano, la calurosa reacción del público.

Para el recuerdo quedan también el aplauso dedicado al público por el fundador de Ashoka, Bill Drayton, el "choca esos cinco" entre los dos máximos responsables de la británica The Royal Society y, sobre todo, el caminar parsimonioso y el elegante atuendo blanco y dorado con que el popular atleta etíope Haile Gerbrselassie ha respondido, la mano sobre el corazón, a las calurosas muestras de aprecio del auditorio. Cuando la banda de gaitas Ciudad de Oviedo ponía el broche final a la ceremonia con su tradicional interpretación del himno de Asturias, uno de los premiados rubricaba la última nota con un discreto "¡bravo!": era Leonard Cohen.

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