Sólo el 41% de los jóvenes han abandonado el nido
Con los padres. S. González
Al igual que la esperanza de vida se alarga en España, la edad a la que las autoridades consideran que termina la juventud se ha atrasado hasta los 34 años. Parece lógico si tenemos en cuenta que tanto la maternidad como la emancipación ya han superado la edad de los 30 años.

 

El último informe del Observatorio Joven de la Vivienda (Objovi), difundidos por el Consejo de la Juventud de España en abril, indican que la proporción de personas jóvenes emancipadas ha pasado del 38,9% al 41,7% en un año.

Este estudio, sin embargo, considera como personas jóvenes a las que se encuentran en la franja de edad que engloba a chavales de 18 años y a los talluditos de 34. Pero no es extraño que los jóvenes tengan que esperar casi una segunda vida para irse de casa desde que alcanzan la mayoría de edad, ya que para comprar una vivienda libre deberían dedicar el 53,7% de sus salarios al piso.

El Objovi también recuerda que la superficie máxima a la que puede aspirar un joven con su sueldo sería de 55,9 m2. Esta media se reduce hasta los 42,5 m2 en lugares como Madrid.

Bajo el ala de los padres

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre cambios en la composición de los hogares españoles indican que entre los 25 y los 34 años ganan por goleada los que siguen en casa con sus padres. De hecho, si hay 346.290 jóvenes que viven solos, existen otros 2,5 millones que aún siguen haciéndolo en el hogar paterno. Asimismo, dentro de esta franja de edad de jóvenes que viven solos, existe una proporción de dos hombres independizados por cada mujer.

Maneras de vivir

Con los padres

Carmen Ortega. Pediatra, 59 años.

«El alquiler es caro»

Los precios y la precariedad laboral impiden que los jóvenes se vayan de casa. No vale la pena pagar un alquiler que cuesta lo mismo que una mensualidad de hipoteca. Los jóvenes deben echarse a la calle para protestar.

Rocío Bellot. Documentalista, 28 años.

«Si lo piensas, no te vas»

Quiero irme de casa, pero llevo cuatro años de precariedad laboral y mi novio está temporalmente en Murcia. Para irme, tengo que encontrar algo asequible. Como lo pienses dos veces, acabas por no irte.

La opción del okupa

Alberto. Ingeniero industrial, 27 años.

«‘Okupar’ exige mucho»

Vivo en un edificio okupado en Lavapiés, aunque soy okupa desde hace siete años. Nuestro proyecto es una solución integral al problema de la vivienda y de locales, ya que también sirve para cursos de español o talleres de teatro. Trabajo en proyectos de cooperación y desarrollo, y puedo pagar una casa, pero no quiero. La vivienda es un problema político y la okupación es una buena solución, aunque a veces exige demasiado porque te aparta de la sociedad y de la legalidad.

Comparten  piso

Paloma Mazuela. Consultora, 27 años.

«Quería emanciparme»

Comparto piso desde 2004 porque quise emanciparme y no tenía posibilidades económicas. La Administración debería patrocinar alquileres baratos y si es posible, en el centro, que tiene muchos pisos vacíos.

Sergio G. Valero. Psicólogo, 30 años.

«Mejor con conocidos»

No me costó buscar piso compartido porque a Paloma, antigua compañera de carrera, se le quedó una habitación libre. Antes sólo vi otro piso, pero era demasiado caro y cutre. No me planteo comprar hasta tener más estabilidad.

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