Facua advierte además de que el encarecimiento del aceite de oliva puede empujar a consumidores a otras grasas vegetales más económicas, aunque menos beneficiosas para la salud y más alejadas de la dieta mediterránea.

A su parecer, parte del alza del aceite puede recoger la fluctuación de la producción por una mala cosecha o un aumento de sus costes por la subida de los combustibles, lo que obliga a los productores a repercutir las subidas.

No obstante, Facua considera que los envasadores y distribuidores de aceite son fases de la cadena alimentaria "donde se producen prácticas especulativas".

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