Conán el bárbaro 3D
Jason Momoa, protagonista de la versión de 2011 de Conan, el Bárbaro. Aurum

La industria de Hollywood, todopoderosa, calculadora y capitalista, tampoco es ajena al fiasco económico, como demuestra el fracaso en taquilla de Conan, en la tradición otros grandes batacazos de la historia del cine como La puerta del cielo, de Michael Cimino, o 1941, de Steven Spielberg.

La revisión del superhéroe que popularizó en el cine Arnold Schwartzenegger no ha tenido, pese a los renovados músculos de Jason Momoa, tirón en la taquilla: sus 90 millones de dólares de presupuesto se han traducido en apenas diez en Estados Unidos y un debut en el cuarto puesto de la taquilla harto decepcionante.

Y es que no existe la fórmula del éxito, por mucho estudio de mercado, test de público, cazatalentos y magnates que pueblen Hollywood. Si no, que se lo digan a Kevin Costner, que parece que, por contra, ha encontrado la fórmula del fracaso.

Actores como Kevin Costner o Geena Davis hundieron sus carreras tras protagonizar películas de dudosa calidad y que no convencieron a nadieTras una carrera coronada con siete Óscar por su filme Bailando con lobos, se ha abonado al descalabro: primero fue Waterworld, que perdió 100 millones de dólares en la taquilla estadounidense. Después llegarían Mensajero del futuro, reincidencia en el batacazo, y Open Range, intento de volver al western que, aunque tenía sus méritos, nadie tuvo en cuenta.

Hoy por hoy, Kevin Costner se dedica a dar conciertos. ¿Llamará Tarantino a su puerta y lo resucitará como hizo con John Travolta?

Si hubiera dirigido en los setenta, Tarantino seguro que hubiera contratado a Julie Andrews, que tras encadenar Mary Poppins y Sonrisas y lágrimas, desentonó escandalosamente en Star!, de Robert Wise, fracaso del que no se recuperó hasta que ya en los ochenta filmó "Víctor o Victoria".

La que nunca volvió a brillar fue Geena Davis, que tras ganar el Óscar por El turista accidental y convertirse en casi un icono en Thelma y Louise, se casó con Renny Harlin y, como su musa, se hundieron juntos en La isla de las cabezas cortadas.

Otro que naufragó después de tener el mundo a sus pies fue Michael Cimino. Atiborrado de prestigio tras El cazador, se metió en camisa de once varas al rodar el larguísimo y costosísimo western La puerta del cielo, con el que dejó a la United Artist en números rojos, aunque con el tiempo el filme se ha convertido en un título de culto.

Pero incluso el Rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg, ha probado el amargo sabor del fiasco. Títulos como Amistad o Inteligencia Artificial decepcionaron, pero su fracaso por antonomasia es más añejo, de 1979 aunque su título fuera 1941, una sátira bélica multiestelar que no cubrió costes y recibió su primer varapalo crítico.

Queda la duda sobre si los hermanos Wachowski, podridos de dinero gracias a la trilogía Matrix, recuperarán el pulso tras el pinchazo de la muy mareante Speed Racer. Habrá que esperar al estreno de Cloud Atlas, para la que han enrolado a Tom Hanks y Halle Berry.

'Vértigo', de Alfred Hitchcock, no tuvo buena acogida entre el público cuando se estrenóTom Hanks, precisamente, acaba de fracasar como director con la comedia Larry Crowne, aunque tampoco era una película de grandes ambiciones, todo lo contrario que El rostro impenetrable, megalómano proyecto de Marlon Brando delante y detrás de las cámaras que se estrelló en taquilla, aunque también es de las cintas a reivindicar.

Y es que, en ocasiones, el fracaso de hoy es el pasaporte al éxito en el mañana. ¿Quién diría a día de hoy que cintas consideradas clásicas como Sed de mal o Vértigo fueron denostadas en el momento de su estreno?

Algunos de los títulos más prestigiosos hoy de la factoría Disney fueron grandes ruinas para su estudio: La bella durmiente y Alicia en el país de las maravillas. Y, teniendo en cuenta que tiene algunos de los mejores números musicales jamás rodados, ¿cómo es posible que Noches de ciudad, de Bob Fosse, no conectara con el público?

Finalmente, Francis Ford Coppola, cineasta proverbialmente irregular, acostumbra a convivir con el éxito y el fracaso: entre sus obras maestras colaba algunos caprichos que le salieron caros, como Cotton Club (también reivindicada) o, sobre todo, Corazonada. Ahora, descubierto lo lucrativos que son sus viñedos, se dedica en cuerpo y alma al antojo, como demuestran sus cintas experimentales Tetro y Juventud sin juventud.