Luis Villaronga, 103 años: "Vale más recordar, porque eso significa que uno sigue vivo"

Luis (103 años) presume de una salud envidiable a su edad. Es prácticamente autosuficiente y solo necesita sus dos bastones para caminar.
Luis (103 años) presume de una salud envidiable a su edad. Es prácticamente autosuficiente y solo necesita sus dos bastones para caminar.
S.R. / 20MINUTOS.ES

Tienen 100 años, mucha sabiduría y cuerda para un rato más. Si por algo se caracterizan los centenarios es por el buen estado de salud que gozan. La mayoría de ellos son mujeres, ya que su esperanza de vida en España es mayor que la de los hombres.

Aunque los genes tendrán mucho que ver con ello, existen ciertos patrones (físicos y mentales) que comparten estas personas tan longevas: buena alimentación, un lugar de residencia agradable, buen carácter y optimismo ante las adversidades de la vida.

Las edades de Luis, Leoncia, Mariana y Catalina suman más de 400 años. He aquí cuatro historias que relatan décadas de experiencia, pero también de supervivencia.

Curioso y jovial

Luis Villaronga Trigo (103 años, nació el 16 de febrero de 1908) sobrepasa el siglo con un optimismo admirable. Este gallego natural de Vilaxoán (Vilagarcía de Arousa, Pontevedra), pero residente en Santiago de Compostela, sorprende por su mirada curiosa, vivaz, y por estar siempre sonriente.

Camina con ayuda de dos bastones, se viste solo y es prácticamente autosuficiente para hacer sus tareas diarias. Incluso acudió a votar las pasadas elecciones del 22 de mayo. Hasta los 101, Luis subía y bajaba las escaleras de casa varias veces al día (una cuarta planta). Ahora, por problemas en la cadera tras una caída, vive en un piso con ascensor junto a su hija.

Se confiesa una persona viajera, bien por la profesión de viajante por España ("era representante de bordados suizos", aclara), bien por la actitud que Luis presenta ante la vida. "Le gusta mucho saber, ver y conocer", dice orgullosa su hija, María José, de él. Un claro ejemplo de su pasión por el viajar es que con 90 años visitó Tierra Santa. Ante el asombro de quienes le rodean cuando relata todas sus vivencias, asegura impasible: "Vale más recordar, porque eso significa que uno sigue vivo".

Su vida ahora es mucho más tranquila. Duerme más de 12 horas al día (siesta incluida), y hace una rutina de salir a pasear todas las tardes.

En lo que a salud se refiere, tiene el colesterol y el azúcar en los niveles adecuados, no toma ningún tipo de medicación y come de todo. "Yo me encuentro bien, gracias a Dios", comenta con una sonrisa.

La eterna coqueta

Leoncia González Sánchez, Leo para todos aquellos que la conocen, nació el 13 de enero de 1910 en el pueblo toledano de Garciotum. Hasta los 10 años vivió allí, trabajando en las tareas del campo ("es una zona muy rica en árboles frutales", recuerda Leo). Posteriormente se trasladó a vivir a Madrid, ya que tenía una hermana allí trabajando. "Primero fui niñera y luego doncella para unos señores ricos, ella hacía sombreros para las damas de la Reina", señala. Y es que a pesar de tener 101 años y vivir en una residencia, Leo sigue manteniendo el buen gusto por la elegancia: "Yo he ido siempre muy arreglada", explica, presumida.

Además está en plena forma, precisando únicamente de un bastón. La gimnasia fue una de sus pasiones desde joven: "Y no me enseñó nadie, aprendí por mi cuenta", recalca. "De joven, iba al gimnasio a La Latina, a las tres de la tarde", dice sin vacilar. ¿Y hasta qué edad? "No he terminado", añade con mirada pícara. La rutina que Leo sigue a diario se basa en ejercicio y buena alimentación ("como de todo de lo que me gusta y de lo que puedo, que tengo problemas de vesícula"): "Cuando me levanto, me lavo la cara y bajo a hacer gimnasia", explica. Otros días, prefiere caminar por los alrededores de la residencia: "Me recorro toda la calle hasta el final y si me encuentro algo cansada, pues paro un rato a tomarme un café".

Entre sus aficiones (de antes y ahora), Leo destaca el ir a los bares con sus amigas, al teatro ("a Colón y a la Zarzuela", apostilla), así como salir de excursión al campo. Por Madrid se movía en autobús, metro y los coches de línea. También montó en el funicular de Madrid el día en que lo inauguraron.

Cuando compara la vida de antes con la de ahora, es clara al afirmar que "las mujeres de ahora son más libres". Leo, sin embargo, disfrutó a lo largo de su siglo de vida de los viajes, otra de sus pasiones. Comenzó a ver mundo especialmente desde los 50 años, cuando enviudó. Viajó por Italia y Egipto, entre otros destinos. "Siempre me ha gustado mucho ver los paisajes, perderme entre ellos, pasear por las calles, conocer cómo vive allí la gente", gesticula.

A pesar de los vaivenes por los que ha pasado en sus 101 primaveras, Leo no duda en afirmar que "la vida siempre es el camino que uno quiera tomar".

Madrileña de adopción

A Mariana Candil Sánchez le falta muy poco para cumplir los 100 años (los hará el 17 de octubre). Aunque es oriunda de El Barraco (Ávila), vivió toda su vida en Madrid, en el barrio de Chamberí. En la actualidad ha regresado a Ávila, en donde vive en una residencia.

Fue a la escuela de pequeña, pero por muy poco tiempo. De hecho, no sabe leer ni escribir: "Sí conozco los números", apunta.

Con un estado de salud envidiable y apenas arrugas en la cara, Mariana confiesa uno de sus secretos de longevidad: la comida sana. De pequeña comía "cosas del campo", productos de la tierra. Ahora, Mariana sigue una dieta mediterránea con poca sal: "Como regular, según el día", dice.

La vida en la residencia le resulta "aburrida", a pesar de las actividades que los ancianos realizan allí, y echa de menos tener un poco más de tranquilidad a su edad. Sin embargo, no se queja en cuanto al sueño, ya que dice que duerme bien.

El entretenimiento para Mariana llega cuando algunos de sus cuatro hijos acuden a visitarla. Aunque no lo recuerda con exactitud, tiene más de 20 nietos y biznietos.

De familia longeva

Con 101 años, Catalina Marsedo Peñas (de Casla, Segovia) vive en una residencia en Piedralaves (Ávila). A los 13 años se mudó a Madrid para trabajar limpiando y atendiendo casas particulares. Su estancia en la capital la recuerda con miedo, ya que coincidió con el estallido de la Guerra Civil. "Un día cayó un obús en la parte trasera de la casa en donde vivía", recuerda.

Catalina no es la única de su familia con una vida tan larga, de hecho su hermana murió con 97 años. Físicamente se conserva bien (de joven se alimentaba de productos caseros: sopas, migas, chorizo, morcilla, torreznos...), aunque confiesa que ahora come sin ganas, probablemente debido a que hace solo una semana que le cambiaron el marcapasos. Padece de artrosis, pero sin embargo la vista le funciona bien, según reconoce ella misma.

La vida para Catalina pasa tranquila ("duermo poco", dice), observando el huerto que tienen en la residencia: "Me gusta ver cómo crecen las fresas y las calabazas", sentencia.

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