Dormir es un placer. Cada vez que una persona lo hace, elimina los residuos celulares de su cerebro, consolida su memoria, descansa, libera adrenalina y regula los biorritmos. Un ser humano pasa más de un 60% de su vida durmiendo (algunos más que otros, claro), mientras el resto del tiempo lo destina a trabajar, hacer deporte, actividades de ocio y, por supuesto, al sexo.

A veces, las relaciones sexuales son clave para poder "pillar el sueño" pero al parecer suele afectar como somnífero más en los hombre que en las mujeres. Un proyecto llevado a cabo por The Science, Health and Environmental Reporting Program (SHERP) en la Universidad de Nueva York asegura que tras la eyaculación los hombres liberan norepinefrina, serotonina, oxitocina y otras hormonas y sustancias químicas que generan una sensación de bienestar que, a su vez, provoca sueño.

Dormir frente a sexo y tecnología

Científicos como el francés Serge Stoléru consideran que tras el orgasmo, el cerebro del hombre desconecta de la realidad, es decir, la corteza cerebral que se encarga del pensamiento consciente se apaga tras el placer de la eyaculación. Sin embargo, según el estudio, el caso de las mujeres es mucho más 'enrevesado' y afecta a cuestiones psíquicas y físicas.

Al parecer, las mujeres anteponen dormir a practicar sexo y también a la tecnología. Ellas prefieren descansar para lidiar con el día siguiente, sobre todo si tienen que hacer frente a un trabajo o una familia. Según este mismo estudio, ellas encuentran un placer muy parecido entre dormir y tener relaciones.

Sin embargo, lo que sí es cierto es que la pérdida del deseo es común en ambos sexos y requiere un compromiso por parte de la otra persona para no dejar caer la relación en picado. Hablar el uno con el otro, conocer sus retos y expectativas sexuales y, sobre todo, saber buscar el momento adecuado son las piezas clave para disfrutar del sexo.