El cosplay consiste en disfrazarse de un personaje concreto e interpretarlo, intentar imitar con el mayor detalle posible su vestimenta, accesorios, armas y su personalidad. En palabras de muchos cosplayers es "convertirte en el personaje".

Hacer cosplay se ha convertido en mucho más que el hobby de unos pocos, ahora es una práctica muy extendida y puede llegar a ser un trabajo, aunque solo unos pocos pueden llegar a vivir de ello. En España, este fenómeno ha crecido exponencialmente en los últimos años. Cada vez son más las competiciones y los concursos para ver quién es el mejor cosplayer.

Israel Pinto, presentador de la Japan Weekend, uno de los eventos sobre cultura japonesa más conocidos de España, es un gran conocedor de este universo al pasar la última década rodeado de los mejores cosplayers de España.

"El cosplay se ha normalizado. Antes unos pocos se disfrazaban con trajes muy sencillos y ahora la calidad es casi inmejorable. Las técnicas de costura, los materiales que se utilizan... todo ha evolucionado a mejor", comenta el presentador.

WizUS

Según Pinto, en España hay mucha competitividad, lo que ha llevado al país a ser uno de los cinco mejores del mundo en cuanto a diseño de cosplays se refiere, le acompañan Japón, China, México y Francia."Cuando llegaron las redes sociales los que se dedicaban a esto podían ver el trabajo de los demás y tomarlo como ejemplo para sus propias creaciones", explica.

¿Cómo vivir del 'cosplay'?

Aunque el cosplay es sobre todo un hobby para los que lo practican, con el tiempo también se ha convertido en una forma de ganar dinero, hasta el punto de que algunos son capaces de vivir de sus trajes, ya sea vendiéndolos, haciéndolos por contrato, estilizando pelucas... Y también, en casos más inusuales, el cosplay se utiliza para la promoción de marcas, películas o videojuegos.

Es el caso de Jill Styler, una cosplayer madrileña que empezó en el mundillo gracias a su padre. "Él me enseñó el Tom Raider, el Resident Evil... Mientras él jugaba yo me dedicaba a ser Lara Croft disfrazándome de ella", cuenta.

"He trabajado para Warner Bros por mi cosplay de Mortal Kombat 11, con Square Enix por Shadow of Tom Raider, con Bandai Namco por mi traje de uno de los personajes del Tekken... Ellos se pusieron en contacto conmigo porque tenía el traje y les gustaba, así que me pidieron que fuera su imagen", explica la cosplayer.

Jill Styler con un cosplay de 'Tekken'

Otra forma de ganar dinero como cosplayer es vendiendo prints, una práctica muy típica en el mundillo que sirve también como método de autopromoción.

"Los prints son fotos que te haces con un traje y que luego imprimes en varios tamaños, normalmente A5, para venderlas dedicadas a tus seguidores", detalla Yumi Akai, cosplayer valenciana y una de las invitadas de la Madrid Otaku, la convención de éxito de la capital española.

Yumi cuenta que ella empezó a crearse los trajes a raíz de ver anime en catalán porque "era lo mejor que tenía". "Unos amigos me contaron que existían los evenos y para mí, que también soy actriz, se me abrió un mundo de posibilidades", relata.

Esta cosplayer ha ganado dinero tanto en concursos en los que ha salido premiada, como trabajando con productoras, además de los prints y algunos encargos de estilización de pelucas. 

Yumi Akai con uno de sus 'cosplays'

Ser 'cosplayer' internacional

La mayoría de los cosplayers se mueven a nivel nacional, es decir, acuden a eventos solo dentro de su país y son invitados de convenciones y jurados de competiciones siempre en un mismo territorio. Sin embargo, los hay que van más allá, traspasan barreras y se convierten en un fenómeno mundial.

Un buen ejemplo de ello es el australiano Knitemaya, que asistió a su primer evento "por curiosidad" y ahora es un prestigioso cosplayer a nivel internacional. Ha visitado China, Alemania, España, Grecia, Japón, Filipinas... Una larga lista de países de todo el mundo que han querido contar con su presencia en los eventos sobre cultura japonesa.

Este joven de tan solo 21 años es todo un experto cosiendo, estilizando pelucas, fabricando armaduras, diseñando ropa y maquillando, cualidades que juntas hacen que sea uno de los cosplayers más famosos del mundo.

Knite, como le llaman, gana dinero sobre todo "asistiendo como invitado a eventos y vendiendo prints", aunque reconoce que la mayoría del dinero que consigue luego lo reinvierte en hacer nuevos trajes. "El cosplay es actualmente mi trabajo a tiempo completo", asegura.

Knitemaya con uno de sus 'cosplays'

También ha hecho algunos trajes por encargo, aunque siempre para gente de Sidney, su lugar de residencia. "Es mucho más fácil hacerlo para gente cercana, ya que puedo quedar con ellos, medirlos adecuadamente e ir a comprar las telas y materiales juntos", cuenta.

Para Knitemaya, cuando se llega al nivel de popularidad que él tiene, "se trabaja internacionalmente". "Ser cosplayer en Australia es algo bastante difícil. La mayoría trabajamos a nivel internacional ya que dentro del país es poco frecuente trabajar más de dos o tres veces al año. Yo, sin embargo, viajo una o dos veces al mes, estoy muy ocupado", relata el cosplayer.

Knite es su propio jefe. Él se encarga de gestionar todo su trabajo: sesiones de fotos, invitaciones a eventos, se hace sus propios cosplays... "Creo que necesito un manager porque es muy difícil manejar todo por mí mismo, especialmente ahora que viajo tanto", concluye.

Queda demostrado que el cosplay va mucho más allá de ponerse un disfraz y acudir a eventos. Se ha convertido en un arte, el de coser, el del maquillaje, el de la interpretación... Es saber llegar a los demás a través de tus creaciones, pero sobre todo es diversión,porque no hay cosplayers grandes que no disfruten de esta, hasta ahora, inimaginable profesión.

(Fotografías por: ©WizUS, ©quantumsomniumphoto, ©Spilett Photo, ©Knitemaya/Kira Hokuten)